La revelación que hace hoy El País de que Rajoy aceptó el
encargo del Rey (http://politica.elpais.com/politica/2016/07/29/actualidad/1469816919_360671.html) para formar gobierno consciente de que si no conseguía los
apoyos necesarios para ello no se presentaría a la investidura, me parece de
tal gravedad que, una vez publicada la noticia, la única reacción del todavía presidente
del gobierno en funciones es la petición a la presidenta del Congreso de los
Diputados de que convoque el pleno de investidura sin intentar siquiera una
conversación informal con representantes de otros partidos. Obviamente, Rajoy perderá
esa votación y la siguiente constitucionalmente prevista, y el Rey abrirá nuevas
consultas para encargar la investidura a otro candidato.
sábado, 30 de julio de 2016
Rajoy ha utilizado a la Jefatura del Estado
martes, 26 de julio de 2016
Una investidura con las cartas marcadas
El tan manoseado, por actual,
artículo 99 de la Constitución española no deja lugar a la duda:
1. Después
de cada renovación del Congreso de los Diputados, y en los demás supuestos
constitucionales en que así proceda, el Rey, previa consulta con los
representantes designados por los grupos políticos con representación
parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a
la Presidencia del Gobierno.
2. El
candidato propuesto conforme a lo previsto en el apartado anterior expondrá
ante el Congreso de los Diputados el programa político del Gobierno que
pretenda formar y solicitará la confianza de la Cámara.
Su lectura revela que, en contra de lo que pueda parecer con
las negociaciones de Mariano Rajoy en busca de una mayoría que le permita la
investidura, en ningún caso obliga a ello la Constitución. Al contrario, de su
lectura textual puede desprenderse que antes de alcanzar esa investidura ha de
ganársela en el debate del programa político que “expondrá ante el Congreso de
los Diputados”. Que hasta ahora, ya sea por las mayorías absolutas obtenidas
por Felipe González, Aznar y Zapatero o por los acuerdos pre-debate alcanzados
cuando un candidato no la había obtenido en las urnas, se haya llegado siempre a
la sesión parlamentaria con la garantía de la investidura, no debía significar
la norma sino, en el mejor de los casos, la excepción.
Quiero decir que hasta democráticamente es mucho más impecable la consecución de una investidura merced a los acuerdos que se alcancen en el mismo debate que obtenerla con pactos realizados incluso en secreto, como ha ocurrido con el lamentable episodio de la elección de Ana Pastor como presidenta del Congreso. Me parece bastante más democrático que Mariano Rajoy acuda al Parlamento con una oferta de gobierno, que tendrá que ser aceptada o discutida por los portavoces de los grupos parlamentarios, quienes, a su vez, harían contraofertas al candidato, el cual las aceptaría en todo o en parte y, en cualquier caso, sometería el programa resultante a la votación de la Cámara. De esa manera, entre otras muchas ventajas, los ciudadanos (¡cuánta utilización en vano del término “soberanía popular” aplicado al Congreso de los Diputados!) tendríamos sobrados elementos de juicio para saber las razones por las que el programa del candidato es aceptado o rechazado.
Quiero decir que hasta democráticamente es mucho más impecable la consecución de una investidura merced a los acuerdos que se alcancen en el mismo debate que obtenerla con pactos realizados incluso en secreto, como ha ocurrido con el lamentable episodio de la elección de Ana Pastor como presidenta del Congreso. Me parece bastante más democrático que Mariano Rajoy acuda al Parlamento con una oferta de gobierno, que tendrá que ser aceptada o discutida por los portavoces de los grupos parlamentarios, quienes, a su vez, harían contraofertas al candidato, el cual las aceptaría en todo o en parte y, en cualquier caso, sometería el programa resultante a la votación de la Cámara. De esa manera, entre otras muchas ventajas, los ciudadanos (¡cuánta utilización en vano del término “soberanía popular” aplicado al Congreso de los Diputados!) tendríamos sobrados elementos de juicio para saber las razones por las que el programa del candidato es aceptado o rechazado.
Pero justamente esto último es lo que no quiere Rajoy. El
candidato del Partido Popular a la presidencia del gobierno no quiere perder la
votación de la investidura y pretende acudir al mismo con las cartas ya marcadas,
si se me permite la expresión, por lo que incluso podría volver a decirle que
no a la propuesta del Rey. Porque hasta ahora, algunos portavoces del PP
afirman que Rajoy está de acuerdo en modificar la Constitución; o en hablar de
la reforma laboral; o de la Educación o de la famosa “ley mordaza”… Pero lo que no nos dice es en qué términos sería la reforma
o qué propuestas de los distintos grupos políticos estaría dispuestos a aceptar…
Insisto: el manoseado artículo 99 de la Constitución es bien
claro. Aunque por lo visto hasta ahora, Mariano Rajoy no someterá a la Cámara
el programa del gobierno que pretende formar, sino que, en el mejor de los
casos, leerá en la tribuna de oradores el acuerdo al que previamente haya
llegado para obtener el apoyo que le permita gobernar.
domingo, 24 de julio de 2016
¿Y por qué no José Bono?
Pocas horas después de deleitarme
con la entrevista al socialista José Bono en La Sexta Noche, probablemente la mejor de las realizadas por Iñaki
López, conductor del exitoso programa, me encuentro con el editorial de El País titulado “Luchadores por la libertad” , que merece su reproducción integra,
aunque yo me quedo con el siguiente párrafo:
“Es una paradoja que la normalización democrática se lleve por delante a
sus protagonistas. La vida pública se ha crispado progresivamente, con su
correlato de indeseadas cicatrices en el cuerpo social, pero eso no debe
impedir que la España democrática reconozca a los que más trabajaron por ella.”
Algunos venimos manteniendo hace
tiempo que la democracia española precisamente por su juventud no debería
haberse permitido el lujo de prescindir de una generación de políticos que forman
parte de los que hace referencia el editorial del periódico. Y
José Bono es uno de esos protagonistas, de esos luchadores por la libertad, que
pusieron el coraje cívico por delante de la acomodación a las circunstancias o
la opción de vegetar en las zonas confortables de los que no quieren ver ni
saber, como El País escribe del
socialista vasco José Ramón Recalde, al que ETA no consiguió callar ni
pegándole un tiro en la cabeza.
Conocí personalmente a José Bono a
finales del pasado siglo, cuando acudió al informativo matinal que yo dirigía y
presentaba en la Cadena Voz de Radio.
Sabía, como otros muchos colegas, que el entonces presidente castellano manchego
(ya había conseguido cinco mayorías
absolutas en las elecciones autonómicas de esa región y aún le quedaba una
sexta, en 2003) había iniciado el “salto
a la política nacional” y lo hacía con decisión y cautela, pero también con
la sinceridad de la que ha hecho gala a lo largo de toda su carrera.
Todavía Aznar no había obtenido la
mayoría aplastante en las legislativas del año 2000, pero Bono, que tiene un excelente
olfato político, ya lo intuía y, en consecuencia, preveía la dimisión de
Joaquín Almunia como secretario general del PSOE y candidato socialista en esas
elecciones legislativas. Poco después, en julio de ese mismo año, José Bono se
enfrentó a Rodríguez Zapatero en las primarias de su partido para elegir nuevo líder y fue derrotado por tan solo nueve votos.
Luego llegaría la victoria de ZP
en 2004, el nombramiento de José Bono como ministro de Defensa y su dimisión en
abril de 2006 por lo que bien podría ser calificado de “entreguismo” de Zapatero al nacionalismo catalán con la aprobación
del Estatut que llevó a Madrid el entonces president
Maragall. Y finalmente, Bono reaparecería en la siguiente legislatura como
presidente del Congreso de los Diputados a propuesta de Rodríguez Zapatero que había
ganado las elecciones de 2008.
Pero hay que volver los ojos y los
oídos a la magnífica entrevista que le hizo Iñaki López anoche en La Sexta. Apareció el mejor José Bono,
el de los términos tan concisos como rotundos, el de aquella frase tan recordada
de “Estado de desecho y no de Derecho”
en referencia a una hipotética negociación con ETA, el de la recriminación a un
ministro del gobierno, Miguel Sebastián, por acudir al banco azul sin corbata,
que el programa recordó como preámbulo de la opinión que a Bono le merece la
vestimenta de la “nueva clase política”
en el hemiciclo (“si vas a comer a un chiringuito
de playa con el torso desnudo, te obligan a ponerte una camisa”, dijo) o la
presencia de un bebé en brazos de una diputada (“Yo le hubiera dicho: “Señora Bescansa, usted quería tener una foto con
su hijo en brazos el día en que tomó posesión de su escaño. Pues ya la tiene;
ahora deje al niño en la magnífica guardería que tenemos en esta Cámara”).
Sin embargo, para mí el Bono en
todo su esplendor que apareció en La
Sexta Noche fue cuando Iñaki le preguntó si ve posible un pacto de los
socialistas con Podemos, y el ex
presidente del Congreso fue rotundo: “Sí,
pero solo si Pablo Iglesias cumple tres condiciones: pedir perdón a Felipe
González, al que en sede parlamentaria llamó asesino, con lo de la cal viva; si
retira el calificativo de presos políticos que dio a los etarras que están en
la cárcel por haber asesinado; y si no va a Cataluña a defender un referéndum
que rompe la unidad española después de haber dicho 25 veces la patria española
en la plaza de la Puerta del Sol, en Madrid”. Y todavía más, antes, en referencia a lo
de la cal viva, Bono había dicho que “si
yo hubiera sido presidente del Congreso le hubiera exigido a Iglesias que
retirara esa frase; y si no lo hubiera hecho, le habría expulsado de la Cámara.
El Congreso permite la impunidad de todos los diputados digan lo que digan,
pero el reglamento de la Cámara permite a su presidente exigir la retirada de
una expresión pronunciada por un diputado, sobre todo cuando es de la gravedad
y la falsedad de la de la cal viva”.
Repasando la entrevista a José
Bono (la he visto un par de veces),
me quedo con una frase suya, no sin antes recordar que fue uno de los barones
que en su día apoyó la elección de José Sánchez como secretario general
socialista: “Si hay elecciones en el
PSOE, yo pediría que se eligiera un líder social capaz de derrotar al Partido
Popular más que a un líder político”. Y me pregunto yo para mis adentros si
acaso José Bono, que el próximo 14 de diciembre cumplirá 66 años, pudiera ser
ese líder social que él mismo reclama.
domingo, 17 de julio de 2016
Lección de periodismo
Las dos primeras horas de La Sexta Noche del sábado fueron una lección de periodismo a lo
que, desgraciadamente, no estamos acostumbrados en los medios de nuestro país y
mucho menos en las televisiones. Periodismo, además, en tres de sus variadas
manifestaciones: la noticia, el análisis y el debate o, si se prefiere
aceptando su primera denominación, la tertulia. Si impecables fueron las
conexiones con los enviados especiales a Niza y los resúmenes de lo ocurrido en
la noche del jueves en el Paseo de los Ingleses de la capital de la Costa Azul
y las reacciones de los políticos españoles y franceses, la calidad del debate alcanzó
una altura similar a la de los mejores de las grandes televisiones
estadounidenses.
Ignacio Cembrero, experto en comunidades musulmanas; Chema
Gil, del Observatorio de Seguridad Internacional; Pedro Rojo, arabista y
presidente de Al Fanar, Fundación para el conocimiento árabe; David Garriga,
experto en terrorismo yihadista; Cécile Thibaud, corresponsal en España de la
revista francesa L’Express, y Manu Marlasca, jefe de investigación de La Sexta, celebraron un debate de gran altura,
en el que cada una de las intervenciones aportaba un dato diferente y
contrastado; en el que, a diferencia de las tertulias al uso, cada frase tenía el rigor del conocimiento del experto; en el que se deslizaban datos que
enriquecían el debate y orientaban al espectador; en el que hasta el lenguaje
era de una exquisitez propia de académicos; en el que -¡milagro!- los
tertulianos no se interrumpían ni hacían muecas de descalificación de lo que
otro exponía; en el que nadie elevaba la voz; en el que no se levantaba el
brazo para reclamar un turno por alusiones; en el que, en definitiva, unos
expertos hablaban solo de lo que sabían, y verdaderamente era mucho lo que
sabían. El debate se completó con una conexión con el coronel Pedro Baños, experto
en lucha antiterrorista, y con las opiniones de Jorge Verstrynge profesor
universitario, politólogo y geopolítico franco-español.
Frente a tanto opinador de ocasión, frente al simplismo de
tertulianos que acuden a los programas con el único afán de “hacer caja”, frente a tanto sectarismo
y manipulación, La Sexta Noche del sábado
en lo que se refiere al tramo aquí comentado (el programa es un contenedor de casi seis horas) fue una especie
de sueño que nos trasladaba al mejor periodismo que uno recuerda en su más de
medio siglo de ejercicio del más bello oficio del mundo.
Además, la dirección del programa tuvo el acierto –o acaso fuera la casualidad- de frente
a una hora de excelencia que pareció un minuto, llevarnos a antena una segunda
tertulia en la que se incorporaron lo peor de los debates de nuestras
televisiones: Eduardo Inda, periodista de conspiración, intoxicación y
manipulación; Francisco Marhuenda, ex jefe de gabinete de Mariano Rajoy en los
ministerios de los que fue titular el hoy presidente en funciones durante los
gobiernos de Aznar, y cuyo sectarismo “rajoyista”
solo es comparable a su excelente formación; y Javier Sardá, símbolo de la
telebasura del pasado, que ahora lava refugiado en las tertulias en las que
tiene un atropellado y confuso discurso desde legítimas posiciones de izquierda
o, si se prefiere, de antiderecha. A ellos se
sumó también el periodista Ignacio Escolar, director de eldiario.es, que es el permanente contraste
del profesional independiente frente a la manipulación y militancia que tanto
se lleva ahora en este oficio. Pero Ignacio pudo hablar poco, como siempre,
permanentemente interrumpido por las muecas de Marhuenda y los gritos de Inda.
Digo bien que fue un acierto de la dirección del programa
incorporar al debate anterior a Marhuenda, Inda y Sardá porque el contraste fue
abrumador. Parecía que hubiéramos cambiado de canal sin darnos cuenta… o que volvíamos
a lo peor de cada La Sexta Noche: a la jaula de grillos, al patio de vecindad en que se convierte el plató con estos
tertulianos. Ante tanto comentario improvisado, ante tanta falta de rigor, ante tanto desconocimiento, opté por recrearme viendo las caras de Cembrero, de Gil, de Cécile
y de Manu. Tengo grabada en la retina la sonrisa de sorpresa y vergüenza ajena (una especie de “pero qué está diciendo éste…”) de la periodista francesa Cécile Thibaud ante una intervención de Sardá... y la mueca de Cembrero cuando Marhuenda tuvo la ocurrencia de calificar a Putin de patriota...
Para completar el abrumador contraste, después de que Marhuenda, Inda y Sardá se liaran con los orígenes de la segunda
guerra mundial y lo mala que según Marhuenda dice la izquierda que es la
derecha y lo perverso que es Bush (Marhuenda dixit también) y referencias -¡otra vez!- a “los de las Azores” y Hitler y, claro, Irak, volvieron a intervenir Cembrero, Gil, Cécile
y Manu aportando datos, cada uno de los cuales por sí solo era una noticia: los lobos solitarios, los yihadistas exprés, el ejemplo de
la eficacia policial española en la lucha contra el yihadismo, el número –de 500 a 1.000- de yihadistas que han
vuelto de su entrenamiento en el Isis y que viven en Francia, la necesidad de
la coordinación de los servicios de inteligencia de Europa, el lamentable papel
de las monarquía saudí, lo fácil que para un camionero es atentar con un camión y lo difícil que para cualquier
Estado es parar un camión como el que
mató a 84 personas el pasado jueves en Niza, la estrecha vigilancia (monitorización le llamó Manu) a que
están sometidos el par de decenas de yihadistas que viven en España; las nuevas
medidas de protección (chalecos antibalas especiales) de la policía española ante
las armas que utilizan los yihadistas.Y por primera vez en la historia de La Sexta Noche los Inda, Marhuenda y Sardá callaron no diría yo que respetuosamente, sino más bien avergonzados si es que les queda alguna capacidad de autocrítica de la que quizás algún día tuvieron.
En definitiva, si la primera hora de La Sexta Noche fue una lección de
periodismo que nos regalaron a la audiencia quienes debatían sobre lo ocurrido
en Niza, la segunda hora fue también una lección para los “tertulianos de fortuna” que si solo hablaran de lo que saben, en
las televisiones españolas se produciría un sepulcral silencio.
jueves, 16 de junio de 2016
Una baronesa y dos hermanas
Cunde el desaliento, la sensación de
derrota en Hermosilla 112, sede del desmoronado Corte Inglés. Y es que los
datos son tozudos: se llenan la red y muchos diarios de noticias sobre la mala
situación de El Corte Inglés -quién te ha
visto y quién te ve, imagen hecha cenizas de la que en otro tiempo fue empresa
de referencia- mientras competidores como la Inditex de Zara aportan día a
día titulares de una trayectoria cada vez más exitosa y más inalcanzable. Si
durante décadas, El Corte Inglés solo era protagonista de noticias positivas,
desde la llegada de Diego Copado a la dirección de Relaciones Externas ni
siquiera se ha diseñado una política informativa que canalizara de distinta
forma la evidente crisis en que Isidoro Álvarez dejó sumida la empresa a su muerte
porque a la económica que sufría Europa se unía la de una gestión errática con
decisiones estratégicas absolutamente equivocadas y una deuda galopante.
La
delicada situación le supuso a El Corte Inglés, para empezar, tener que vender
al Santander la mayoría de la financiera; para seguir, el famoso crédito
sindicado de casi seis mil millones de euros; y para terminar la llegada de un
jeque árabe al Consejo de Administración no como comprador de un 10 por 100 del
capital de la empresa (El Corte Inglés no
cotiza en Bolsa), sino como prestamista a cambio de un paquete de acciones
que le convierte en un consejero decisivo, mucho más con sus antecedentes, que
incluyen la propiedad de los míticos almacenes londinenses Harrods.
Ya no está Diego Copado en Relaciones
Externas (conocido como “pollito
veloz” ha sido tan fulgurante su viaje a
las alturas como su caída en picado hasta la calle), pero su política de “tierra quemada”, su empeño en destruir
el inigualable pasado en vez de construir el futuro tienen como resultado lo
que vemos cada día en las páginas de los periódicos o en los diarios digitales
La típica paz social característica
de una empresa que tuvo más de 100.000 empleados ha sido sustitutida por un
casi “sálvese quien pueda”, con unas
bajas incentivadas en determinadas condiciones de edad y antigüedad, para las
que hay “cola” de candidatos hasta el
punto de que se ha tenido que ampliar el plazo para acogerse al plan de
prejubilaciones,
Y la paz accionarial, santo y seña de
la empresa desde su fundación, en la que el Consejo estaba formado por
familiares de los fundadores, con la incorporación posterior de fieles
ejecutivos, saltó hecha añicos a las pocas horas del entierro de Isidoro
Álvarez, en una guerra en la que se han cruzado expulsiones del consejo,
demandas judiciales, denuncias de acoso laboral y una guerra sin cuartel entre
las conocidas como “las nenas” (las
dos hijas herederas de Isidoro Álvarez) y su primo Dimas Gimeno, también
heredero y presidente ejecutivo de El Corte Inglés. El diario digital
Hispanidad, que suele anticipar muchas informaciones sobre los grandes
almacenes, afirma que Gimeno dedica la mitad de su tiempo a gestionar la
empresa que se va dejando jirones de su prestigio y, lo que es peor, de su
cuenta de resultados, mientras la otra mitad de su jornada lo dedica a sortear
las conspiraciones y los ataques de las dos hermanas, consejeras de la Casa y
de la Fundación Areces por la gracia de su padre adoptivo.
Para colmo la cuenta de resultados
del Inditex de Zara y la de Mercadona, que hablan por sí solas de su exitosa
trayectoria sin endeudamiento alguno y con abundante liquidez, contrasta con
las noticias negativas sobre El Corte Inglés y las tremendas críticas sobre las
decisiones que toman las dos hermanas. Y por si no fuera suficiente el
contraste con la noticia del espectacular aumento de ventas y beneficios de
Inditex y la llegada de Zara a nuevos países, la empresa de Amancio Ortega acaba
de anunciar el nombramiento como consejera de la baronesa Patricia Kingsmill (en la foto), miembro permanente de la
Cámara de los Lores británica, antropóloga y economista por la universidad de Cambridge,
con formación también en Derecho y Políticas, feminista activa, autora de un
estudio sobre la anorexia para el British Fashion Council y, entre otras muchas
actividades, autora de artículos sobre gestión empresarial.
Frente al deslumbrante curriculum de
la nueva consejera de Inditex, El Corte Inglés a duras penas puede rellenar un
par de líneas para explicar el pasado académico y empresarial de las hermanas
Álvarez Guil, que junto a la Fundación Ramón Areces, que también controlan,
suman prácticamente la mayoría del consejo de los grandes almacenes. Marta, la
mayor, es licenciada en Derecho y trabajó en la prestigiosa casa de subastas
Sotheby’s. De Cristina, la pequeña, desconozco si tiene alguna titulación
universitaria; pero con ocasión de su nombramiento como consejera de El Corte
Inglés, la empresa publicó que había trabajado en la empresa de su marido,
Iñaki Álvarez-Valdés, dedicada al intercambio de estudiantes en el extranjero,
antes de incorporarse a un puesto en las oficinas de la empresa en la que ya es
propietaria y consejera.
Entre el resto de consejeros de El Corte
Inglés también resulta imposible encontrar a alguien con la experiencia de la
baronesa Kingsmill, si exceptuamos a Manuel Pizarro, que en teoría prepara la
salida a Bolsa de la empresa y fichado por Isidoro Álvarez un año antes de su
muerte. Y los demás puestos del Consejo están ocupados por un jeque qatarí
prestamista, gestores que gestionan tal que así y se lo siguen llevando crudo a
los ochenta años, las distintas familias Areces a bronca limpia y las dos
herederas que, como se ve, tienen un curriculum algo más limitadito que el de
la baronesa.
martes, 31 de mayo de 2016
García vuelve a Onda Cero
Sigo con
atención el proceso del fichaje de José Ramón de la Morena (“El Larguero”, de
la SER) por Onda Cero. Trataría así la cadena de Atresmedia de neutralizar los
efectos de la salida de Carlos Herrera de su parrilla que, de hecho, le ha
supuesto la pérdida del segundo puesto en audiencias de las radios españolas.
Subsanaría también el fichaje del comunicador, como se dice ahora, el histórico error del entonces presidente de Onda Cero,
González Ferrari (hijo de Antonio González Calderón y como tal paradigma del deterioro de la raza) de no hacerse con el
equipo de Carrusel Deportivo de la SER comandado por Paco González, Pepe
Domingo Castaño y Manolo Lama, cuando hace seis años abandonó la cadena de
Prisa y acabó fichando por la de los obispos. Pero una vez expuestos los probables
efectos del que sin duda será el fichaje de la próxima temporada radiofónica,
como la anterior fue el de Carlos Herrera, trato de explicar la frase que da
título a estas líneas: García vuelve a Onda Cero.
No me refiero a la posible
entrevista que ya ha anunciado José Ramón de la Morena con el hombre al que el
periodismo deportivo y la radio deben más en nuestro país y al que tanto el conductor de El Larguero como
su equipo de entonces apalearon hasta abatirlo en la audiencia de los
programas deportivos de la medianoche, bien es cierto que contando la SER con el
llamado antenicidio, aquel golpe de
mano de Polanco y sus mariachis que
supuso la voladura controlada de la cadena que había tenido la osadía de
superar a la de Prisa liderando las audiencias en España. Con el golpe de mano,
la SER sumaba las casi 150 emisoras (los”postes” decimos en el argot) de
Antena 3 de Radio y se cargaba esta cadena. Desde entonces la SER viene
liderando las audiencias de radio en España merced a ese aumento del número de postes además de la indiscutible calidad
de sus programas. Y García fue mucho más que un símbolo de aquella Antena 3 de
Radio, como antes lo había sido en la mítica Hora 25 de la SER, que, como Antena
3, creó Manuel Martín Ferrand que a no
pocos nos ha dejado huérfanos con su temprana desaparición.
Fue una
compañera de aquella Antena 3 de Radio, a la que luego encontré felizmente en
otras aventuras profesionales, la que con su envidiable capacidad de análisis
me respondió cuando todavía en pleno éxito de García le dije que escuchara
con atención “El Larguero” porque,
con unos modos que eran antítesis de los utilizados por García, a mí me parecía que amenazaba su liderazgo. “Es otro
García”, me respondió con la contundencia de quien tiene formado un juicio
tan sólido y maduro como certero… Lo discutimos durante mucho tiempo, pero el
juicio de la compañera se iba imponiendo conforme José Ramón de la Morena avanzaba
y García, ya en Onda Cero tras su paso por Cope, retrocedía, hasta que el primero ocupó el liderazgo con la cooperación
necesaria del antenicidio, como queda
escrito.
La
realidad era que el supuesto humor revestido de un cierto paletismo de De la Morena frente
al más ácido de García; el supuesto espíritu de equipo del primero frente al personalismo del ya veterano de la “Hora Cero”; el
supuesto respeto del “paleto de Brunete” frente
a la falta del mismo del apodado “butanito”;
la supuesta humildad del conductor de El
Larguero frente a la soberbia del creador de las noches radiofónicas
deportivas, entre otras muchas y siempre supuestas diferencias, formaban parte
de una estrategia, que incluía también francotiradores, porque colaboradores de De la Morena hubo que llegaron incluso a
descalificar a García llamándole… ¡viejo! porque se acercaba ya a los sesenta años mientras los De la Morena boys no pasaban de los 35…
Y cuando los aciertos informativos de De la Morena, el repetido antenicidio y
también los errores de García le dieron el liderazgo a José Ramón, éste se reveló efectivamente como otro García en el que se imponían la falta de respeto, incluso los insultos, su
prepotencia con desprecio hacia compañeros, las bestias negras, esa especie de dictadura
de la que formaba parte la amenaza que para directivos o dirigentes deportivos más que para deportistas suponía enfrentarse al líder… La única
diferencia es que el “pablo, pablito,
pablete,,,” de García en referencia a Pablo Porta, presidente entonces de
la Federación de Fútbol, era sustituido por las descalificación de Villar con
otros epítetos… El “se bebe hasta el agua
de los floreros” era sustituido por “tiene
el dinero por castigo” o el “tiralevitas,
abrazafarolas o chupópteros” de García tenían también sus sinónimos en El Larguero.
Así que
ahora, en su momento más próximo a García, José Ramón de la Morena se va a
Onda Cero…, años después de que García la abandonara para encaminarse a un dorado retiro del que de vez en cuando emerge con sus habituales estridencias. No es casualidad que el director general de la cadena haya reunido a
De la Morena y a Javier Ares, que hace las tardes/noches deportivas de sábados
y domingos en la cadena de Atresmedia, para garantizarse una necesaria paz
porque Ares, mayor que De la Morena, conserva una independencia que altera el
ecosistema del mando absoluto y el conmigo o contra mí que el chico de Brunete impone, una vez más
como hacía García.
Algunos de
los que siguen en Onda Cero, como aquella compañera de tan sólidos, fundamentados
y certeros juicios, se echarán a temblar ante la vuelta de García en versión
ahora de José Ramón de la Morena. Y está por ver, por cierto, si sin los postes
del antenicidio, el chico de Brunete
–ya no tan chico- sigue con más audiencia que Larrañaga o Corrochano, que cada medianoche
dan en Cope una lección de cómo hacer un programa deportivo sin “delamorena,
delamorenita, de la morenete” ni “garcía, garciíta, garcíete” y sin necesidad
de abrazar farolas, lamer culos, tirar de levitas, beberse hasta el agua de los
floreros, tener el dinero por castigo o descalificaciones de compañeros como
escuché a De la Morena tan solo unos días antes de su muerte la del compañero
Gaspar Rosety, referencia de los narradores de fútbol de nuestro país, aunque
ya, como diría la guerrilla de Brunete, un
poco viejo.
domingo, 22 de mayo de 2016
El Corte Inglés suelta lastre
“El más elemental
resumen de prensa de los dos últimos años hablaría por sí solo porque sería
difícil encontrar algunas referencias o noticias positivas de El Corte Inglés,
cuando a lo largo de la historia ha sido justamente al revés. Y no se entienda
esta afirmación como una simple impresión, porque según el Monitor Empresarial
de Reputación Corporativa los grandes almacenes ocupan el segundo lugar en el
ránking histórico, pero han descendido hasta el ¡vigésimo
puesto! en el de este año
2015. Y el Monitor Empresarial se elabora con un enorme rigor, lo que
convierte sus datos en una referencia indiscutible… Más concretamente, la
clasificación en la que El Corte Inglés ha sufrido el mayor varapalo de su
historia en la materia fue elaborada con la participación de 1.260 miembros del
comité de dirección, 949 expertos, más de 4.000 ciudadanos, 10.134
trabajadores, 806 estudiantes universitarios, 867 alumnos de escuelas de
negocio, 101 responsables de Relaciones Humanas y 91 headhunters.
Precisamente
por todo ello tampoco se explica que, coincidiendo con la ceremonia de la
entrega de los premios Merco, el actual dircom de El Corte Inglés hiciera la
siguiente declaración, publicada por el diario en el que se celebró el acto: “Son sobre todo los clientes los que respaldan el
modelo reputacional y la trayectoria de las empresas” , lo
que es rigurosamente cierto, pero solo lo puede decir el responsable de
comunicación de una empresa que del segundo lugar ha descendido al vigésimo si
la afirmación va acompañada de su dimisión o si en el minuto siguiente recibe
la carta de despido. Si no fuera por la gravedad de la situación, la
explicación del dircom de El Corte Inglés podría incluso ser tachada de
frivolidad”.
No es mi
costumbre autocitarme, pero la mejor explicación del cese del director de
Comunicación y Relaciones Externas de El Corte Inglés, Diego Copado, se encuentra en los párrafos
que escribí hace casi un año en este mismo blog y que reproduzco
entrecomillados. No presentó nunca la carta de dimisión, pero diez meses
después de sus frívolas declaraciones ha sido cesado de forma fulminante,
abandonado ya definitivamente por quienes, a cambio de cómplices silencios, lo
mantenían contra viento y marea y, sobre todo, a costa del deterioro de la
imagen de una empresa que durante medio siglo se creó una reputación en los medios
de comunicación y en consecuencia en la opinión pública, que llegó a estudiarse
en las más prestigiosas escuelas de negocio.
En la mayor
parte de ese medio siglo, la dirección de comunicación y relaciones externas
estuvo en manos de Ángel de Barutell Farinós, que consiguió la casi imposible
combinación de mantener la lealtad a los dos presidentes con los que trabajó
(don Ramón Areces e Isidoro Álvarez) y por supuesto a la empresa y ser honrado
y creíble interlocutor de todos los medios de comunicación de nuestro país, en
los que todavía se mantiene la memoria .y en muchos casos la relación personal-
de este dircom como el mejor de los que se han conocido.
De su
integridad personal y profesional es buena muestra que cuando El Corte Inglés
contrató a Diego Copado como futuro sucesor de Ángel de Barutell, éste le pasó
toda su agenda y viajó con él por toda España presentándole a decenas de
personas para que se mantuviera la misma línea de colaboración con el nuevo dircom
que tenían con él. Soy testigo privilegiado de esta práctica, puesto que en su
día fui uno de los convocados por Ángel de Barutell para compartir un almuerzo con
Diego Copado, que durante aperitivo, primer plato, segundo plato, postre y
café (que yo procuré acortar lo más
posible) no dejó de hablar de sí mismo, poco menos que atribuyéndose el éxito
de la expansión internacional de Inditex con su marca emblemática Zara, en la
que había trabajado… hasta que Pablo Isla llegó como consejero-delegado y lo
cesó. Lástima que en aquella estomagante comida (era indigerible el “plato
Copado” incluido en el menú) no tenía yo las referencias, que supe luego, del
entusiasmo con el que en Inditex fue recibido su cese.
El caso es
que, cinco años después de aquel almuerzo Diego Copado fue nombrado director de
Relacione Externas de El Corte Inglés. Durante esos cinco años, contó con ela tutela, la colaboración y hasta la protección de Ángel de Barutell hasta que…
le dio la alternativa y le pasó los trastos. A partir de ese momento, Diego
Copado se empeñó en demoler la obra de su antecesor sin percatarse de que el
trabajo realizado hasta entonces era lo que podía sostenerle a él.
La crisis y
las propias dimensiones de El Corte Inglés (los gigantes son lentos también en
sus estertores de crisis) han dilatado el cese de Diego Copado y el “pollito
veloz”, como se le apodó hace tiempo por algunos de los despachos de la sede
central de Hermosilla, es ya triste historia de una empresa, cuya reputación se
encargó de dilapidar con tanto empeño. Con su cese, El Corte Inglés
suelta un lastre que ha hundido su imagen hasta profundidades de las que no va
a ser fácil emerger. Este diplomado en ADE por el Ceu, máster de Aedem y
presunto máster de la George Mason University de Washington (este título no
está acreditado), ex auxiliar administrativo de Técnicas Reunidas, ex vendedor
de productos financieros del BBVA, ex analista de Eurocofin y ex director de
relaciones externas de Inditex, es ya historia, triste historia y protagonista
de la crisis de El Corte Inglés.
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