jueves, 23 de octubre de 2014

Amarillismo por amarillismo...

Me revuelvo esta mañana inquieto ante la pantalla del ordenador que recoge la información con la que abre, como decimos en nuestro argot, la web El Confidencial Digital bajo el título “Moncloa convocó a directores de medios para acusarles de “amarillismo” en la crisis del ébola” (http://www.elconfidencialdigital.com/politica/Moncloa-convoco-directores-acusarles-amarillismo_0_2367963212.html). En ella se cuenta con bastante detalle el encuentro “totalmente off the record” –explica-, a cargo de la secretaria de Estado, Carmen Martínez Castro, a la que conozco de los tiempos de Antena 3 de Radio y con la que me reencontré luego en la Onda Cero de José Luis Orosa y Javier González Ferrari, todavía en manos de Telefónica.
Confieso que mi inquietud se tradujo en indignación cuando leí que la secretaria de Estado habló de la “alarma social” que estaban creando las informaciones periodísticas sobre el contagio del virus sufrido por una auxiliar de enfermería que atendió a los dos misioneros enfermos de ébola repatriados por decisión del gobierno de Mariano Rajoy.
Amarillismo por amarillismo prefiero la información publicada por mis colegas al despliegue facilitado por los servicios de Moncloa para recoger con todo tipo de imágenes la llegada de los misioneros a Torrejón de Ardoz, el desembarco de la espectacular camilla de los aviones en que viajaron y hasta las caravanas hacia el Hospital Carlos III donde fueron ingresados y donde fallecieron.
Amarillismo por amarillismo prefiero la información publicada por mis colegas a la lamentable rueda de prensa a cargo de la ministra de la cosa a las pocas horas de conocerse el contagio de Teresa Romero.
Amarillismo por amarillismo prefiero la información publicada por mis colegas a las despreciables declaraciones del Consejero de Sanidad de Madrid, Comunidad gobernada por el mismo Partido Popular que gobierna España, en las que poco menos que culpó a la auxiliar de enfermería del contagio sufrido. Consejero que, por cierto, continúa en su puesto con grandes aplausos cosechados en una intervención sobre el asunto en la Asamblea de Madrid y que le dedicó el grupo popular de la Cámara.
Amarillismo por amarillismo prefiero la información publicada por mis colegas a la miserable capitalización del éxito personal de la afectada y de los médicos que la atienden (reitero: de la afectada y de los médicos que la atienden) que hizo el presidente madrileño, Ignacio González, incluso antes de conocerse el resultado del análisis definitivo que revelaba que Teresa Romero había vencido al ébola.
Para alarma social, la creada por Luis Bárcenas, que algo tiene que ver con el Partido Popular y con su presidente Mariano Rajoy, al que Carmen Martínez Castro sirvió diligentemente durante su particular travesía del desierto hacia la tierra prometida de Moncloa. Y los sobresueldos de la caja B y ahora lo de Acebes, que mandó comprar acciones de un medio de información con el que el PP se sentía muy identificado, y que fue secretario general del Partido Popular con la presidencia de Rajoy.
Para alarma social, la de la Gürtel, en la que también tiene mucho que ver el PP.
Para alarma social la de las tarjetas opacas de Cajamadrid y Bankia... Y lo que consumieron con ellas Rato y unos cuantos destacados miembros del Partido Popular que formaron parte de los consejos de las entidades.
Para alarma social la que crea Mariano Rajoy con sus permanentes silencios o incluso fugas para no responder a los periodistas sobre asuntos que nos interesan más que los que previamente fija la secretaria de Estado.
Para alarma social las ruedas de prensa sin preguntas, modalidad de comunicación (?) más habitual en Presidencia del Gobierno. 
En Noticias Madrid Norte, una web creada por una emprendedora inconformista, he calificado a este gobierno de “tecnócratas de la corrupción”. Y es esa tecnocracia, cada vez más próxima a la tangentópolis italiana de los años noventa del pasado siglo, la que crea alarma social, no la información sobre el contagio del ébola a una auxiliar de enfermería.
Y por cierto, a mí tampoco me gustó la foto literalmente robada de Teresa Romero en su habitación de la Carlos III que algunos medios publicaron. Pero con la que está cayendo a niveles de ética política, la secretaria de Estado es la menos indicada para reprochárselo a los medios. 

lunes, 22 de septiembre de 2014

La inversión de torquemada

Leed bien lo que entrecomillo, que luego os cuento:
“Con el mismo nombre tuve dos presidentes. Ambos transformaron España. Uno utilizó en la clandestinidad el nombre del obispo sevillano, quizás por su origen. Lo abandonó pronto para convertirse en Felipe González, presidente socialista del Gobierno de España.
El otro ha sido Isidoro Álvarez, presidente de El Corte Inglés. Mi admirado jefe ya descansa para siempre…”
“…Combatió sin desmayo esta crisis, que parece enquistarse sin dejar ver luminosidad de la salida prevista, y mantuvo pese a los rigores y a los dictámenes llenos de obviedades, una plantilla de casi cien mil trabajadores. Fue un empeño personal de Isidoro Álvarez….”
“…Siento sinceramente su pérdida, la pérdida de un hombre que supo apostar… por el valor sagrado de la cultura, Isidoro sabía que la cultura hace a los pueblos grandes, libres y poderosos, y que nunca es solo un gasto, sino una inversión…”
“…Hoy hay ya un nuevo presidente en El Corte Inglés. Sigue la estela de quienes le precedieron desde los vínculos familiares que han hecho de Dimas Gimeno la cuarta generación al frente de El Corte Inglés. Llega con ese aire fresco que entra por las ventanas de su generación…”
“…Siento muy sinceramente la pérdida de Isidoro Álvarez. Mi presidente.”
Imagino a Isidoro removiéndose en su tumba de la iglesia de San Ginés al ver su nombre unido al de Felipe González, lo que solo se le puede ocurrir a un necio, a un succionaciruelos, que escribiría Pérez Reverte, o a un estómago agradecido, como lo calificaría José María García que también podría tacharle de lametraserillos. Y es que el autor del ¿artículo?, que ha publicado en La Voz de Galicia bajo el título Isidoro (faltaría más) y que leído en su totalidad da aún más vergüenza ajena que las frases que reproduzco, es, como él mismo reconoce, un empleado de El Corte Inglés. Y yo añado que se trata de un privilegiado empleado de El Corte Inglés, al que accedió no después de entregar su currículo en el departamento de personal ni seleccionado por cazadores de cerebros sino desde la dirección comercial de una de las grandes editoriales de nuestro país y no sin que antes ésta se rindiera a la petición de El Corte Inglés de destruir los 20.000 ejemplares de la edición del libro Biografía de El Corte Inglés, una obra de investigación del periodista Javier Cuartas que, como escribo siempre que tengo ocasión, sería libro de texto obligado en cualquier escuela de negocios. Ni que decir tiene que el director comercial formó parte del “comando Torquemada” en el que estaba también uno de los actuales consejeros de El Corte Inglés, que primero lo incluyó en la nómina de su pesebre y que se supone que después fue quien le abrió la puerta giratoria para ponerle al frente de un “Espacio Cultural” en el que hay que pensar que sigue apostando por el valor sagrado de la cultura, una de las apuestas de Isidoro que descubre su ocasional hagiógrafo, para el que no exactamente la cultura sino la destrucción de la cultura ha sido una auténtica inversión.
Coincide mi lecturas del ¿artículo? de este Torquemada con la del economista Juan Ramón Rallo en su blog Laissez Faire, que publica en la web capitalbolsa.com, en el que cuenta cómo El Corte Inglés, al que  tilda de espejo de España, ha tenido que prescindir durante la crisis de más de 14.000 empleos y reducir a casi la nada sus beneficios. Pero para el autor del ¿artículo? de los dos Isidoros (ya se sabe, Felipe González e Isidoro Álvarez), su jefe, al que para que no haya dudas llama “mi presidente”, mantuvo, “pese a los rigores y a los dictámenes llenos de obviedades una plantilla de casi cien mil trabajadores. Fue un empeño personal de Isidoro Álvarez….” (fin de la cita, que diría Mariano Rajoy).
Y metidos ya en  hagiografía, recibamos como se merece al sucesor de Isidoro, que llega con ese aire fresco que entra por las ventanas de su generación. Y es que el futuro, el de este torquemada, está también en juego, y quiere seguir sacando rendimiento a la inversión.





lunes, 15 de septiembre de 2014

La crisis de El Corte Inglés (6), en Los Desayunos de TVE

Con el cuerpo de Isidoro Álvarez todavía en la capilla ardiente, Los Desayunos de TVE ratificaban esta mima mañana la crisis por la que pasa la empresa que, veinticinco años después de la muerte de su gran impulsor, Ramón Areces, ha tenido que acabar poniéndose en manos de los bancos. Tanto la conductora del programa, María Casado, como los tres tertulianos (Anabel Díaz, de El País, Bieito Rubido, de ABC, y José Luis Pérez, de Cope) hablaron sin eufemismos de la crisis que sacude al llamado gigante de la distribución comercial en España, consecuencia no solo de la económica desencadenada en todo el mundo hace casi ocho años sino de un modelo obsoleto por la falta de adecuación a una competencia en la que el elemento diferenciador no puede seguir siendo el socorrido “y si no queda satisfecho le devolvemos su dinero…”.
Quiero imaginar que en cuanto pasen algunos días -no demasiados, porque no hay tiempo que perder-, El Corte Inglés abordará la estrategia para hacer frente a esa crisis que cada vez se acerca más a la línea de flotación del gigante, y para la que hasta ahora no se ha encontrado más respuesta que la constatación de que la competencia (Mercadona, en alimentación; Inditex, en textil con su marca de bandera Zara multiplicando aperturas de tiendas en todo el mundo) ha tomado la delantera. Por ello quizás sorprenden más aún los ditirambos que se están dedicando al hombre que ha llevado a la situación actual a El Corte Inglés, mientras se ignora que Isidoro Álvarez recogió hace exactamente veinticinco años una empresa líder en su sector, de una gran solidez y saneada desde todos los puntos de vista, obra todo ello de Ramón Areces. Aquel legado se ha visto ampliado en muchos aspectos, pero también ha tenido que ponerse en manos de los bancos para hacer frente a una deuda de casi seis mil millones de euros, garantizados con los edificios más emblemáticos, y ha tenido que vender el 51 por 100 y en consecuencia la capacidad de decisión de la financiera, en manos ahora del Banco Santander. Todo ello en las antípodas de la autofinanciación y la prudencia en la inversión, santo y seña del modelo que dio el éxito a El Corte Inglés de Ramón Areces.
Así que leer hoy que Isidoro Álvarez fue el empresario que agrandó el legado de Ramón Areces y el artífice de la expansión y diversificación del grupo movería a la sorpresa si no estuviera ya uno curado de todo espanto y no tuviera en cuenta que, con crisis o sin ella, El Corte Inglés es una de las empresas españolas que más invierte en publicidad en los medios y en llenar estómagos prestos a agradecer el pienso con el que la empresa les nutre. Cabría incluso profundizar aún más y pasar una comprensiva pero fiscalizadora mirada por la relación de destinatarios de generosas nóminas o desembolsos más o menos justificados por cuenta del gigante. Y todavía deberíamos correr un tupido velo sobre la macrooperación bancaria de los más de cinco mil millones, sobre la venta del 51 por 100 de la financiera y por tanto la pérdida de su control o, por cierto, sobre lo que sugiere en El Confidencial el siempre bien informado blog de S. McCoy y y el artículo “Menos mal que El Corte Inglés refinanció en noviembre” (http://blogs.elconfidencial.com/economia/valor-anadido/2014-09-08/menos-mal-que-el-corte-ingles-refinancio-en-noviembre_187030/) en el que, bien es cierto que da pasada, incluso se utiliza el término concurso de acreedores.
Pero en fin, con este final en su hoja de servicios, convendría moderar los obituarios, evitando además faltar a la verdad. Porque que uno sepa, la expansión de El Corte Inglés comenzó con la apertura del que sería su primer centro en Barcelona en 1962, cuando Ramón Areces tenía unos espléndidos 58 años, y su sobrino Isidoro apenas había cumplido 27. Y que uno sepa, la diversificación de El Corte Inglés en lo que se refiere a hipermercados se inició en Sevilla en el año 1980, con un Ramón Areces que definitivamente marcaba el camino del grupo, del que tanto se ha desviado al final la gestión de Isidoro Álvarez.
Largo trayecto les queda por delante a Dimas Gimeno, sobrino de Isidoro Álvarez y director general, y a Manuel Pizarro, asesor personal de Isidoro Álvarez y ya consejero de El Corte Inglés, a los que todos señalan como los encargados de una transformación del gigante de la distribución comercial víctima de la crisis económica, sí, pero también víctima de la crisis de su propio modelo.


martes, 9 de septiembre de 2014

Presidente, su turno...

 Siga el ejemplo, presidente dedocrático… Es su turno, señor del espionaje inexplicado, de los consejos acumulados, de los viajes suramericanos con bolsas de plástico al brazo, de los dúplex de lujo con piscina en la Costa del Sol  a precio de vivienda social, señor de la consorte vicepresidenta de envidiable salario en la patronal madrileña cuyo presidente, al que usted da pábulo y tratamiento de consejero sin cartera, abandona las concesiones de bares y restaurantes de entidades públicas después de algunas intoxicaciones, señor también del Canal de Isabel II y de los pins como llamaba usted a los millones de euros de coste de la radio y televisión pública madrileña, espejo de lo que somos, es decir, “Espe jode lo que somos”, segunda lectura de aquél mensaje publicitario de la manipulada Telemadrid…
Es su turno, señor presidente venido a más por el dedazo de Esperanza Aguirre, que le llevó a todos los sitios desde aquél feliz encuentro de 1984 en el Ayuntamiento de Madrid, del que era usted funcionario y  ella concejala que ya entonces decíase liberal “y no sabe usted con quién está hablando”, a la que siguió por su andadura política incluso en una mesita en un rinconcito del Senado cuando la lideresa fue elegida presidenta de la inútil Cámara Alta de nuestra democracia…
Es su turno, señor presidente sin pasar por las urnas ahora que en su partido los dedos se hacen huéspedes pensando en que, a lo peor, se han acabado los decenios de la suma de todo, no la suma de todos, porque hay muchos a los que no suman ustedes sino que restan.
Siga el ejemplo, presidente dedocrático. Tiene Ana Botella parecidos méritos y legitimidades a los suyos… Por Cibeles y por Sol andan metidos delfinatos inexplicables, lazos familiares -¡oh, la familia! ¿o mejor la famiglia…?- matrimonios ejemplares (ex presidente del gobierno y alcaldesa de Madrid, presidente madrileño y vicepresidenta de la patronal madrileña), fidelidades caninas, traiciones varias, sospechas habituales, errores de catástrofe, ridículos a toda orquesta, mentiras y disimulos, incapacidades manifiestas…
No me diga, presidente, que lo suyo es distinto, Y que usted, claro, tiene derecho a seguir… ¿Pero con qué méritos…? ¡Ah, sí…!, que se la están jugando ustedes, y que sin modificar la ley electoral, como quiere o quería Mariano Rajoy, piensa que usted garantiza la mayoría absoluta necesaria para mantener el poder en la Comunidad de Madrid. Mira que si al final Ana Botella, además de un acto de decencia y de coherencia políticas, le ha hecho el favor a Mariano Rajoy de señalarle a usted el camino. ¡Menudo es el gallego a la hora de ir dejando cadáveres por el camino…! A lo peor, presidente, ahora mismo le está entrando un mensaje en su teléfono móvil con un “Aguanta, Ignacio, sé fuerte…” Y ya sabe usted lo que sigue… No pase por el bochorno de que Rajoy le deje en la estacada y anuncie usted mismo su renuncia a la candidatura a presidente del gobierno regional, como ha hecho Ana Botella con la suya a la alcaldía.

lunes, 1 de septiembre de 2014

CONFIRMADO: La crisis llegó a El Corte Inglés (5)

Después de leer el impecable análisis que de la Junta General de Accionistas de El Corte Inglés publica S. McCoy en El Confidencial (http://blogs.elconfidencial.com/economia/valor-anadido/2014-09-01/acabaramos-ya-entiendo-la-llegada-de-pizarro-a-el-corte-ingles_183526/) me siento relevado de cualquier necesidad de explicarlo yo, porque solo lo empeoraría y echaría unas inmerecidas gotas de confusión a lo que es meridiana claridad: es decir, que como vengo manteniendo desde hace un par de semanas, la crisis llegó a El Corte Inglés.
Tanto, cabría añadir, que con un departamento de Comunicación incapaz de poner en valor ni siquiera un dato por difícil que resulte extraerlo de un año en el que El Corte Inglés ha perdido el control de su financiera o ha tenido que avalar con sus mejores edificios un crédito de 5.000 millones, además de con su división de seguros, leyendo las informaciones publicadas y descontando algún que otro estómago agradecido podría dar la sensación de que Isidoro Álvarez, el sempiterno presidente como le califica alguno, incluso ha consultado el hígado de las ocas para saber el futuro que le espera a la que en otro tiempo fue la más sólida empresa española.
Quiero decir que cunde una cierta desazón cuando asociados a la Junta General de El Corte Inglés (la gran noticia económica del primer lunes después del último domingo de agosto de cada año) se ven términos como parchea los daños de la crisis o confía su mejora al repunte del consumo o no éramosconscientes de lo que iba a durar la crisis (esta última en la boca del sempiterno), nada técnicos por otra parte, aunque nunca sabe uno si es mejor dejarlo así en vez de desvelar la factura del auditor de las cuentas, como hace McCoy: 1,8 millones por servicios de auditoría y 5,53 por 'otros servicios' coincidiendo con la refinanciación.
Si a todo esto añadimos que por algún sitito veo el término ingeniería financiera (toquemos madera, Isidoro) o que los datos de beneficio atribuido y rentabilidad de 2010 y 2011 están elaborados conforme al Plan de Contabilidad de 2007, y los de 2012y 2013 según  las normas internacionales de infiormación financiera; o que en el benefiio atribuido a 2013 se incluyen plusvalías por la enajenación de instrumentos financieros por más de 92 millones. Y que para colmo se ha reducido la inversión hasta niveles de hace 20 años (a mi juicio no tanto por menos oportunidades de crecimiento sino por la evidente crisis del modelo actual sin haber definido el que ha de entar en la nueva competencia), y la plantilla cuenta con 3.200empleados menos, habrá que concluir que, como escribe McCoy, larga tarea tiene por delante Manuel Pizarro, el nuevo consejero nombrado ayer.
Mientras y a pesar de descalificaciones de pasillo, silencios cómplices o amenazas de futuro, reitero que la crisis llegó a El Corte Inglés. La Junta General de ayer lo confirma,  

jueves, 28 de agosto de 2014

La crisis llegó a El Corte Inglés (4): ...y Amancio Ortega, en Torre Picasso

Al poco tiempo de que El Corte Inglés asumiera personal y centros de su eterno rival, Galerías Preciados, víctima de gravísimos errores estratégicos del equipo de Pepín Fernández, uno de sus antiguos directores de exhibición me resumía en una imagen las diferencias entre los dos grandes almacenes con similares padrino (César Rodríguez), orígenes (Asturias) escuela (Almacenes El Encanto de La Habana, Cuba) e inicios en España (calle Preciados de Madrid):
- Un cliente entraba en un Galerías de Madrid a las dos de la tarde de un día de agosto y pedía a un dependiente un paraguas, y el dependiente, con cara de sorpresa le decía sin mirarle: “Mire usted en Oportunidades a ver si encuentra lo que busca, porque un paraguas en agosto…”  Se iba al Corte Inglés, pedía lo mismo a un dependiente que con la mejor de sus sonrisas le llevaba al departamento donde le mostraba paraguas perfectamente alineados por categorías: de hombre, de mujer, plegables, estampados, lisos con todo el colorido posible, empuñaduras de diseño, de madera o de plástico… ¿Quiere que le abra algunos…? todavía preguntaba el dependiente, indudablemente motivado, mientras el “nuestro” daba la impresión de esperar solo el fin de la jornada y el del mes para cobrar la nómina.

La anécdota, que bien podría haber servido para marcar el comienzo del final de Galerías Preciados, la ponía yo recientemente en relación con lo que publicaba  la web El Confidencial (uno de los grandes de la red), dando cuenta de un incidente en El Corte Inglés de Castellana, la joya de la corona del en otro tiempo gigante de los grandes almacenes: una empleada se había encarado con Francisco Álvarez Cascos con el que coincidía en una cafetería del centro comercial acusándole, “como parte de la casta, de la crisis, de los bajos salarios, de que en plantilla cada vez seamos menos y trabajemos más en sábados, en domingos, en agosto, en diciembre…”
Y probablemente la empleada, homologable al vendedor de paraguas del final de Galerías Preciados, desconociera el motivo de la presencia allí de Álvarez Cascos, cuya esposa, María Porto, marchante de arte, tiene un espacio en El Corte Inglés de Castellana. Como también desconocerá la generosa aportación que El Corte Inglés hizo en publicidad exterior –y desconozco si seguirá haciendo- al complejo Hípica Almenara S.L. situado en las afueras de Toledo, propiedad del ex ministro de Defensa y ex presidente del Congreso José Bono y sus cuatro hijos, uno de ellos jinete. Algún día habrá que contar otro tipo de puertas giratorias que El Corte Inglés abre a la política con más generosidad que a los empleados que se encaran con Álvarez Cascos, al que no por casualidad llamaban en sus tiempos de secretario general del PP el general secretario.
Se me dirá que el incidente es una anécdota dentro de una empresa que da trabajo directo a cerca de 100.000 personas, pero en el en otro tiempo gigante no hay nada anecdótico y mucho menos que salte a titulares en los que cada vez aparece El Corte Inglés más zarandeado porque, como dice el “Triángulo de las Bermudas”, la voz sindical libre de sus trabajadores, Internet es un refugio de libertad digamos  que menos controlable.
No sabemos si en la Junta General Anual (será el domingo, último de agosto, como es tradición) se abordará la salida a Bolsa de un porcentaje de El Corte Inglés que aconseja Manuel Pizarro, el nuevo asesor del presidente Isidoro Álvarez, como también propuso profesionalizar la gestión del gigante empeñado en su autodestrucción. Pero en la pasada semana, como preámbulo de la Junta de El Corte Inglés, se han hecho públicos los beneficios de Pontegadea Inmobiliaria, la sociedad en la que Amancio Ortega (Inditex, Zara…) invierte en edificios y comercios y que el año pasado ganó un 32% más que en 2012.
¡Qué cosas…! Cuando Isidoro presidía el gigante creyéndolo imbatible, le ponía de los nervios ver un Zara en las proximidades de los centros de El Corte Inglés. Ahora, Isidoro, que echó el resto en el horror de la torre que sustituyó a Windsor, se encuentra con que como incómodo vecino e inversor inmobiliario de éxito tiene a Amancio Ortega, creador de Zara y propietario de la Torre Picasso, obra del japonés Minoru Yamasaki (Torres Gemelas de Nueva York,entre otros muchos emblemáticos edificios de universidades, aeropuertos, banca, etcétera, en Estados Unidos)) que mira esbelta y desafiante desde hace más de 30 años y desde sus 157 metros a todo el complejo Azca, incluyendo los que desde esa perspectiva parecen casi ridículos 111 metros de altura de la “nueva Windsor” (de los ignotos Muñoz y Vilala).
Lo que es la vida: 25 años después de la muerte de don Ramón, Amancio Ortega tiene a sus pies la joya de la corona de El Corte Inglés, los bancos tienen como garantía de un crédito de cinco mil millones los edificios más valiosos de El Corte Inglés y el Santander se ha hecho con el 51% de su financiera. No sé si alguien pedirá cuentas este domingo.
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NOTA DEL EDITOR. Este blog se ha dirigido a la dirección de Comunicación de El Corte Inglés ofreciendo su espacio para recoger cualquier información sobre lo aquí publicado e incluso entrevistar al directivo que decidan “para publicar sus respuestas”, es decir, con luz y taquígrafos, o si se prefiere grabadora, porque esta página se limita a recoger, comentar y publicar informaciones, pero no las negocia.



miércoles, 13 de agosto de 2014

La crisis llegó a El Corte Inglés (3): …y si no queda satisfecho, reclame a Botín

Isidoro Álvarez tenía un sueño allá por finales del pasado siglo: que El Corte Inglés alcanzara en un año unas ventas de un billón de pesetas… Pero llegó al euro y hubo que conformarse con los seis mil millones de euros, que es lo mismo pero que a Isidoro no le sonaban tan bien… Buenos tiempos aquéllos, antes de la mayor crisis económica que ha habido en el mundo desde la del 29, y cuyos efectos ha sumado El Corte Inglés a los producidos por un modelo incapaz de evolucionar para enfrentarse a los nuevos tiempos… a pesar de que en los últimos años más de uno le ha sugerido al patrón un cambio de política y sobre todo de estrategias en el que en otros tiempos era llamado gigante de la distribución.
Y es que el modelo estaba planteado casi a modo de monopolio. Así que el sistema Zara, sin ir más lejos, era motivo de cierto malestar de Isidoro Álvarez, sobre todo si levantaba sus cuarteles en las proximidades de un Corte Inglés, que respondía sacándose de la chistera una ignota, insuficiente y fracasada Sfera para acudir, siempre en desventaja, a una competencia imposible; y si una francesa como Leroy Merlin le arrebataba a Isidoro unas cuantas tuercas o tornillos de la sección de ferretería de los grandes almacenes, allá ordenaba su dedo indiscutido “¡levántese Bricor!”, que estos franceses no tienen ni idea del mercado español; no digo nada si los gabachos decidían exportar a España su exitoso modelo de hipermercado (Auchan, Carrefour…) o un intrépido emprendedor levantino iniciaba una escalada con el nombre de Mercadona… allá que llamaba Isidoro Álvarez a sus -¡ay!- acomodadas huestes, instaladas en la autosatisfacción, que iban estrellándose sistemáticamente, carentes de la cintura necesaria para modificar estrategias y empeñados en ocupar espacios vacíos en los que, al terminar de construir, ni siquiera entraba el viento porque los centros iban por delante de la urbanización;  y, en fin, si aparecían las famosas tiendas de conveniencia, allá estaba Isidoro dando órdenes de apertura de opencor o supercor o no sé qué exprés que ahora cierran o se transforman discretamente, para que no nos demos cuenta del fracaso.
 Entre tanto el cliente empezaba a dejar de ser lo que había sido… ¡Claro que la cuenta de resultados exigía el cierre de Induyco, los talleres de confección de El Corte Inglés, en los que la puntada –unidad de medida en la especialidad- cuesta varias veces más que en cualquier país de Extremo Oriente…! Pero el socialmente pacífico cierre de Induyco fue pagado por el cliente, que a partir de entonces tuvo que abonar –antes no se hacía- eso que se llaman los arreglos de la ropa (el pantalón medio centímetro de más o de menos, entálleme la chaqueta, las mangas algo más cortas…), que es el compromiso de actividad que la empresa adquirió con la mayor parte de los trabajadores que salieron de Induyco, además, obviamente, de todos los beneficios por la resolución de sus contratos.
De la noche a la mañana, todo cambiaba. Aquel jefe de trajes de caballero aceptando la devolución de un pantalón de un piloto de Iberia (habrá que contar algún día los privilegios que las administraciones y empresas públicas concedieron siempre a El Corte Inglés) que sabía usado ya se enfrentaba a la esposa del comandante de vuelo que se lo exigía. Y hasta para conseguir la preparación de un paquete regalo en Navidad había que hacer una excursión hasta un rincón de dos plantas más abajo donde una aglomeración indicaba que ahí te lo harían si… estabas dispuesto a esperar media hora, porque ya había desaparecido la sana costumbre de que en todas las cajas personal eventual se esforzara en empaquetar…
…Y llegó la crisis… Tampoco el gigante de la distribución fue capaz de preverla. Y le pilló de esa manera… Es decir, con una deuda cercana al billón de pesetas de aquél sueño de Isidoro ahora convertido en pesadilla (¡en quince años…!) y con una financiera que reventaba por todas las costuras, pero ya sin induycos que las pudiera coser, porque tampoco la cosa estaba como para cuatro puntadas. De pronto, El Corte Inglés, en titulares… De pronto, El Corte Inglés, que en las huelgas generales era todo un símbolo porque era la única tienda abierta para… que comieran los piquetes, tampoco, como nuestra economía de la burbuja, volvería a ser lo que fue… ¿O acaso había una burbuja en El Corte Inglés…? ¿Qué había hecho el heredero apenas quince años después de la muerte de Don Ramón, el hombre que decía que el secreto era gastar siempre una peseta menos de las que entran en caja, el que fue personalmente a Italia a traerse a Emidio Tucci, la marca de confección masculina de más éxito en nuestro país? Pues haciendo caso omiso a muchos que le aconsejaban, había iniciado una huída hacia delante que ponía a El Corte Inglés… en manos de los bancos… Hay que preguntar de nuevo: ¿Recordáis Galerías Preciados?
E hicieron falta tropecientos bancos para los casi 6.000 millones con los que enjugar la deuda… Y con la exigencia de poner sobre la mesa los edificios más preciados del patrimonio inmobiliario del en otro tiempo gigante de la distribución… Y, al final, el Santander del sabio Botín se alzó con el santo y la limosna. El genio cántabro lo tenía tan claro que se fijó en la financiera de El Corte Inglés, que atesora nada menos que el 42% del crédito al consumo de nuestro país (de hecho, el 60 por 100 de las ventas de El Corte Inglés son pagadas con su famosa tarjeta verde). Quería convertir Botín a su Santander Consumer Finance en líder mundial del sector, lo que ha conseguido con la compra del 51 por ciento de la financiera de El Corte Inglés, naturalmente con mando en plaza.
Y ahora resulta que, cuando no ha pasado un año del nombramiento de un director general, Isidoro Álvarez, que acabará vendiendo crecepelo (de hecho El Corte Inglés ya anuncia trasplantes de pelo), se ha buscado un asesor de lujo en la persona de Manuel Pizarro, que ha abandonado la presidencia del prestigioso despacho jurídico en el que trabajaba, lo que quiere decir que, en efecto, está dispuesto a que su asesoramiento no tenga el mismo destino que hasta ahora tuvieron las opiniones de quienes, sin grandes alardes, es verdad, porque el salario merece la pena y no conviene llevar la contraria al patrón, le decían a Isidoro Álvarez que había que rectificar. Es decir, hay que profesionalizar la gestión (por los resultados es verdad que parece que ha estado en manos de aficionados), rejuvenecer el consejo de administración y sacar a bolsa un porcentaje de la empresa para, primero, saber lo que vale, y segundo y sobre todo, distanciarse del Santander.
Durante mi vida activa como periodista, fui invitado en muchas ocasiones a la inauguración de los centros de El Corte Inglés, en los que siempre me llamaron la atención varias cosas: la velocidad con la que los miles de invitados acababan con los jamones ibéricos, que era uno de los platos preferidos del abundante cóctel que ponía fin a los actos oficiales; la ramplonería del discurso que pronunciaba Isidoro Álvarez, impropio de lo que se le paga al amanuense que se los escribe; y el momento en el que el mismo Isidoro Álvarez, como si fuera el Dulcamara de “L’elisir d’amore”, introduciría  la frase que nunca faltaba “y si no queda satisfecho le devolvemos su dinero” (incluso había apuestas sobre ello). Ahora urge el cambio, amanuense: “Si no queda satisfecho, reclame a Botín…”