jueves, 28 de abril de 2016

Ausbanc, El Corte Inglés, el convoluto, un policía y la escopeta nacional

(Sirva como  preámbulo de este artículo mi reconocimiento expreso de la independencia de jueces y fiscales y de la presunción de inocencia de Luis Pineda. Así que ruego al lector que a cada una de las imputaciones que han llevado a prisión a Pineda y que yo reproduzca en las siguientes líneas le ponga el calificativo de “presunto”, y a cada una de las referencias que haga de jueces y magistrados les acompañe el calificativo de “independiente”)

El diario digital Estrella Digital ha publicado una información  firmada por su director, Joaquín Vidal, que es un secreto a voces, de la misma forma que secreto a voces eran las prácticas de Luis Pineda y su Ausbanc. Y es que Joaquín Vidal revela en su información la colaboración del fiscal jefe de Madrid con la Fundación Areces en plena guerra judicial de El Corte Inglés (la Fundación Areces es el principal accionista de los grandes almacenes) y poco después de que diversos medios publicaran que el ahora encarcelado Luis Pineda pagaba a jueces de la Audiencia Nacional, del Tribunal Supremo, de audiencias provinciales y de tribunales superiores por impartir charlas, conferencias y asistir al denominado Foro de la Justicia que organiza esta asociación desde 2010. Cabría plantearse que si Luis Pineda utilizaba determinadas actividades de la asociación por él creada y dirigida para acercarse a magistrados que en un futuro más o menos próximo tuvieran que resolver pleitos planteados por Ausbanc, acaso la Fundación Ramón Areces, salvando las distancias, esté utilizando algunas de sus actividades para mantener relaciones privilegiadas con la administración de Justicia, cuyos tribunales han de decidir en no pocos asuntos de El Corte Inglés: Desde calificaciones urbanísticas hasta discrepancias entre sus consejeros o ex consejeros, como ocurre en estos momentos, después de la expulsión de uno de ellos del Consejo de Administración a raíz de la operación de préstamo de mil millones de un millonario qatarí...

En todo caso, resulta paradójico que una de las víctimas de Ausbanc (El Corte Inglés también cedió en su día –tiempos del anterior presidente, Isidoro Álvarez- a su “recomendación”, es decir, chantaje o extorsión) utilice, con mayor refinamiento desde luego, una de las prácticas de Luis Pineda, que con la intervención de destacados miembros de la judicatura y la fiscalía en foros por él organizados pretendía dar la impresión de una supuesta influencia en los pleitos con los que amenazaba a entidades comerciales y/o bancarias.

Sea como fuere, hay que decir cuanto antes que la relación de El Corte Inglés y su Fundación Ramón Areces con el mundo judicial no es precisamente nueva ni se limita a la jornada “La justicia penal europea: un reto” coordinada por el fiscal jefe provincial de Madrid, José Javier Polo, sino que son frecuentes jornadas, cursillos o conferencias relacionados con el mundo de la Justicia que organiza la Fundación y en los que intervienen destacados miembros de la judicatura y la fiscalía, sin que ello signifique la renuncia a la imparcialidad que se les supone por más que, como recoge en su información Diario Digital, un portavoz de la Asociación Progresista de Fiscales opina que con esta actuación de su colega “la apariencia de imparcialidad se ve comprometida. La imparcialidad es tan importante como la apariencia de la misma. Hay que vigilar mucho y cuidar de quién se cobra y cómo. No es lo mismo hacer estos trabajos para instituciones públicas o para una universidad” que para una empresa.

Estrella Digital se refiere en su información precisamente a la querella por los delitos de blanqueo de capitales, administración desleal y corrupción entre particulares, presentada contra los consejeros de El Corte Inglés por la Corporación Céslar, expulsada del Consejo de Administración por oponerse a la operación de crédito del jeque qatarí, que días antes de la jornada “La justicia penal europea: un reto” pasó por la fiscalía del que luego sería coordinador de la misma, José Javier Polo, que “tramitó la querella –publica Estrella Digital- para que informara sobre ella el fiscal Decano para Delitos Económicos, Javier Rodrigo de Francia, recientemente nombrado por él mismo en sustitución de Tomás Herranz”.

Hay que remontarse al pasado siglo para entender aún mejor las relaciones entre El Corte Inglés y la administración de Justicia. Y habría también que hacer referencia a la dirección de Prevención y Seguridad de El Corte Inglés, que durante la presidencia de Ramón Areces desempeñó con absoluta eficacia Ángel Barriobeña. Cuando se decidió proteger al presidente (en los años de plomo de ETA), se contrató como jefe de escolta a un comisario de Policía, Juan Carretero, magnifico profesional condecorado con varias Cruces Rojas y que, al morir Areces, volvió a la Policía como Jefe Superior en el País Vasco; de allí pasó a la jefatura de Asturias y finalmente fue jefe de seguridad en la Embajada de España en Lisboa.

El puesto que dejó en El Corte Inglés el comisario Carretero fue ocupado por Juan Carlos Fernández Cernuda, de la Brigada del Banco de España y recomendado al presidente de los grandes almacenes por el ex comisario De Domingo Martorell, que perteneció a la brigada antiterrorista en los años duros de Eta, y que saltó a la fama por la liberación del padre de Julio Iglesias, que había sido secuestrado por la banda terrorista, y que acabó siendo contratado por el propio cantante como jefe de seguridad y manager. Fernández Cernuda dependía, al igual que su antecesor, de Ángel Barriobeña, al que un año después sustituiría también como director de Prevención y Seguridad. A partir de ese momento, Fernández Cernuda fue cobrando importancia dentro de El Corte Inglés, dada su proximidad no solo al presidente Isidoro Álvarez sino también al consejero Florencia Lasaga, hoy presidente precisamente de la Fundación Ramón Areces.

Pero uno de los grandes incidentes judiciales de El Corte Inglés, el llamado “convoluto del AVE”, es, según muchos conocedores de la historia de los años de presidencia de Isidoro Álvarez, lo que convierte a Fernández Cernuda en un verdadero “poder fáctico” dentro de El Corte Inglés.  La jueza de instrucción  María Teresa Chacón, titular del Juzgado 39 de los de Madrid  investigaba en 1989 las comisiones que la alemana Siemens había entregado por las unidades del tren de alta velocidad (AVE) inaugurado con ocasión de la Expo de 1992. En aquellos años, era embajador  de Alemania en España Guido Brunner, autor de la famosa expresión “convoluto” para referirse a lo que no era otra cosa que una importante “mordida”. En efecto, la investigación descubrió que la multinacional alemana Siemens había utilizado cheques bancarios que compró en la Unión de Bancos Suizos (UBS), para abonar una serie de comisiones ilegales a funcionarios españoles durante el Gobierno de Felipe González. Y El Corte Inglés, entre otros, había realizado algunos canjes de esos cheques a cambio del dinero efectivo facilitado por Celestino Areces, hermano del anterior presidente, Ramón Areces, y miembro del Consejo de Administración de los grandes almacenes. Ante la jueza varios testigos reconocieron que en mayo de 1991 –un año antes de la inauguración de la línea de AVE Madrid-Sevilla- una partida de 318 millones de pesetas había sido trasladada desde el edificio donde El Corte Inglés tiene las cámaras acorazadas hasta la sede de la multinacional Siemens, e incluso se conoció el detalle de que el furgón en el que fue trasladado el dinero era vigilado por un hijo de Celestino Areces a bordo de su moto Harley Davidson. Y Siemens se encargaría luego de depositar esos 318 millones en cualquier paraíso fiscal a nombre de Celestino, lo que configuraba los delitos de evasión de capitales y fraude al fiscal.


Con todos estos datos, la jueza citó al entonces presidente de El Corte Inglés, Isidoro Álvarez, que pasó los peores días de su vida… hasta que su señoría admitió que en lugar del presidente acudiera a declarar el responsable de la Caja Central de Hermosilla, Luis Huete, que después fue “premiado” con la dirección de Súpercor, que iniciaba entonces su andadura, ahora tan incierta por la crisis que amenaza al que fuera gigante de las grandes empresas de distribución. Poco le duró el puesto al ejemplar empleado, porque acabó a las órdenes de Jorge Valls, marido de la entonces fiscal de la Audiencia Nacional Dolores Delgado, íntima amiga del juez Baltasar Garzón. Valls trabajaba como director comercial de Chocolates Lacasa, con sede en Zaragoza, y lógicamente quería trasladarse a Madrid, donde Isidoro Álvarez le dio cobijo, porque El Corte Inglés y sus distintas empresas han sido puerta giratoria de antiguos políticos,  jueces o –ya se ve- consortes.

También en este asunto le adjudican papel protagonista a Fernández Cernuda, organizador por cierto en la época de Isidoro Alvarez de importantes cacerías hasta el punto de que llegó a montar un pabellón de caza en uno de los cotos del presidente de El Corte Inglés. A las cacerías fueron invitadas muchas personalidades aficionadas a la caza, entre ellas determinados jueces y magistrados, y alguno de los cazadores han recibido como regalo magníficas escopetas y rifles de caza e incluso invitaciones a safaris en África, siempre con Fernández Cernuda de organizador de esos eventos. Es una versión modernizada de la inolvidable “escopeta nacional” de la dictadura.


Fernández Cernuda, con la mejor información de toda la organización, contempla ahora desde su puesto un panorama en el que hay cacerías diferentes, en las que de un lado Dimas Gimeno, actual presidente, y de otro Florencio Lasaga, presidente de la Fundación Ramón Areces, son piezas mayores a abatir, mientras la organización tiene que frenar a tantos centenares de empleados, ya casi 2.000, que quieren acogerse al plan de bajas incentivadas. Seguramente pensarán que mejor así que ser víctimas de cualquier cacería.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Los pins de Ignacio González

Cuando solo había unos pequeños indicios de la crisis económica mundial que se hizo patente e insoportable a partir de 2008, contaban por los pasillos de Telemadrid la frase con la que el entonces vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, respondía a quienes señalaban el déficit de la televisión y radio públicas a pesar del contrato programa de casi 150 millones que el gobierno regional entregaba cada año a sus gestores: “¿Millones de déficit…? ¡Para la Comunidad eso son pins…!”.
A la vista de su observación y de lo que fuimos sabiendo después,  es lógico pensar que el poderoso vicepresidente de la Comunidad de Madrid coleccionaba pins con los que decorar su vida, que hasta entonces  era desde el punto de vista económico acorde con la de un técnico superior del Ayuntamiento de Madrid venido a más gracias a su excelente relación con Esperanza Aguirre, que había llegado a la Casa de la Villa como concejala en la oposición tras las elecciones locales de 1983. Cuando José María Aznar ganó las elecciones generales y nombró a Esperanza Aguirre primero ministra de Educación y luego presidenta del Senado, Ignacio González fue escalando puestos políticos a la sombra de la lideresa, que se lo llevó de número dos en las elecciones del “tamayazo”, con lo que, acabado el proceso y después de la victoria por mayoría absoluta de Aguirre en el proceso electoral que hubo que repetir, fue nombrado vicepresidente del gobierno regional, puesto que compatibilizó, entre otros, con la presidencia del Canal de Isabel II y la vicepresidencia del Comité Ejecutivo de Ifema, además del mando en plaza desde el Consejo Taurino, pasando por las numerosas empresas públicas de la Comunidad, como la Telemadrid de sus pins y la patronal madrileña, presidida por el espeso Arturo Fernández, al que no por casualidad calificaban de “ministro sin cartera” del gobierno regional de Madrid y que nombró a Lourdes Cavero, esposa de Ignacio González, adjunta a la presidencia de Ceim, naturalmente con un importante salario.
Poco a poco, el vicepresidente iba coleccionando pins. Conforme llegaba a los cargos las solapas de sus chaquetas se llenaban de singulares pins…, alguno de los cuales fue a buscarlo seguramente a Cartagena de Indias, en Colombia, escenario de un nunca aclarado episodio de espionaje, del que hay imágenes de todo un presidente del gobierno regional de Madrid con unas bolsas de plástico de El Corte Inglés con aspecto de contener no precisamente lo que conocemos como paquetes-regalo. Otros pins los obtenía en enfrentamientos con Alfredo Prada, empeñado éste en el megalómano proyecto de la Ciudad de la Justicia, con lo que a González no le resultó difícil laminarlo literalmente, y con  Francisco Granados, que también perdió el pulso cuando todos creían en la integridad del luego descubierto cabecilla de la Púnica, uno de los mayores casos de corrupción en la historia de la democracia española.
Pero ningún pin como el que se colocó en las solapas de su traje más preciado: un dúplex de lujo de 500 metros cuadrados y piscina privada en una de las urbanizaciones más lujosas de la Costa del Sol. No era, claro, una adquisición, porque  su destreza en las inversiones combinada con sus limitados ingresos no daban aún para la adquisición de semejante propiedad, sino que fue un alquiler que podríamos calificar de favor o quizás de influencia, aprovechando su puesto de vicepresidente de la Comunidad madrileña. Sea como fuera, la realidad es que el pobre vicepresidente, cuyo salario era de algo más de 80.000 euros líquidos al año, al que obviamente habría que sumar el de su esposa, solo pagaba 2.000 euros al mes por esos 500 metros cuadrados de lujazo en la Costa del Sol. Pin a pin, Ignacio y su esposa acabaron comprando el dúplex –es de suponer que desesperado el casero ante la escasa rentabilidad de su propiedad- en 770.000 euros, al parecer abonados con  hipoteca, ahorros y alguien filtró que también una supuesta indemnización de su mujer en un puesto que abandonó voluntariamente en la patronal española del sector eléctrico, a pesar de todo lo cual la adquisición de este pin de Ignacio González, siendo ya presidente del gobierno regional, es objeto de investigación de la Fiscalía Anticorrupción, porque alquiler y compraventa están relacionados con paraísos fiscales y testaferro californiano y coincide en el tiempo con algún pelotazo urbanístico en el área metropolitana de Madrid.
Es verdad también que ya para entonces, Ignacio González, habilidoso buscador de pins, se había hecho con otro de los que se han dado en llamar “casoplón”, en Aravaca, uno de los distritos residenciales de Madrid, en el que vivía en un piso de algo menos de 200 metros cuadrados. Pero encontró el pin de una vivienda unifamiliar con jardín y piscina privada, de casi 500 metros cuadrados construidos y escriturada por algo más de un millón de euros, aunque en los tiempos de su adquisición el precio de tasación fuera algo superior. Obviamente, de la limpieza de la residencia de los González-Cavero y de la atención al matrimonio y sus tres hijas, se ocupa el servicio, compuesto por dos personas.
También el ex presidente madrileño encontró y pagó puntualmente con pins los estudios de su hija mayor en el selecto Cunef (Colegio Universitario de Estudios Financieros), que luego completó en Estados Unidos; los de su hija mediana, en el Ceu San Pablo; y los de su hija pequeña, también en centro privado.
Hay otros pins del Ignacio González vicepresidente o presidente de la Comunidad, como es el abono a la temporada de ópera en el Real o la feria taurina de San Isidro en el coso de Las Ventas. Y alguno más anecdótico, pero significativo de la voracidad de pins que tiene: uno de los asistentes a una cena de cumpleaños que celebró en el “casoplón” en el que vive le regaló una pieza escultórica de algunos centenares de euros. Al día siguiente, domingo, el propio Ignacio González se presentó en la tienda con la escultura para cambiarla por un… ¡cheque regalo!. 

viernes, 11 de marzo de 2016

Cuando 75 años se quedan en nada

Resulta paradójico que lo mejor que haya visto, leído o escuchado de El Corte Inglés desde que comenzó la crisis económica sea la campaña de sus 75 años de historia. Parece como una tremenda mueca que el destino, disfrazado primero de la singular, paternalista y catastrófica gestión de Isidoro Álvarez, y después, a la muerte de éste, de las tensiones provocadas fundamentalmente por sus dos hijas y herederas, Marta y Cristina, frente a su primo, Dimas Gimeno, que sucedió a su tío como presidente de la empresa, haya hecho para que coincidiera el emblemático aniversario con el año en que herederos, pleitos entre la familia que monopolizó durante más de 60 años la propiedad, la vieja guardia que se aferra al despacho y a lo crudo que se lo llevan, los nuevos fichajes que ya han empezado a llevárselo, los  prestamistas que se hacen llamar inversores, la competencia –sobre todo la competencia bien hecha- y la deuda, sobre todo la deuda, estén empeñados en ponerle final a la más exitosa empresa española del siglo pasado.


Es verdad que tu historia y la mía es la historia de El Corte Inglés, como dice la magnífica campaña; pero no es menos cierto que los 75 años de El Corte Inglés se han quedado en nada. Consumido hasta los tuétanos por el hombre que sucedió a Don Ramón Areces y que al final de su vida, cuando la crisis en la empresa era ya evidente y se negociaba la venta de la financiera y la consecución de un crédito sindicado de casi 5.000 millones, le confiaba a uno de sus colaboradores más leales que “me siento muy solo”. Alguien añadirá que es como prefirió quedarse él, porque cuantos le rodearon tenían más interés en conservar sus espectaculares ingresos y prebendas antes de contradecir al presidente, que iba tropezando piedra tras piedra hasta dejar una empresa en la que, como puede leerse en el blog Euribor, de 5 Días, “se observan una serie de síntomas que hablan de unos problemas más profundos, que pueden tener más que ver con un modelo de negocio acabado”. Recuerda el blog que El Corte Inglés ha pasado de ser compradora de activos a vendedora y destaca la traición a su propia filosofía que supone haber tenido que dar entrada al multimillonario catarí Hamad Bin Jassen Bin Jaber Al Thani, que se hizo con un 12,25% del capital por 1.000 millones de euros, fondos que la empresa anunció que destinaría a amortizar endeudamiento.
La mayor dificultad de hacer frente a la situación es que tendría que pasar por el cierre de centros deficitarios, a lo que se resiste la vieja guardia, además de los planes ya anunciados de reducción de personal, a los que previsiblemente se acogerán cuantos tienen derecho al mismo porque –y así lo recuerda el blog de 5 Días- “los empleados de El Corte Inglés ya tienen lejos aquellos días en los que trabajar allí era un símbolo de prestigio que acarreaba una serie de ventajas sociales y económicas, ya que el contrato basura también ha entrado en la entidad hasta lo más hondo”.
Por si todo ello no fuera suficiente, las tensiones en el Consejo se evidencian día a día con un presidente, Dimas Gimeno, cuya capacidad de decisión nada tiene que ver con la que Don Ramón Areces construyó el imperio y con la que Isidoro Álvarez lo fue demoliendo error a error, con una contumacia digna de mejor causa, sin prever la explosión de la burbuja inmobiliaria y mucho menos la crisis; y, lo que es peor, pretendiendo hacer frente a modelos exitosos de grandes empresas de distribución (Inditex con Zara, Mercadona, hipermercados franceses o, en fin, el también galo Leroy Merlin y el sueco Ikea) sin apartarse un ápice del que empezaba a reventar por todas sus costuras y del que son buenas pruebas la “planta noble” de las oficinas centrales de la calle Hermosilla (atestada –y hasta apestada- de compromisos cuyo trabajo consistía en decir “sí, señor” al presidente); la Fundación Ramón Areces, convertida en singular puerta giratoria “para lo que haga falta” (repasemos jornadas, cursos, conferenciantes y naturalmente sus costes) o los periodistas con escandalosos ingresos (alguno de los beneficiados los llamaba “el pienso”) que hemos conocido por la torpeza de un director de Comunicación más preocupado por borrar el pasado que por construir el futuro.
Añádanse a todo ello las exigencias del socio catarí, sentado –no se olvide- en el Consejo, que estaría detrás de algunas recientes decisiones, como la venta de activos o el plan de prejubilaciones; el papel protagonista que reclaman las dos herederas, que suman mayoría en la cartera del 22,5 por 100 que heredaron de Isidoro Álvarez a partes iguales con su primo Dimas Gimeno, a lo que hay que añadir la Fundación Ramón Areces, poseedora de casi el 40 por 100 de la empresa y que igualmente manejan; y su ambición de hacerse incluso con la presidencia  que, según la siempre bien informada Hispanidad, decano de la prensa digital en nuestro país, les está llevando a un pacto con los  Areces expulsados del Consejo de Administración hace apenas seis meses y que han presentado demanda en los tribunales, lo que supone de hecho un pleito entre descendientes del fundador, algo insólito en los 75 años de vida de El Corte Inglés, que hasta tiene que responder a la acusación de un Areces por acoso laboral. Nada nuevo bajo el sol, podría responder alguno, no precisamente de apellido tan sonoro en la casa, que tuvo que acabar pidiendo la cuenta después de que su jefe, con importantes responsabilidades en la empresa, le mantuviera por provincias mientras conquistaba literalmente a la esposa del que luego resultaría acosado hasta verse obligado a marcharse, por supuesto ya divorciado.
Por eso escribía al principio que es verdad que  tu historia y la mía es su historia, pero los 75 años de El Corte Inglés se han quedado en nada


jueves, 10 de marzo de 2016

Orgullo de paciente



Hace no menos de siete años que comencé a conocer las excelencias de la Fundación Jiménez Díaz, esa vieja vecina de la Moncloa de mi infancia y adolescencia, a la que llamábamos “la concha” (Clínica de la Concepción), cuando nuestros juegos se reducían  a escalar ladrillos apilados con los que se cauterizaban las heridas que una incivil guerra había abierto en la colindante Universitaria, la zona más próxima al imposible “¡no pasarán!”. Fundada por el profesor Jiménez Díaz, concebida como clínica universitaria, dedicada a  tres campos fundamentales de las ciencias biomédicas (asistencia clínica, investigación y docencia), en la década de los noventa del pasado siglo fue atravesada por una tremenda crisis que amenazaba con su desaparición si no se encontraba a alguien con el valor y la imaginación necesarios como para sacar de la quiebra a la vieja “concha”. El peso de su propia historia, en la que se incluyen médic@s, enfermer@s y personal administrativo y auxiliar, fue decisivo para que ya en los comienzos de siglo acudiera al rescate una multinacional que firmó con la Comunidad de Madrid un acuerdo que, entre otras cosas, contemplaba la modernización del centro sanitario. Y ahí tenéis a la Fundación como hospital de referencia de la sanidad pública, como hospital universitario, que incluye escuela de enfermería, como centro de investigación y también como el mejor hospital de España, según el Índice de Excelencia Hospitalaria elaborado por el Instituto Coordenadas de Gobernanza y Economía Aplicada. Y es que la multinacional y también la Comunidad de Madrid añadieron algo a las condiciones del acuerdo: dejar la gestión en manos de los profesionales.

Diez años después, cuando uno siente el orgullo de ser paciente de un centro hospitalario modélico, recuerdo en mitad de la bruma de la memoria la frase de un compañero de juventud, que estudiaba Medicina, y que un día me dijo: “¿Sabes lo que es un médico?: Un proyecto de hospital”. Recorro ahora las dependencias de la Fundación Jiménez Díaz (honor sea dado al fundador, ya que solo queda de la Concepción el recuerdo y el nombre en la fachada principal) y comprendo la verdadera dimensión de la definición de mi viejo amigo.  En estos siete años de asistencias médicas en la Fundación he podido comprobarlo: en cada consulta, en cada revisión, en cada prueba diagnóstica podía verse el desarrollo de un proyecto. Ahí está el Servicio de Urgencias, que ha ido transformándose hasta convertirse en una de las “joyas de la corona”, con la firma, la vocación y la dedicación del doctor Blanco García, al que es fácil ver a “pie de obra” y que ha convertido el que por lógica tiene que ser el mayor centro de tensión de cualquier complejo hospitalario en una especie de “mar de la tranquilidad”, que forma parte del tratamiento del enfermo que acude alarmado por la alteración de su estado de salud. Al verlo se entiende que haya recibido el sello específico de la Fundación Ad Qualitatem, un distintivo por el que se reconocen los más elevados y exigentes estándares de calidad asistencial en Urgencias.


Podría reproducir de memoria el nombre de cada uno de los profesionales que me han atendido a lo largo de estos siete años. Para todos tengo palabras de agradecimiento, sin olvidar enfermeras (incluidas  las“conchitas”, procedentes de la admirada Escuela de Enfermería de la Fundación) y auxiliares. Pero déjenme señalar al doctor Villar Álvarez como gran referencia, no solo porque es ese profesional que cada uno tiene como “mi médico”,cuyo diagnóstico y cuya palabra son ley; es el “médico mío” en el sentido más posesivo de la expresión, y también en el sentido más excluyente porque todos los demás son el “especialista”, el “doctor tal o cual”, pero “mi médico” es único, es nuestro médico de cabecera, nuestro especialista en la enfermedad crónica que tenemos, nuestro confesor, nuestro psicólogo, nuestro consejero y nuestro amigo.
Me lo presentó y me lo recomendó la doctora Diana Sánchez Mellado, también neumóloga, una especie de torbellino de conocimientos, dedicación y simpatía, integrada ella en otro novedoso proyecto, la Unidad de Cuidados Intermedios Respiratorios, que trata de ralentizar el inevitable avance de los procesos crónicos.
Desde que intercambiamos las primeras palabras me di cuenta de que el doctor Villar era más que un proyecto de hospital; más bien me pareció y sigue pareciéndome dedicado en cuerpo y alma a ejecutar su proyecto de hospital. Cada cita con él es poco menos que una sesión clínica de la que forman parte otros médicos –probablemente residentes-, que no pierden palabra ni gesto de quien está revestido de la auctoritas (en el sentido romano de la palabra: legitimación socialmente reconocida que procede de un saber y que ostenta la persona o institución con capacidad moral para emitir una opinión cualificada sobre una decisión).
Debe rondar los cuarenta años y su tesis doctoral obtuvo la calificación de sobresaliente cum laude por unanimidad y mereció el Premio a la mejor Tesis Doctoral en Neumología y Cirugía Torácica de la Sociedad Madrileña Neumomadrid. Editor y autor de libros e incansable articulista en revistas científicas, jamás deja sin respuesta una pregunta que le hagas por elemental o absurda que sea, que suele acompañar de un dibujo para que despejes cualquier duda que te asalte. Los fines de semana son para él fines de semana en el hospital, ya sea acudiendo al mismo o telefoneando al servicio de enfermería para pedir los detalles de cada uno de sus pacientes ingresados. Desde luego, no es ajeno al premio Best in Class (BiC) a la excelencia a la atención al paciente que ha recibido el servicio de Neumología (por cierto, como otros cuatro de la Fundación), concedido por la Gaceta Médica y la Cátedra de Innovación y Gestión Sanitaria de la Universidad Rey Juan Carlos, que distinguen a las mejores unidades y servicios de la sanidad española, así como a sus profesionales. Como dijo al recoger el premio el máximo responsable de Neumología, doctor Nicolás González Mangado, “nuestro servicio tiene dos características principales: es equilibrado y busca la excelencia en todas sus secciones y unidades”.
Por esos territorios anda de sol a sol el doctor Villar Álvarez. Te lo puedes encontrar rodeado de discípulos en un despacho del servicio o pasando consulta y dialogando hasta el límite con el paciente o en comitiva seguido por residentes en su visita a los hospitalizados o preparando una ponencia para algún curso o congreso o, en fin, investigando con su participación en ensayos clínicos. En definitiva, realizando el proyecto de hospital que él es en sí mismo.
Recuerdo su entusiasmo cuando la Unidad de Cuidados Crónicos Respiratorios Ambulatorios (Uccra), otra exitosa iniciativa en la que él participa, fue galardonada con el Premio al Mejor Proyecto de Mejora de la Calidad Asistencial por la Asociación Madrileña de Calidad Asistencial (Amca). Las manos y los ojos formaban parte, al igual que sus palabras, de la descripción de un proyecto que, como señalaba Amca, mejora la seguridad y la calidad asistencial del paciente, lo que redunda en una mejora de los cuidados y de la salud: “¿Sabes –me preguntaba- lo que supone  para un paciente de Epoc tener  durante un mes  asistencia domiciliaria de enfermería, un hospital de día de apoyo y una consulta de Neumología de mañana y tarde? Fíjate que solo en los primeros cuatro meses del servicio se han reducido en un 30 por 100 los reingresos por agudización de los síntomas en pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica". Y seguía extendiéndose en explicaciones para que entendiera el principal objetivo  de la unidad, que es“reducir el reingreso de pacientes frágiles con Epoc, ya que así conseguiremos mejorar la calidad de vida y la supervivencia global de los pacientes (sagrado objetivo de los médicos), además del control de las enfermedades crónicas y sus comorbilidades”.
Ahora, cuando acudo a “la concha”, mi vieja vecina de Moncloa de juegos infantiles y de adolescencia, y me abro paso por la bruma de la memoria y por la historia de la Fundación Jiménez Díaz, me atrevo a pensar que, con toda seguridad, el profesor que proyectó este complejo hospitalario, convertido 75 años después en el mejor de España, sentiría de quienes desde entonces han ido tomando su testigo el orgullo que siento yo como paciente del mismo y de uno de los continuadores de su creación, el doctor Villar Álvarez.









jueves, 17 de diciembre de 2015

La legalidad, Floro, la legalidad...

Tengo en la nebulosa de mi memoria de los veinte años el intento del mítico presidente del Real Madrid, Santiago Bernabéu, de trasladar el estadio del Paseo de la Castellana (concretamente al distrito hoy conocido como Fuencarral-El Pardo). Recuerdo una portada del diario ABC con la maqueta de la torre de cristal que iba a construirse en los terrenos en los que entonces y hoy se levanta el estadio madridista: 70 plantas y 268 metros, el edificio más alto de Europa en aquellos comienzos de la década de los setenta. Pero el alcalde de Madrid, Carlos Arias Navarro, se opuso desde el primer momento a la recalificación de los terrenos del estadio (equipamiento deportivo) para convertirlos en edificables. Ni que decir tiene que aquella nebulosa la he despejado a través de la útil Red que, por otra parte, confirma mis datos y actualiza fechas precisas, sin entrar en otras detalles que aún hoy saco de algún rincón de la memoria de madridista de localidad de “niños y soldados sin graduación” (la mili era obligatoria), la más barata, naturalmente de pie y tratando de acceder a la misma en cuanto se abrían las puertas del estadio para instalarme en una buena ubicación desde la que poder ver el partido entre las 125.000 personas para las que aquellas gradas tenían capacidad.
Dominaba entonces el Real Madrid las competiciones españolas y todavía no se diferenciaba entre las copas de Europa en blanco en negro (las cinco primeras de una tacada y la sexta, la del equipo yé-yé) y las que luego fueron Ligas de Campeones en color. Pero Bernabéu, verdadero adelantado a su tiempo, intuía un futuro que necesitaba una financiación que no se podía limitar al aforo del estadio por grande que fuera, y mucho menos, claro, a los precios de “niños y soldados sin graduación”.
Murió Bernabéu sin ver cumplido su sueño, le sucedió el bueno de Luis de Carlos, y Ramón Mendoza y Lorenzo Sanz precedieron la primera presidencia de Florentino Pérez, un ingeniero de Caminos y economista que desde la portavocía de una plataforma de ingenieros en paro en la década de los sesenta saltó al penúltimo ayuntamiento dedocrático de Madrid, el que presidió Juan de Arespacochaga con Carlos Arias Navarro en la jefatura del gobierno español intentando eternizar un franquismo sin Franco. Cuando fue nombrado alcalde, Arespacochaga se acordó de aquel “muchacho delgadito y con gafitas” que, al frente de una comisión de ingenieros en paro, había ido a verle cuando era presidente del Colegio de Ingenieros de Caminos, lo llamó y le encargó el Plan de Saneamiento Integral de Madrid, que iba a ser la piedra angular de la gestión del alcalde… Luego, cuando el proyecto político de Arias Navarro para España reventaba por las costuras y el Rey  le pidió su dimisión para dar  paso a Adolfo Suárez y a la democracia, Florentino Pérez siguió en el Ayuntamiento, aunque sin Arespacochaga, al que sucedió el notario José Luis Álvarez, que aspiraba a ser el primer alcalde elegido por sufragio universal en Madrid, cuando fuera aprobada la Constitución y celebradas las primeras elecciones generales con la Carta Magna ya en vigor.
Florentino Pérez se afilió a la Unión de Centro Democrático de Adolfo Suárez y de José Luis Álvarez, y cuando los socialistas de Felipe y los comunistas de Carrillo pactaron la alcaldía de Madrid –y otras muchas- tras las elecciones de 1979, Florentino aguantó  poco en el Ayuntamiento, entre otras cosas porque José Luis Álvarez, que se había quedado como jefe de la oposición en la Casa de la Villa, fue nombrado primero ministro de Agricultura y luego de Transportes y Comunicaciones y se llevó consigo al que ya conocíamos como Floro.
Valga este largo preámbulo para que se entienda bien la trayectoria de Florentino Pérez, que en algo más de 30 años saltó desde el desempleo como ingeniero de Caminos a la lista de las diez primeras fortunas españolas; desde una suerte de ministro de la Villa (delegados de servicio  era el nombre del cargo que desempeñaban lo que hoy son concejales responsables de las diferentes áreas municipales), con unos 1.500 euros mensuales de salario (250.000 pesetas de entonces), hasta la presidencia ejecutiva de grandes empresas de construcción de obra pública (subráyese el término obra pública). Y desde su madridismo militante a la presidencia del Real Madrid Club de Fútbol, al que ha convertido en el más rico del mundo.
Pero no deja de ser paradójico que lo único que se le resiste es el éxito deportivo, porque la cosecha de títulos obtenida en sus dos períodos de presidente del Real Madrid no responde al esfuerzo inversor que ha supuesto reventar el mercado de fichajes con contrataciones que empezaron con Figo y que de momento terminan en Bale pasando por todas las estrellas de la constelación futbolística de cada momento. Y se hace preciso escribir cuanto antes que si Florentino es el responsable del indiscutible éxito empresarial del Real Madrid también lo es del fracaso deportivo y, sobre todo, de la sensación de la incapacidad del club para optar por un modelo futbolístico reconocible, como el que tiene el Barcelona (la comparación es inevitable), que por cierto ha contagiado al fútbol español, que debe al llamado tiki-taka azulgrana un Campeonato del Mundo y dos Eurocopas. Escrito de otra manera, acostumbrado al éxito en las cuentas de resultados… económicos, Florentino cree que la cuenta de resultados deportivos es lo mismo. Y no lo es.
¡Claro que sin su capacidad de gestión el Real Madrid no podría haber contratado ni los galácticos ni las demás estrellas! Pero su capacidad de gestión no llega a la portería contraria y ahora se estará dando cuenta de que su capacidad de influencia, tampoco, porque en el Ayuntamiento de Madrid y en la Comunidad de Madrid no están ya sus viejos colegas de aquella Casa de la Villa y aquella UCD (los Álvarez del Manzano, Ruiz Gallardón, Leguina, Esperanza Aguirre y un largo etcétera). Y no se olvide que el club más rico del mundo fundamentó su opulencia en una recalificación urbanística, que Florentino Pérez se empeñó entonces en llamarle “la herencia de la abuela”.  ¿Cómo que herencia de la abuela la transformación de unos terrenos de equipamientos deportivos –la antigua Ciudad Deportiva, junto al hospital de La Paz- en superficie edificable nada menos que para levantar el nuevo skyline de Madrid, las famosas cuatro torres? Eso ya se llamaba pelotazo en los tiempos del socialista Carlos Solchaga como ministro de Economía, con aquella sentencia de que “España es el país donde más fácil y más rápido es hacerse millonario”. Florentinoy los gestores del momento en la Casa de la Villa y en la Comunidad de Madrid sabrán las razones de una recalificación encaminada no al embellecimiento de la ciudad y dudo de que compatible con el interés público, sino a sacar de la ruina en la que se encontraba uno de los clubs de fútbol más importantes del mundo.
Ahora, en la Comunidad de Madrid hay un gobierno en minoría parlamentaria que requiere de la fina capacidad de negociación de la presidenta Cifuentes, y en el Ayuntamiento una alcaldesa que tiene claro que el interés público está por encima de los de un club de fútbol, por emblemático que sea y por cuanto aporte –que es mucho- a la ciudad, y de su presidente, por influencias que haya tenido. O si lo prefieren, los gobiernos municipal y autonómico imponen la legalidad por encima de cualquier otra consideración. Y difícilmente se entendería que, después de tres sucesivas decisiones judiciales anulando el plan de transformación del Estadio Santiago Bernabéu aprobado en su momento por los equipos de los viejos colegas de Florentino Pérez, el Ayuntamiento de Carmena tolere el trágala de cesiones de terreno público, de construcción de hotel, de cambio de fachadas, de aparcamiento subterráneo a cambio de dinero y a cambio también de una parcela de terreno que tiene el Real Madrid ¡a siete kilómetros de su estadio…!
El compromiso de Florentino Pérez antes de ganarle las primeras elecciones a Lorenzo Sanz fue techar el estadio… Estamos a la espera, pero debajo del techado Florentino Pérez, feliz en su palco de honor para sus negocios varios, quería cargarse otra cosa: La legalidad, Florentino, la legalidad…



miércoles, 2 de diciembre de 2015

El gobierno balear no quiere curar los dolores de espalda


El próximo día 10 de diciembre finaliza el acuerdo que el gobierno de las Islas Baleares, presidido ahora por la socialista Francina Armengol, mantiene con la Fundación Kovacs desde el año 2002 para la intervención neurorreflejoterápica (NRT) de enfermos aquejados de dolencias de cuello y espalda, después de que anunciara que no sería renovado. En este tiempo, que abarca cuatro legislaturas y dos gobiernos controlados por el PSOE y otros dos por el PP, la Fundación Kovacs atendió a más de 20.000 pacientes sin coste para el enfermo y con unos resultados clínicos y económicos absolutamente positivos. De hecho, el convenio del govern balear con la Fundación Kovacs establece un modelo de contrato de riesgo compartido, por el que el prestatario del servicio (la Fundación) solo cobra la asistencia prestada si obtiene resultados clínicos positivos y un ahorro superior al coste que conlleva, lo que, obviamente, se viene produciendo desde el primer convenio, curiosamente firmado por un gobierno socialista.

Pero tan grave o más que la cuenta de resultados del acuerdo es que, además de ello, la NRT es el tratamiento recomendado por la comunidad científica para los casos en los que se viene aplicando por la Fundación Kovacs. Prueba de ello es la publicación en la revista científica de la Sociedad Internacional de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias, el International Journal of Technology Assessment in Health Care, de las conclusiones de un estudio sobre los resultados de esta tecnología, realizado por responsables de evaluación en los servicios de salud de varias comunidades autónomas españolas en los que se ha implantado, que fue presentado hace un año en Madrid y cuyas conclusiones  ratifican que esta tecnología mejora de forma notable a pacientes en los que han fracasado los tratamientos previos y genera un ahorro importante de recursos públicos. En esa presentación, el presidente de la Organización Médica Colegial, doctor Juan José Rodríguez Sendín, dijo que “si una tecnología sanitaria demuestra ser eficaz, efectiva, eficiente, obtener buenos resultados, ahorrar costes públicos y evitar riesgos a los pacientes, debe incorporarse a la cartera de servicios de la Sanidad pública española. Sea la intervención neurorreflejoterápica o cualquier otra. Esto es así siempre, pero todavía más en una época de crisis económica, en la que debe asegurarse la eficiencia de los recursos públicos”.

En todo caso, el estudio revela que la intervención neurorreflejoterápica acaba con la tortura que para los enfermos suponen las dolencias de cuello y espalda que creían crónicas y, lo que es peor, incurables. Tan es así que prácticamente al día siguiente de que el govern balear de Francina Armengol hiciera pública la decisión de no renovar el convenio con la Fundación Kovacs, sus pacientes crearon una plataforma que viene realizado gestiones con representantes del área de Salud del ejecutivo de las islas, sin encontrar ni respuesta positiva a sus reivindicaciones ni explicaciones satisfactorias sobre las razones de poner fin al convenio.

Y si está acreditada la eficacia del tratamiento y el beneficio que el mismo ha supuesto para no menos de 20.000 enfermos, todo ello respaldado por la comunidad científica y publicado por la revista de la Sociedad Internacional de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias; si está demostrado que para el gobierno balear el convenio firmado supone un ahorro de cuatro millones de euros al año; si fue un gobierno socialista quien firmó el convenio y es ahora un gobierno también socialista el que pone fin al mismo; si, de hecho, en la pasada legislatura la hoy presidenta Armengol presentó como portavoz socialista una Proposición No de Ley (RGE: 5766/2012-03/07/2012), que el Parlament balear aprobó por unanimidad, para que se mantuvieran en la sanidad pública las tecnologías que, como la intervención neurorreflejoterápica, han demostrado ser eficaces, seguras y eficientes;  y, a título de curiosidad, si la presidenta que se niega a renovar el convenio es profesionalmente tan próxima a la Medicina como revela su título de licenciada en Farmacia,  habrá que buscar las razones de su decisión en otros “convenios”, precisamente los parlamentarios que han permitido a Francina Armengol su elección como presidenta del govern balear. Se entenderá mejor conociendo que la mayoría absoluta del parlamento autonómico que aprobó la investidura de Armengol es la suma de los 15 diputados socialistas, los 9 de Més per Mallorca y Més per Menorca y –atención- los 10 de Podem (Podemos) Illes Balears (el PP, ganador de las elecciones, obtuvo 20 diputados). Y todos los observadores coinciden en que, si bien el Podemos balear renunció a cualquier responsabilidad de gobierno, manda mucho en la sombra, y se le señala como inspirador (como mínimo es cómplice tácito o expreso) de que en los cinco meses exactos de gestión del gobierno de Armengol, se han tomado dos gravísimas decisiones: la de poner fin a la llamada “carrera profesional” en el colectivo de la medicina pública balear –decisión conocida como el ”armengolazo”- y ahora la no renovación del Convenio con la Fundación Kovacs que, por cierto, se apresuró a las pocas horas de conocer la decisión, a anunciar que, por supuesto, atendería hasta el 10 de diciembre a los enfermos que le derivara la Seguridad Social balear.

Queda, pues, apenas una semana para que el gobierno balear rectifique una decisión a todas luces incomprensible o, peor, solo comprensible desde la debilidad de un gobierno en manos de un grupo al que, por cierto, los socialistas dieron la presidencia del Parlamento Autonómico, a cargo hoy de una bilbilitana (nació en Calatayud) que se hace llamar Xelo (Consuelo) Huertas, ex socialista por más señas, que se apresuró a retirar de su despacho el retrato del Rey Felipe VI, explicando que ella es republicana.

Mientras tanto, la Fundación Kovacs busca fórmulas para que los pacientes de las Islas puedan seguir recibiendo el tratamiento que necesitan y continúa liderando el ejercicio de la Medicina como un bien social (no político ni fruto de inconfesables acuerdos entre partidos). Tan solo unos días antes de que se anunciara el fin del convenio del gobierno con la Fundación, ésta comenzó la distribución de  una nueva edición de la Campaña de Prevención del Dolor de Espalda entre los Escolares Españoles, bajo el lema ‘Prevenir hoy para evitar problemas mañana’. Se trata de una publicación en forma de tebeo, que fue presentada en el Colegio de Médicos Balear.

El objetivo de la campaña es prevenir las dolencias de espalda entre los escolares. Con ese fin fomenta el ejercicio físico y el mantenimiento del mayor grado de actividad que resulte posible (incluso durante los episodios dolorosos); aconseja reducir hasta menos del 10% del peso corporal la carga que supone el material escolar y transportarlo correctamente (preferentemente en mochilas con ruedas); el uso de mobiliario adaptable a la estatura del escolar y la adopción de medidas concretas para los jóvenes que practican deporte a nivel competitivo. En la presentación estuvo el ex tenista que fue número 1 de la ATP y hoy especialista en entrenamiento personal Carlos Moyà.
La Organización Médica Colegial y el Colegio de Médicos de las Islas Baleares participan en la campaña, impulsada y financiada por la Fundación Kovacs y que consiste en la distribución gratuita de un tebeo (el "Tebeo de la Espalda"), cuya simple entrega ha demostrado científicamente ser efectiva para que los escolares aprendan conocimientos útiles para la prevención de las dolencias de la espalda. Otro asunto es su tratamiento si en un futuro se producen y el gobierno de Francina Armengol no rectifica su incomprensible decisión.


lunes, 31 de agosto de 2015

De 1988 a 2015: Del imperio a su caída

“Van directos a por la pasta del qatarí, que finalmente será el dueño del negocio. Lo que dicen es imposible de cumplir”. Con este whatsApp respondió el domingo un destacado analista que ha trabajado en una de las más importantes consultoras multinacionales a mi pregunta sobre la Junta General de El Corte Inglés que se acababa de celebrar. Se refería mi interlocutor a los resultados del ejercicio de 2014, a la operación de préstamo de mil millones del jeque qatarí, dueño entre otras cosas de los almacenes londinenses Harrods,  y a las condiciones para su devolución, que le supondrá hacerse con un porcentaje del capital de El Corte Inglés de no menos del 12,5% que podría llegar hasta el 15.
Luego repasé las informaciones publicadas por los periódicos en la Red, de las que desconté el dinero que El Corte Inglés dedica a la publicidad y que, como poco, condiciona voluntades. Una vez más, El Confidencial, periódico que se publica en la Red, se destacaba de los demás, y especialmente el titular de un magnífico análisis, como todos los suyos, de S. McCoy: “Dimas, tenemos un problema: El Corte Inglés, no gana dinero” (el presidente de los grandes almacenes es Dimas Gimeno, que sucedió a su tío, Isidoro Álvarez, muerto en septiembre del pasado año, tres semanas después de la Junta General en la que se aprobaron los resultados de 2013).

Por su parte, el diario El País describió la situación en un titular que deja lugar a pocas dudas: “El Corte Inglés eleva sus ventas pero el beneficio cae al nivel de 1988”. Es decir, Isidoro Álvarez ha necesitado 25 años para volver al punto de partida… en lo que se refiere a los beneficios, lo que quiere decir que ha perdido esos 25 años, y encima a costa de cargarse el imperio, como quedó escrito en este mismo blog antes de la Junta General. Y no deja de ser curioso que el ejercicio de hace 25 años coincide precisamente con el último en el que Ramón Areces fue presidente, aunque murió en julio de 1989 y los resultados del año anterior tuvieron que ser presentados por su sobrino, Isidoro Álvarez, que en la misma Junta en la que fueron aprobadas las cuentas quedó ratificado como presidente de la compañía.
Pero El Corte Inglés que heredó Isidoro nada tiene que ver con el que dejó 25 años después:
Hipercor, que en 1988 ganaba mucho dinero, tuvo resultados negativos el pasado año, laminado por, entre otros, Mercadona, que le ha ganado la batalla.
Bricor, empeño de Isidoro Álvarez, que no existía durante la presidencia de Ramón Areces, también perdió dinero el pasado ejercicio como perdió la batalla planteada a Leroy Merlin e Ikea.
Las saneadas cuentas que dejó don Ramón Areces, que cumplió a rajatabla el principio de no gastar ningún día un céntimo más de lo ingresado el día anterior, se han convertido en un préstamo sindicado de 27 bancos por casi 5.000 millones.
A la deuda bancaria se ha unido ahora un préstamo de 1.000 millones de un jeque qatarí, pagadero con acciones de la autocartera en un porcentaje nunca inferior al 10% y que podría llegar a alcanzar casi el 15 si se dan determinadas circunstancias, cuya posibilidad, naturalmente, negó el presidente en la Junta General.
La financiera que, tarjeta a tarjeta, construyó don Ramón Areces ya no es de El Corte Inglés, porque el 51% se lo ha tenido que vender al Grupo Santander.
La primera Junta General que ha presidido su heredero y también sobrino, como él lo era de don Ramón Areces, ha aprobado un cambio en los estatutos que, entre otras cosas, anula la condición sine qua non de que todos los consejeros deberían ser propietarios de al menos una acción de El Corte Inglés, precisamente para dar entrada a un representante del jeque qatarí, que hasta dentro de tres años no empezará a recibir las acciones de la autocartera, con lo que hasta entonces no será accionista.
El derecho de suscripción preferente de acciones para los accionistas ha sido también anulado, una vez más `para facilitar la operación del jeque.
Lo mismo que el aumento del número de consejeros hasta quince, en lugar del límite de diez que había hasta ahora.
Si en las juntas generales era habitual facilitar el siempre creciente número de empleos fijos, en esta ocasión ha habido que enmascararlos con la inclusión en los mismos hasta de los contratados para operaciones especiales, como Navidad o Rebajas, y aun así decrece el número espectacularmente.
Han accedido al consejo las dos hijas que la esposa de Isidoro Álvarez aportó al matrimonio y que fueron adoptadas por él. Y aunque carecen de la más mínima experiencia en la gestión (lo contaré en un próximo post), parecen dispuestas a ejercer su poder, según cuentan “en voz baja” por las oficinas centrales de la calle Hermosilla. Protagonistas de una historia que bien podría ser titulada como La Cenicienta”, de momento han sido decisivas a la hora de nombrar a Florencio Lasaga presidente de la Fundación Ramón Areces, que tiene casi el 38% de la empresa. Lasaga, de 81 años, fue el primer consejero ajeno a la familia, fue nombrado por don Ramón Areces y es albacea de Isidoro Álvarez. Con su nombramiento, las  dos herederas (ahí las tenéis en la foto, con su valido Lasaga) controlan literalmente la compañía, porque tienen un 15% de la misma, el doble que el presidente, su primo Dimas Gimeno, poseedor de un 7,5%, regalo de su tío.
Ha aparecido un grave conflicto entre los accionistas, saldado de momento con la expulsión fulminante del Consejo de Carlota Areces, representante de Corporación Ceslar, compuesta por descendientes directos del fundador y también de Ramón Areces, acusada de deslealtad y de rebelar secretos del consejo. Carlota Areces anunció ayer mismo las acciones judiciales pertinentes. Y es cierto que Carlota Areces denunció en su momento cierta oscuridad en la operación de préstamo del jeque qatarí, sobre cuyas condiciones el propio Corte Inglés publicó dos versiones diferentes, una antes de las declaraciones de Carlota y otra después. Lo mismo que rebeló la comisión de 17 millones de euros a una empresa que intermedió en la operación del jeque, lo que ayer también fue reconocido por El Corte Inglés, aunque detallando (?) que se trata del 1,7% del préstamo, como si el resultado de una simple operación matemática fuera una revelación.
Veinticinco años, en fin, para acabar con el imperio…