miércoles, 29 de agosto de 2012
A pesar de Esperanza Aguirre...
Una experiencia personal me ha permitido calibrar el estado del servicio público de salud madrileño o, si se quiere, de una parte de ese fundamental servicio. Y es gratificante comprobar que, más allá del ruido de las legítimas protestas de un personal al que al parecer no se conforman con birlarle la paga de Navidad sino que pretenden obligarle a violar con los inmigrantes indocumentados su código deontológico, el servicio público de salud está soportado por unos extraordinarios profesionales que se sobreponen al zarandeo del que vienen siendo víctimas del poder y de quien lo utiliza de forma despótica -obviamente me refiero a Esperanza Aguirre y su gobierno- y poner toda su sensibilidad, su dedicación, su espíritu de sacrificio y sus conocimientos al servicio de sus pacientes sean de color que sean y de la clase social que sean. Por fortuna, aunque parezca que está para siempre, Esperanza se irá, y los profesionales de la Sanidad se quedarán.
El Corte Inglés comunica...
Habitualmente el lunes siguiente al último domingo de agosto la primera página de todos los periódicos incluían los excelentes datos del ejercicio económico de El Corte Inglés, cuya junta general se celebra en ese día. Este año, sin embargo, la noticia ha sido distinta: El Corte Inglés ha perdido ventas, beneficios y hasta personal... y, lo que es peor, la noticia se completa con que Mercadona le ha superado... El Corte Inglés comunica ¿o está comunicando...?
jueves, 9 de febrero de 2012
Un triángulo demasiado... verde
Se hacen lenguas por los pasillos de la sede central... Parece que el asunto ha llegado a casi todos los despachos, aunque no al más alto, que, sin duda, es donde se pronunciará la última palabra, habida cuenta del puesto que ocupa el principal implicado, aunque la responsabilidad es compartida por los "tres lados". Es una historia tan vieja como el mundo pero que amenaza con socavar los cimientos de un departamento construido día a día durante décadas, hasta situarlo como el de mayor prestigio de España. Al sucesor le han bastado dos años para emplearse a fondo con una piqueta que, hasta ahora y por fortuna, a duras penas ha conseguido abrir un pequeño boquete. Pero cuando se confunden las relaciones externas e internas con las relaciones íntimas se corren peligros y, sobre todo, se amenaza el buen nombre de una organización ejemplar también en todo cuanto tiene que ver con derechos de trabajadores y trabajadoras y con igualdad de género.
Un jefe, una secretaria y el marido de la secretaria. Convenientemente barajados los tres protagonistas puede dar para un vodevil o... para un escándalo. Y en la sede central de la empresa ejemplar e impermeable a cualquier escándalo no hay representaciones de teatro. Así que el escándalo está servido... El jefe nombra al marido su segundo de a bordo, que es enviado constantemente a viajar por las distintas delegaciones... La secretaria, tan sola, es consolada por el jefe, y la soledad abre el paso a la pasión. El siguiente capítulo tiene algo de cobardía, algo de indigno y miserable consentimiento y la habitación de un hospital. El jefe no da la cara cuando le piden explicaciones desde despachos más altos; el viajero y "coronado" segundo prefiere no saber nada para no perder su privilegiado puesto (se desconoce si abriga a su jefe en noches de frío); y la apasionada secretaria cae en una depresión.
El último capítulo está por escribir... El triángulo se ha vuelto demasiado... verde.
Un jefe, una secretaria y el marido de la secretaria. Convenientemente barajados los tres protagonistas puede dar para un vodevil o... para un escándalo. Y en la sede central de la empresa ejemplar e impermeable a cualquier escándalo no hay representaciones de teatro. Así que el escándalo está servido... El jefe nombra al marido su segundo de a bordo, que es enviado constantemente a viajar por las distintas delegaciones... La secretaria, tan sola, es consolada por el jefe, y la soledad abre el paso a la pasión. El siguiente capítulo tiene algo de cobardía, algo de indigno y miserable consentimiento y la habitación de un hospital. El jefe no da la cara cuando le piden explicaciones desde despachos más altos; el viajero y "coronado" segundo prefiere no saber nada para no perder su privilegiado puesto (se desconoce si abriga a su jefe en noches de frío); y la apasionada secretaria cae en una depresión.
El último capítulo está por escribir... El triángulo se ha vuelto demasiado... verde.
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