Me sorprendió la aparición del nombre del doctor Kovacs en la
llamada lista Falciani, integrada por centenares de clientes del banco suizo
HSBC, que ingresaban el dinero que evadían al fisco de sus respectivos países o
que procedía de operaciones de dudosa legalidad. Me sorprendió porque conozco
al doctor Kovacs; primero, a través de numerosas referencias; por sus
actividades científicas, después, y por último personalmente. Y siempre me dio
la impresión de un genio humanista, enamorado de su profesión, que tiene un
concepto del ejercicio de la
Medicina en las antípodas de lo que puede entenderse como
negocio. Hasta el punto de que comanda una Fundación de su mismo nombre, en
homenaje a su padre, médico también, argelino de nacimiento, húngaro de origen
y que enseñó a su hijo no solo a amar la Medicina, sino a su honrado ejercicio como
servicio a los demás. Suele decir el doctor Kovacs que la Fundación pone en
práctica una de las enseñanzss de su padre: “Que ningún paciente se quede sin
atender porque no tenga dinero”.
No muchas horas después de su aparición en la lista Falciani y antes de que pudiera contactar con el doctor Kovacs, recibí
un comunicado que había enviado a todos los medios de comunicación:
”El Dr. Francisco M. Kovacs desea aclarar que no
tiene ni ha tenido cuenta alguna o relación alguna con la entidad suiza HSBC
Private Bank de Ginebra, después de que en la mañana de hoy viernes 13 de
febrero de 2015, en el programa televisivo de La Sexta “Al Rojo Vivo” haya
sido citado como una de las personas que aparecen en la llamada “lista
Falciani”.La primera noticia que tuvo el doctor Kovacs al
respecto fue, precisamente, la llamada de un periodista del citado programa que
buscaba contrastar la información. El doctor Kovacs explicó al periodista que
jamás había tenido una cuenta en la citada entidad bancaria, y así se ha indicado
en la emisión del programa.Por ello, el doctor Kovacs requerirá el próximo
lunes, mediante correo certificado a la entidad HSBC, explicaciones sobre por
qué su nombre figura en una lista de clientes de una entidad bancaria con la
que jamás ha tenido ninguna relación.A la espera de la información que facilite HSBC, el
doctor Kovacs únicamente dispone de los datos que le ha facilitado el
periodista de La Sexta,
relativos a una cuenta a nombre de una sociedad, con la cual Francisco M.
Kovacs tampoco tiene relación alguna.El doctor queda a disposición de los medios de
comunicación en el telefóno…” (y facilitaba su teléfono particular).”
Que yo sepa, es el único de los españoles que aparecen
en la lista Falciani que, además de negar su relación con el banco, se ha puesto
a disposición de los medios de comunicación para responder a cualquier cuestión
que le planteen. Personalmente y porque le conozco, no me hace falta pregunta
alguna. Conozco las cuentas del Doctor Milagro, como le he llamado alguna
vez, y no precisamente las bancarias. Lástima, por cierto, que no tengan el
mismo eco mediático en nuestro país que su falsa cuenta en el suizo HSBC.
Porque si escribir en España no es llorar, sino morir, como Luis Cernuda
corrigió al maestro Larra, que limitó el llanto a quienes, como él, escribían
en Madrid, investigar o innovar en España es sinónimo de desesperanza, además
de suponer el enfrentamiento a la burocracia (hablando de citas, ¿quién
escribió lo de burrocracia?) de las administraciones españolas, a las
decisiones políticas o a espurios intereses entrecruzados de laboratorios
farmacéuticos y autoridades sanitarias.
Me refiero, sin ir más lejos, a las cuentas que el
doctor Kovacs presentó el pasado noviembre en la Organización Médica
Colegial, sobre la intervención neurorreflejoterápica para la lumbalgia, que
defiende desde hace tiempo la
Fundación que preside, y que se ha practicado con resultado
de éxito en coste y eficiencia en los servicios de salud de cinco comunidades
autónomas: Asturias, Baleares, Cataluña, Madrid y Murcia. En la presentación de
ese estudio, al que, en un guiño a la actualidad, he llamado “cuentas”, estuvo
presente el presidente de la Organización Médica Colegial, doctor Juan José
Rodríguez Sendín, para el que “si una tecnología sanitaria demuestra ser
eficaz, efectiva, eficiente, obtener buenos resultados, ahorrar costes públicos
y evitar riesgos a los pacientes, debe incorporarse a la cartera de servicios
de la Sanidad
pública española. Sea la intervención neurorreflejoterápica o cualquier otra.
Esto es así siempre, pero todavía más en una época de crisis económica, en la
que debe asegurarse la eficiencia de los recursos públicos”.
Y es que el estudio científico analiza los
resultados obtenidos por la intervención neurorreflejoterápica (NRT) durante
los ocho años transcurridos desde que se inició su aplicación en el Sistema
Nacional de Salud (SNS) para tratar a pacientes con dolencias subagudas y
crónicas del cuello y la espalda. Sus conclusiones ratifican que esta
tecnología mejora de forma notable a pacientes en los que han fracasado los
tratamientos previos y genera un ahorro importante de recursos públicos.
Las conclusiones están refrendadas por la revista
científica de la
Sociedad Internacional de Agencias de Evaluación de
Tecnologías Sanitarias, el International Journal of Technology Assessment in
Health Care, que las ha publicado; y entre sus autores se hallan responsables
de la evaluación de los resultados de esta tecnología en los servicios de salud
en los que se ha implantado. También en la financiación del estudio ha
colaborado la
Fundación Kovacs.
Así que no deja de ser sorprendente que esta
tecnología, solo se aplique, como queda escrito, en los sistemas sanitarios de
cinco autonomías, mientras las doce restantes y las dos ciudades autónomas (Ceuta
y Melilla) continúan inmersas en lo que el doctor Kovacs califica de
“discrepancia entre la sistemática con la que ciertas autoridades sanitarias
toman sus decisiones, y las recomendaciones científicas internacionales
enfocadas al interés de los pacientes y la mejora de la eficiencia de los
recursos públicos”.
Pero, a la vista está, no son solo periódicos
como el Financial Times los que sacan los colores a la Administración
pública española, sino que una revista científica internacional de tanto
prestigio como la que publica el estudio sostiene que los motivos que explican
que se prive de este tratamiento a los pacientes de la mayoría de las
comunidades autónomas, son que “ha sido desarrollado por una entidad científica
sin ánimo de lucro, que no fomenta su difusión mediante incentivos económicos,
y la conocida disfuncionalidad del mecanismo con el que las autoridades
españolas deciden qué tecnologías se costean con fondos públicos, que explican
tanto que se estén financiando tratamientos comprobadamente inútiles como que
no se generalicen otros que han demostrado ser efectivos y generan ahorro
público”
Y hay que echarse a temblar cuando se conoce el
dato de que, de hecho, los recortes sanitarios han llevado a que esta
tecnología dejara de aplicarse en los Servicios de Madrid y Murcia, pese a ser
una de las pocas que ha demostrado originar al erario un ahorro neto varias
veces superior a su coste de aplicación. De hecho, tengo la anécdota de un
enfermo que llevaba varios años reclamando a los servicios sanitarios de su
autonomía ante sus constantes dolores de espalda y cuello, que prácticamente le
tenían inmovilizado y tomando ya morfina, y que finalmente fue atendidp por la Fundación Kovacs,
de donde salió andando sin dolor alguno. Cuando le vio por la calle de su
ciudad un sanitario que conocía su caso y contarle el enfermo cómo había
resuelto el problema, le confesó sin rubor: “Ah, sí, el doctor Kovacs, conocemos
los extraordinarios resultados de su intervención neurorreflejoterápica; pero
el servicio público de salud, que también los conoce, se niega a incluirla en
sus prestaciones”.
El estudio ahora publicado refleja que los 11.384
casos derivados a intervención NRT desde los servicios de salud eran pacientes
muy difíciles; en ellos habían fracasado previamente los tratamientos aplicados
(farmacológicos, rehabilitadores y quirúrgicos). Pese a ellos, el dolor duraba
más de tres meses en el 74,8 por ciento de los pacientes, y más de un año en el
30,1 por ciento. El 35,8 por ciento de los pacientes presentaba una o varias
protrusiones o hernias discales, el 5,2 por ciento padecía compresión radicular
causada por una hernia discal y en el resto el dolor se debía a otras causas,
incluyendo síndromes inespecíficos.
Al ser derivados, la mayoría de los pacientes
estaba usando a la vez varios fármacos (los más frecuentes, distintos tipos de
analgésicos -66 por ciento- y antiinflamatorios -62,6 por ciento-). El 13,5 por
ciento estaba recibiendo tratamiento fisioterápico o rehabilitador, y el 7,6
por ciento ya había sido operado sin éxito por su dolor.
Tras realizarles una intervención NRT, 10.097
pacientes (el 88,7 por ciento) mejoraron de su dolor de cuello o espalda y 9.585
(84,2 por ciento) de su dolor referido (al brazo –en caso de dolencias
cervicales- o la pierna –en caso de dolencias lumbares o lumbosacras-). El
grado de incapacidad mejoró en 9.528 pacientes (83,7 por ciento). El 83 por
ciento abandonó la medicación, y sólo el 0,02 por ciento requirió cirugía.
El único efecto secundario recogido en estos ocho
años fue la tirantez cutánea transitoria, que percibió el 8 por ciento de los
pacientes. El número de quejas o reclamaciones fue cero, y una encuesta anónima
entregada a todos los pacientes (y respondida por el 76,7 por ciento de ellos)
refleja un muy alto grado de satisfacción.
Se analizaron los datos recogidos por el mecanismo
de vigilancia y seguimiento de la intervención NRT en la práctica clínica
rutinaria del Sistema Nacional de Salud, que incluye a todos los pacientes
derivados por médicos de los Servicios de Salud a Unidades acreditadas de la Fundación Kovacs
para que se les realizaran intervenciones neurorreflejoterápicas (NRT). Ese
mecanismo de vigilancia, previamente validado mediante estudios científicos
refrendados por la comunidad científica internacional, recoge los datos
demográficos, sociales, laborales y clínicos de todos los pacientes, así como
su evolución clínica, el uso de otros recursos sanitarios (fármacos, pruebas
diagnósticas complementarias, cirugía, etc.) y su grado de satisfacción.
El estudio analizó los 11.384 casos a los
que se les realizó una intervención NRT y fueron dados de alta entre el 1 de
enero de 2004 y el 30 de junio de 2012. Esos 11.384 casos corresponden a 9.023
pacientes (53 años de media, 68 por ciento mujeres), ya que un mismo paciente
pudo ser derivado por episodios
dolorosos en localizaciones o momentos distintos.
También se analizó el número de pacientes que sufrieron
recaídas a lo largo de los ocho años analizados, y se desarrollaron modelos de
regresión logística para cuantificar la probabilidad de que fuera necesario
realizar más de una intervención NRT para alcanzar el mayor grado posible de
mejoría en un paciente concreto.
Estas son las verdaderas cuentas que el doctor
Kovacs mantiene en España, a lo que dedica su vida que no pasa precisamente por
ninguna entidad bancaria en Suiza.