sábado, 18 de julio de 2015

Los almacenes Harrods "toman" El Corte Inglés

Mientras en sectores empresariales hay gran inquietud ante la toma de un 10% del capital de El Corte Inglés por el inversor qatarí Hamad Bin Jassim Bin Jaber Al Thani,  los medios españoles, que deben continuar bien engrasados por la empresa que es uno de los primeros anunciantes de nuestro país, saludan la operación como un enorme éxito. Hay una excepción, la del digital Hispanidad, cuyo director, Eulogio López, la ha descrito con tanta precisión como crudeza. Y hay que empezar por decir que, lejos de suponer para El Corte Inglés una extraordinaria venta (el qatarí habría pagado 1.000 millones por el 10% del capital), se trata en realidad de la suscripción de una emisión de bonos convertibles a tres años con interés del 6,7%, determinadas garantías entre las que figura la de que en ese plazo El Corte Inglés tiene que estar en Bolsa (todavía no cumple las condiciones para ello) y que en caso de ser incumplidas, tendrá un tipo marginal de penalización. Además, si el inversor quiere realizar la conversión recibirá su 10% en acciones de la autocartera que fueron adquiridas en su momento a un precio un 37% más alto que lo que pagaría el inversor. En román paladino, El Corte Inglés ha obtenido un crédito de mil millones enmascarado con una supuesta inversión cuando se trata de una típica operación de fondos de capital riesgo para empresas en apuros. Es decir, como señala en su cruda información Eulogio López, “emitir deuda para solventar un problema de deuda, y en esas condiciones tan favorables para los qataríes, no parece una buena idea”. Porque no se olvide que este crédito (llamemos a las cosas por su nombre) se suma al sindicado de casi cinco mil millones obtenido hace un año, lo que puede llevar a la sospecha de que, a lo peor, los bancos han cerrado el grifo al que otro tiempo fuera poderoso El Corte Inglés.
Necesitada la famosa marca España de noticias positivas, los medios, como he escrito al comienzo de estas líneas, han saludado con entusiasmo lo que se ha presentado como una gran inversión de un multimillonario qatarí. Y alguno se pasa de entusiasmo y escribe incluso que, aprovechando la supuesta inyección de los mil millones, El Corte Inglés se dispone a iniciar una expansión a México y Perú y a rescatar el antiguo proyecto de implantarse en Italia, más concretamente en la capital lombarda, Milán. Pero se adivina detrás de la información a algún portavoz de la empresa, que hace tiempo viene modificando la gestión de las relaciones externas e institucionales y cuya primera consecuencia ha sido el desmantelamiento de la imagen y reputación de El Corte Inglés construidas durante casi medio siglo. El más elemental resumen de prensa de los dos últimos años hablaría por sí solo porque sería difícil encontrar alguna referencia o noticia positivas de El Corte Inglés, cuando a lo largo de la historia ha sido justamente al revés. Y no se entienda esta afirmación como una simple impresión, porque según el Monitor Empresarial de Reputación Corporativa los grandes almacenes ocupan el segundo lugar en el ranking histórico, pero han descendido hasta el ¡vigésimo puesto! en el de este año 2015.  Y el Monitor Empresarial se elabora con un enorme rigor, lo que convierte sus datos en una referencia indiscutible (por cierto, el primer lugar de reputación corporativa es para Inditex/Zara, la bestia negra de Isidoro Álvarez, anterior presidente de El Corte Inglés, desaparecido hace algo menos de un año). Para hacerse una idea de este rigor, en quince años desde su creación, el Monitor Empresarial se ha convertido en uno de los monitores de referencia de todo el mundo y el único cuya metodología “multistakeholder” está compuesta por cinco evaluaciones y doce fuentes de información. Más concretamente, la clasificación en la que El Corte Inglés ha sufrido el mayor varapalo de su historia en la materia fue elaborada con la participación de 1.260 miembros del comité de dirección, 949 expertos, más de 4.000 ciudadanos, 10.134 trabajadores, 806 estudiantes universitarios, 867 alumnos de escuelas de negocio, 101 responsables de Relaciones Humanas y 91 headhunters.
Precisamente por todo ello tampoco se explica que, coincidiendo con la ceremonia de la entrega de los premios Merco, el actual dircom de El Corte Inglés hiciera la siguiente declaración, publicada por el diario en el que se celebró el acto: Son sobre todo los clientes los que respaldan el modelo reputacional y la trayectoria de las empresas” , lo que es rigurosamente cierto, pero solo lo puede decir el responsable de comunicación de una empresa que del segundo lugar ha descendido al vigésimo si la afirmación va acompañada de su dimisión o si en el minuto siguiente recibe la carta de despido. Si no fuera por la gravedad de la situación, la explicación del dircom de El Corte Inglés podría incluso ser tachada de frivolidad; lo mismo que calificar de gran operación  la compra en subasta por 136 millones del solar de Adif que ocupa actualmente un aparcamiento frente a los grandes almacenes de Castellana, con una puja por el doble de lo ofertado por la segunda propuesta “para impedir –se empeñó alguien en difundir- que fuera adjudicado a Zara”, cuando al parecer Inditex ni siquiera acudió a la subasta. Como escribí con aquella ocasión, Amancio Ortega, creador de Inditex y empresario de indiscutible éxito sin operaciones de crédito ni dircom imprudentes (por cierto, el actual de El Corte Inglés trabajó alguna vez en Inditex), prefiere ver la caída del gigante desde lo más alto de la Torre Picasso, que es una de las inversiones del propietario de Zara a través de su sociedad inmobiliaria Pontegadea. Y quién sabe si alguno de los brillantes estrategas comerciales que tiene Inditex filtró oportunamente el supuesto interés por el solar de Adif para levantar una tienda frente a El Corte Inglés de Castellana, y alguien picó el anzuelo en la empresa que hoy preside Dimas Gimeno.
Habrá que estar atentos al estudio encargado al despacho multinacional de abogados Baker & McKenzie, donde trabajó Manuel Pizarro hasta que fue contratado como asesor del presidente de El Corte Inglés y nombrado consejero. El estudio ha de contemplar el cambio en los estatutos de la Compañía y en el reglamento del Consejo, con su ampliación a quince miembros, todo lo cual supone también una profunda transformación del gobierno corporativo de El Corte Inglés y lógicamente de toda la estructura de la dirección y de su modus operandi. Si hasta hoy el nuevo presidente, sobrino de Isidoro Álvarez, al que sucedió a la muerte de éste el pasado septiembre, ha intentado imponer su estilo personal a una empresa anquilosada y que durante los últimos años cometió tremendos errores estratégicos, parece que definitivamente se ha dado cuenta de que con ese modelo de gestión la compañía, su imagen y su reputación son insostenibles, y todavía habrá que ver en qué términos se sostiene a partir de poner en práctica el estudio que elabora Baker & McKenzie. Pero no es posible seguir leyendo en la incontrolable Red cosas como la expresión “eres más antiguo que El Corte Inglés” ni tampoco continuar la práctica de puertas giratorias (y para colmo en ocasiones a través de la Fundación Ramón Areces y sus actividades) o ver publicado en los periódicos cómo uno de los beneficiados por el sistema de puerta giratoria continúa en la dirección de la compañía después de haberse aprovechado de las “black” de Cajamadrid (bien es cierto que utilizándola en gran porcentaje en el mismo Corte Inglés, lo cual desde luego no es atenuante) o, en fin, cómo uno de los grandes espacios culturales que El Corte Inglés tiene es dirigido por un individuo que llegó ahí después de la destrucción de una edición completa de un libro sobre la historia de los grandes almacenes y procedente de… la editorial que lo había editado y que lo destruyó antes de ponerlo a la venta, con lo que se ganó el título de “torquemada”…, aunque es verdad que entre sus actividades literarias figura un edulcorado artículo escrito con ocasión de la muerte de Isidoro Álvarez, en el que confiesa que con el mismo nombre tuvo dos presidentes, “y ambos transformaron España” (sic): Felipe González, que utilizaba ese alias durante su época de clandestinidad en los años finales de la dictadura, y, claro, Isidoro Álvarez.
Pero estómagos agradecidos y puertas giratorias al margen, volviendo a la noticia que tanto inquieta en sectores empresariales de nuestro país, no deja de ser paradójico que, de momento, el 10% del capital de uno de los grandes arietes de la marca España haya caído en manos del inversor qatarí propietario también de los londinenses y míticos Harrods (“de un alfiler a un elefante”). Y escribo bien el calificativo de paradójico, porque una de las leyendas sobre El Corte Inglés que escuché en varias ocasiones es que, en tiempos de Don Ramón Areces (todos los empleados, directivos y consejeros  le ponen el “don” delante al citar su nombre, al contrario de lo que sucede con Isidoro Álvarez), una delegación de Harrods visitó la empresa, varios de sus centros comerciales, su centro logístico en la Comunidad de Madrid y los talleres Induyco (hoy desaparecidos con ventajosas condiciones para su personal y sin el menor ruido, al contrario de lo que ocurre ahora). Al parecer, los almacenes londinenses tenían la intención de instalarse en España y querían comprobar la competencia que les esperaba. Cuando vieron el modelo de producción, distribución y gestión, le dijeron a sus anfitriones: “Son ustedes la mejor empresa de distribución que hemos conocido en el mundo. La competencia se nos antoja imposible”. Si levantara la cabeza don Ramón y viera al dueño de Harrods sentado en el Consejo de El Corte Inglés…

miércoles, 24 de junio de 2015

Señora Presidenta...

Como le decía ayer a una colega con la que estaba comentando su discurso de investidura, he llegado a una edad en la que solo sucumbo al entusiasmo después de una reflexión y un análisis sosegados. Y he de decirle de inmediato, señora Presidenta, que durante la hora y media de su discurso de ayer y durante las réplicas que hoy ha dado a los demás grupos de la Cámara regional, ha construido usted una magnífica pieza de perfecta arquitectura, cimentada en la mayor autocrítica salida de las filas del Partido Popular por la corrupción que, como he escrito en numerosas ocasiones, el PP ha convertido en un sistema de gobierno: “El 24 de mayo se abrió un tiempo nuevo de la política; las urnas nos dijeron alto y claro que había cosas que no se estaban haciendo bien. Y que la política y corrupción no pueden ir jamás de la mano… Estamos para servir a los ciudadanos, no para servirnos de ellos”, dijo usted con rotundidad y con el tono que ha utilizado en estos dos días que transmite credibilidad por los cuatro costados. Pero esas 52 palabras que ahora reproduzco han golpeado como directos en las mandíbulas de quienes permitieron durante el populista período del “aguirrato y su delfín”de los gürteles, de los púnicos, de las telesperanzas, de los consejeros sin cartera –pongamos que hablo del ínclito Arturo Fernández-, del reparto caprichoso de la publicidad institucional, de los inexplicados pero explicables enriquecimientos, de las concesiones de canales de televisión por servicios prestados... Los 52 directos habrán supuesto, como poco, un “knock down” que suele ser siempre el preámbulo del K.O., mucho más en este caso en que me temo que no hay posibilidad de la famosa “cuenta protectora” que permite el reglamento del noble arte del boxeo.
Pero eso es solo y nada menos que la principal razón para la regeneración democrática que se dispone usted a emprender, si no ha emprendido ya, porque su limpísima e impecable trayectoria tanto en las ocho legislaturas durante las que ha sido diputada regional como durante los tres años largos que ha desempeñado el cargo de Delegada del gobierno en la Comunidad de Madrid se lo permiten, empezando –y usted misma ya lo ha dicho- por la tan necesaria como exigible auditoría de lo que ha pasado en la Real Casa de Correos y sus tentáculos durante los años del aguirrato.
Sé, señora Presidenta, que los compromisos de su investidura no se van a convertir ni en sugerencias ni en papel mojado ni en imposibles provocados por una herencia recibida que estaba en el fondo del cajón. Sueño, señora Presidenta con ese gobierno y esa Asamblea regionales carentes de descalificaciones, sin gritos ni aspavientos, sin miradas al tendido animando a “los del siete” para que monten la bronca a la oposición y pidan la oreja para el gobierno.
Sueño, señora Presidenta, con la Política con mayúsculas, cuyo primer mandamiento, como usted anticipó ayer, es conjugar el verbo pactar. Y con un gobierno transparente sin sectarismos. Sé, en fin, que todo cuanto expuso en su discurso de ayer tiene la carta de naturaleza de un compromiso irrenunciable que está en su ADN. Y que no entienda nadie la expresión como metáfora, porque eso lo aprendió usted de su padre, general de Artillería que murió hace unos meses seguro de que, si finalmente el partido la designaba como candidata a la Comunidad de Madrid, sería para usted un servicio más que prestar a la sociedad (otra enseñanza de su padre), porque así es como concibe usted la política.
(Aviso a navegantes: Disfrutando yo ya del júbilo que Rajoy y su programa de salvación de la banca me han ido recortando, conocí personalmente a Cristina Cifuentes, que tuvo la gentileza de invitarme a un almuerzo que celebramos mano a mano en su despacho con su directora de Comunicación, Marisa González, como nexo entre los dos y perfecta organizadora. De aquél encuentro yo salí convencido de que si, como se comentaba ya entonces, Cristina Cifuentes acababa siendo candidata del Partido Popular a la presidencia de la Comunidad de Madrid, el gobierno regional no sería patrimonio ni trampolín de nadie, sino de los madrileños, y tendría una presidenta dedicada al ciento por ciento a su tarea y no a otros cálculos, otros proyectos u otras conspiraciones… Una presidenta del siglo XXI y para el siglo XXI con unos principios irrenunciables, sean o no políticamente correctos y coincidan o no con los que en cada momento convenga estratégicamente a su partido)
Con su discurso, como antes con su impecable campaña electoral, en la que puso tanto empeño como elegancia en sortear zancadillas, ha abierto usted, señora Presidenta, un enorme horizonte en el que los jóvenes, las mujeres y los parados de larga duración tengan oportunidades; en el que la Sanidad y la Educación no tenga que reivindicar con mareas lo que la Constitución garantiza; en el que las becas y la reducción en los importes de las matrículas universitarias acudan a la salvación de muchos cerebros que han tenido que abandonar la Universidad o matricularse por asignaturas en vez de por cursos; en el que los impuestos dejen de ser una asfixia para los más débiles; en el que nos vayamos acercando a la universalidad del cheque guardería; en el que, en fin, se combata el hambre sobre todo de los niños y la mendicidad no negándola o escondiendo a los mendigos, sino con políticas que permitan alimentar a los pequeños y dar refugio a los marginales de la sociedad.
Sé también, señora Presidenta, que el apoyo de Ciudadanos ha permitido su investidura, pero se equivocarían si exhiben como un triunfo del joven partido el espléndido programa que usted expuso en su discurso. Déjeme, señora presidenta, decirle a Alberto Rivera y los suyos que su mérito no ha sido imponer un programa, sino sumarse al que usted tiene. 

viernes, 5 de junio de 2015

Una exigencia que parece una excusa

Empieza a urgir una explicación de Ciudadanos sobre su inflexible actitud en las negociaciones con Cristina Cifuentes para alcanzar un pacto para la presidencia de la Comunidad de Madrid. La inflexibilidad del partido de Alberto Rivera, su expresión de permanente sospecha sobre la fiabilidad de la candidata del Partido Popular o, lo que es peor, sobre su debilidad,  esa especie de órdagos que se van sucediendo sin solución de continuidad dan la impresión de que lo que el presidente de Ciudadanos busca es la excusa que le permita cumplir un compromiso adquirido, que solo puede ser un acuerdo ya alcanzado con la candidatura socialista de Ángel Gabilondo.


Porque si con su trayectoria no fuera suficiente, Cristina Cifuentes viene demostrando que nada tiene que ver con la corrupción que se había instalado poco menos que como sistema de gobierno en la Comunidad de Esperanza Aguirre y sus herederos. Pretender ahora que, como prueba de compromiso, las condiciones que impone Ciudadanos para apoyar a Cifuentes sean firmadas por Esperanza Aguirre suena más a excusa que a desconfianza. De sobra sabe Rivera que la todavía presidenta de los populares madrileños no va a facilitar el camino a la que primero despreció como compañera de ticket electoral y de la que sabe que, después de haber sacado más votos que ella en la ciudad de Madrid, es una sólida candidata a encabezar la refundación y/o la regeneración del Partido Popular.

Ni siquiera haría falta que Esperanza Aguirre firme el compromiso que exige Alberto Rivera. A mi juicio bastaría con que, por fin, la autoproclamada lideresa le preste un servicio a su partido al que, por cierto, debe buena parte de lo que ha sido (lo que es se lo ha ganado a pulso) y presente su dimisión irrevocable y se marche incluso a su casa, sin necesidad siquiera de hacer la “parada” al frente de la oposición en el Ayuntamiento de Madrid. Creo que su partido, los madrileños y Cristina Cifuentes se lo agradecerían.

martes, 26 de mayo de 2015

El otro "ticket" electoral de la Comunidad de Madrid


Ni siquiera haría falta acudir a los datos que publica hoy el diario El Mundo sobre los votos que Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes han cosechado respectivamente en los 22 distritos de Madrid (sólo en Chamberí y Salamanca la autoproclamada lideresa obtuvo más sufragios que su compañera de “ticket” electoral madrileño: siete y cuatro centésimas de ventaja en porcentaje; 630 y 350, respectivamente, en número de votantes) para comprender la verdadera dimensión de la victoria de la ex delegada del Gobierno en la Comunidad de Madrid. Porque a las dificultades que la marca PP presentaba después de tres años y medio de gobierno de Rajoy dedicados a aniquilar a buena parte de las clases medias de este país; a la fortaleza de Podemos y Ciudadanos anunciada por las encuestas y por el resultado de las elecciones andaluzas; a la nunca cómoda cohabitación entre la candidata Cifuentes y el gobierno regional presidido por un frustrado aspirante; al tardío anuncio de la candidatura, que dejaba un escaso plazo de tiempo para la campaña pre-electoral, que había además que reducir en los días que tardó el Consejo de Ministros en nombrar la nueva delegada del Gobierno, a todo ello había que añadir el ninguneo, si no la negación y yo diría que hasta las sutiles zancadillas de la lideresa, más la autoridad (tratándose de Esperanza Aguirre, no en el sentido clásico sino como sinónimo de fuerza) que se desprende de ser presidenta del partido en Madrid.
Gigantesca dimensión la de la victoria de Cristina Cifuentes, cimentada en un trabajo de comunicación de finísima orfebrería obra de la periodista Marisa González Casado, que para quien esto escribe es la gran experta en comunicación política que hay en este país, condición a la que une una capacidad de trabajo a prueba de cualquier exigencia y una lealtad sin límites, acreditado todo ello por una hoja de servicios, es decir de éxitos, que no tiene parangón en la democracia española. Así que cuando anoche, en la tertulia de Hora 25, el colega Emilio Contreras, que fue subdirector de Opinión del diario ABC y que hoy es director de comunicación de una de nuestras grandes empresas, decía que tras la victoria de Cristina Cifuentes estaba el trabajo de Marisa González, “una señora muy lista” (sic) que sabe dónde tiene que acudir una candidata en una campaña electoral, sentí la necesidad de escribir estas líneas, aunque solo fuera para decir que, como más mayor que Emilio Contreras que soy, “yo la vi primero”.
Vaya la justicia –que no el elogio- que hago de Marisa González no en detrimento del excelente trabajo que, primero como diputada regional y luego como delegada del Gobierno en Madrid y finalmente como candidata a la presidencia regional, ha hecho Cristina Cifuentes, sino en todo caso como reconocimiento también del acierto al nombrarla su directora de Comunicación, hasta convertirse ambas en una especie de “ticket” electoral para la victoria.
Porque, no nos engañemos, la comunicación es hoy día fundamental  –y cada vez más- en todas las actividades y mucho más en la política. Pero la mayor parte de los políticos la entienden como un inevitable e incluso molesto departamento que en no pocos casos utilizan para cubrir sus puestos con periodistas afines que lo mismo sirven para hacer unos resúmenes de prensa que para distribuir el “maná” de la publicidad institucional de acuerdo a simpatías, filias y fobias o incluso para escribir los discursos del “jefe” y elogiarlos luego como corresponsal de un periódico (y me refiero al vergonzoso caso del entonces presidente balear y su director de comunicación). Así que, lejos de especialistas en comunicación política, muchos políticos se rodean de gentes que “compran” el ditirambo a cambio de determinadas prebendas o simplemente de un trato de favor (contaba el genial Miguel Ángel Aguilar que minutos antes de la rueda de prensa de ayer de Mariano Rajoy en el Partido Popular, una compañera le dijo que el presidente solo contestaría a tres preguntas de tres medios –Libertad Digital, Tele 5 y El País-, tras lo cual se daría por finalizada la comparecencia del presidente; y, efectivamente, a pesar de que fueron decenas las manos que se levantaron para preguntar a Rajoy, solo contestó a tres preguntas, exactamente las de los medios que la colega había adelantado a Aguilar).
Cristina Cifuentes, sin embargo, ha tenido el acierto de elegir una directora de Comunicación experta en… Comunicación política. Una persona que ha sabido resaltar sus evidentes perfiles positivos, absolutamente permeable a la opinión y a las iniciativas de Marísa González, y consciente de la necesidad de saber comunicar a los madrileños su indiscutible capacidad para ser presidenta de la Comunidad de Madrid.
Cuando hace tres años y medio Alberto Ruiz-Gallardón se fue de la alcaldía de Madrid, quienes sabemos que el éxito de la trayectoria de Gallardón estaba cimentado en buena parte por el trabajo de Marisa González como su directora de Comunicación durante más de veinte años no nos explicamos que no le pidiera que le acompañara al Ministerio de Justicia. Tampoco nos explicamos que la sucesora de Gallardón al frente de la alcaldía, Ana Botella, no contara con Marisa, que prefirió marcharse sin ruido alguno, que es otra de sus virtudes; en su casa estuvo, hasta que Cristina Cifuentes, que la conocía sobradamente aunque nunca la ex delegada trabajó como “cazadora de talentos”, le pidió que se sumara a su proyecto. Dejadme añadir una pequeña maldad: mirad dónde están Gallardón y Ana Botella y dónde están Cristina Cifuentes y Marisa González Casado.

lunes, 18 de mayo de 2015

Traidor Ferrari

Leo sin sorpresa alguna que Atresmedia ha apartado de la gestión de Onda Cero a Javier González Ferrari, que ha presidido la cadena de emisoras durante los últimos catorce años. Según la información, que publica El Confidencial Digital, Ferrari ha traicionado a Onda Cero, cooperando con Carlos Herrera a su salida de esta cadena y a su fichaje por la Cope. Por eso no me sorprende la noticia: la traición está en el ADN de este individuo, como lo está su indiscutible capacidad para la conspiración y también para flotar por turbulentas que sean las aguas en las que se mueve (renuncio a hacer fáciles comparaciones escatológicas).
Cuando, durante la presidencia del gobierno de España de José María Aznar, fue director general de RTVE, le pedía al jefe de gobierno su mediación para promocionarle a un puesto ejecutivo en la empresa privada, “como Saenz de Buruaga, que está ganando mucho dinero en Antena 3 y yo aquí solo gano 20 millones” (el burgalés, que va a dar un nuevo “pelotazo” con un programa en Televisión Española, llegó a ser consejero-delegado de Antena 3, donde se firmó a si mismo un contrato que contemplaba una millonaria indemnización que naturalmente se llevó en cuanto que Telefónica vendió la cadena a Planeta y ésta prescindió de él).
Aznar atendió su demanda y Ferrari apareció un día como presidente de Onda Cero. Y cuando Planeta desembarcó también en la cadena de radio, Ferrari se apresuró a hablar italiano en la intimidad, porque Carlotti era el hombre fuerte de Planeta en Onda Cero (“Carlotti me ha llamado presidente”, confiaba nerviosamente a la salida de su primer encuentro con el italiano en un despacho de la sede de la editorial en el Paseo de Recoletos).

Ahí se ha mantenido o, mejor, ahí lo ha mantenido Carlos Herrera, al que Onda Cero le debe una parte sustancial de su audiencia, pero consciente Planeta de que la relación Ferrari/Herrera blindaba también al presidente de la cadena, cuyo amor por el trabajo no es precisamente inenarrable. Ahora, sin Herrera, Ferrari ha dejado de estar blindado y, lo que es peor, aflora su verdadera dimensión, muestra también en su caso del deterioro de la raza, como decía el sabio Martín Ferrand, porque es hijo de un genio de la radio, Antonio González Calderón.


viernes, 13 de marzo de 2015

La eterna crisis de El Corte Inglés de Dimas

Hay que imaginar a Dimas Gimeno, el presidente de El Corte Inglés desde la muerte de Isidoro Álvarez el verano pasado, estudiando a qué frente acudir o qué incendio apagar en la crisis que sufre el que en otro tiempo fuera gigante de la distribución española. Son tantos y de tanta magnitud que dejan casi en anécdota la intolerable y también insostenible permanencia en la empresa y en la planta noble de sus oficinas centrales de Estanislao Rodríguez Ponga, secretario de Estado de Hacienda en un gobierno de Aznar, beneficiario de las tarjetas “black” de Cajamadrid, al que el juez que instruye esa causa le ha señalado una fianza de los más de 250.000 euros que gastó con la tarjeta (curiosamente, buena parte de ellos en El Corte Inglés), y al que Isidoro Álvarez le puso despacho después de recibir una llamada de Rodrigo Rato tras la derrota electoral del 14 de marzo de 2004. A pesar de que con una estricta aplicación de las normas europeas en lo que respecta a la responsabilidad corporativa, Rodríguez Ponga debería estar ya en la calle, sigue refugiado en la planta noble de Hermosilla diciendo “sí, señor…”, haciendo así bueno el alias con el que es conocido.
Una anécdota al fin y al cabo, ante la cantidad y gravedad de los problemas que acucian a El Corte Inglés. Por ejemplo, sigue sin resolverse la presidencia de la Fundación Ramón Areces, decisivaporque es propietaria del 40% de El Corte Inglés; y mucho más decisiva ahora, porque el 7,5% que poseen Dimas Gimeno y su familia es insuficiente para alcanzar la mayoría que le daría el poder absoluto, como lo tuvieron sus antecesores, Ramón Areces e Isidoro Álvarez, que sí sumaban con la Fundación esa mayoría. Ahora la única que puede alcanzar con la Fundación más del 50% de la compañía es María José Guil, la viuda de Isidoro Álvarez, que tiene el 15 por 100 de El Corte Inglés y que ya ha colocado a sus dos hijas en el Consejo de la compañía.
Al hilo de lo que vamos a llamar poder accionarial, se ha desencadenado una tremenda batalla por la presidencia de la Fundación, en la que Florencio Lasaga hace valer su veteranía (tiene casi 80 años) y su papel de albacea testamentario de Isidoro Álvarez, alineado por tanto al lado de las hijas adoptivas del presidente desaparecido, Cristina y Marta, y en la que Juan Hermoso, consejero como Lasaga, se postula también para presidir la Fundación, y en busca de ello está entregado a Dimas Gimeno, que lo tiene acogido en su seno. Sorprende la elección del presidente, aun aceptando la capacidad de maniobra demostrada por Hermoso a lo largo de su trayectoria en la empresa, aunque también están demostrados sus enormes errores en la contratación de ejecutivos pescados en los caladeros de Inditex y Carrefour, entre los que se encuentra el director de Relaciones Externas cuyo trabajo más parece de demolición de una marca convertida en modelo a estudiar en las mejores escuelas, de cuyo deterioro son una buena muestra los resultados de cualquier buscador al escribir El Corte Inglés, porque es difícil encontrar entre ellos alguna noticia positiva.
Además y como es obvio, el nuevo presidente tiene que hacer frente a la realidad que le dejó su tío, consecuencia de los errores estratégicos y sobre todo de expansión cometidos especialmente durante los últimos años, coincidiendo, por tanto, con los de la tremenda crisis económica. Y lo peor es que todo apunta a que se pretende corregir errores con nuevos errores. Ahí está, sin ir más lejos, la reconversión del centro de Ademuz, en Valencia, que jamás fue rentable y que es una muestra de los errores estratégicos a los que he hecho referencia. Pero, fiel a la cultura aprendida de su tío, Dimas Gimeno se resiste a cerrar un centro y ha decidido convertir este valenciano en un outlet, para ofertar lo que no se vende en temporada e intentar que no vuelva al almacén central de Valdemoro. ¿Se conseguirá amortizar siquiera el coste de la reconversión? ¿Y qué piensa hacer Dimas Gimeno también con Nuevo Centro, igualmente en Valencia, que tampoco ha sido nunca rentable? O qué decir de El Bercial, en Getafe, en el que, según aseguran los propios empleados, desde su inauguración no entra ni el viento. ¿Y el centro de El Tiro, en Murcia? ¿Y Marinaleda, en La Coruña…? ¿Acabarán siendo outlets ante su falta de rentabilidad y, lo que es peor, la imposibilidad de alcanzarla algún día?
Ahora leemos la noticia de que Viajes El Corte Inglés ha dejado de ser la proveedora de los viajes de los diputados de las Cortes españolas (como he escrito líneas arriba, difícilmente se encuentra en los medios una noticia positiva de El Corte Inglés), concesión que tenía desde los tiempos en que José Bono presidía el Congreso de los Diputados. Por ella nos hemos enterado de que, en principio, había un par de cláusulas en el pliego de condiciones que solo podían ser cumplidas por El Corte Inglés; varias agencias lo denunciaron a la Mesa del Congreso, que se vio obligada a retirar esas cláusulas, sin las que El Corte Inglés ha sido derrotado por Viajes Barceló.
Y mientras ocurre todo esto en el en otro tiempo gigante español de la distribución, Mercadona e Inditex avanzan posiciones. El Corte Inglés negocia créditos y reconversiones, pierde concesiones, es escenario de más o menos soterrados duelos de poder familiares o mediopensionistas y se ve obligado a maquillar su cuenta de resultados, como ha venido haciendo en los últimos ejercicios, pero Mercadona, por ejemplo, vive una semana espectacular, con una cuenta de resultados que eleva a la empresa de Roig hasta el segundo lugar de las españolas por ventas, inmediatamente detrás de Repsol, y con un 5% de aumento en los beneficios (549 millones) sobre los obtenidos el año anterior, con una inversión de 655 millones en las 60 tiendas que ha abierto en 2014, sin deudas con los bancos y con unas reservas líquidas de 2.883 millones solamente superada por Inditex (Zara) cuya división inmobiliaria (Pontegadea) continúa haciendo inversiones de gran rentabilidad, como la del edifico Prisa, de la Gran Vía madrileña.
Merece la pena leer hoy el artículo de Jesús Cacho titulado “El otoño de El Corte Inglés y el dilema de Don Isidoro”, publicado en agosto de 2013 en vozpópuli (http://vozpopuli.com/economia-y-finanzas/30477-el-otono-de-el-corte-ingles-y-el-dilema-de-don-isidoro). Año y medio después las cosas siguen igual, aunque es invierno en los grandes almacenes y a Don Isidoro, fallecido el pasado verano, le ha sucedido su sobrino Dimas Gimeno. Pero, como escribía Cacho en su diario en la red reproduciendo una maldad publicada por Rehting Marketing, en la que comparaba a El Corte Inglés y la Iglesia católica, “las nuevas generaciones ni compran en El Corte Inglés ni acuden a Misa los domingos”.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Las verdaderas cuentas del doctor Kovacs

Me sorprendió la aparición del nombre del doctor Kovacs en la llamada lista Falciani, integrada por centenares de clientes del banco suizo HSBC, que ingresaban el dinero que evadían al fisco de sus respectivos países o que procedía de operaciones de dudosa legalidad. Me sorprendió porque conozco al doctor Kovacs; primero, a través de numerosas referencias; por sus actividades científicas, después, y por último personalmente. Y siempre me dio la impresión de un genio humanista, enamorado de su profesión, que tiene un concepto del ejercicio de la Medicina en las antípodas de lo que puede entenderse como negocio. Hasta el punto de que comanda una Fundación de su mismo nombre, en homenaje a su padre, médico también, argelino de nacimiento, húngaro de origen y que enseñó a su hijo no solo a amar la Medicina, sino a su honrado ejercicio como servicio a los demás. Suele decir el doctor Kovacs que la Fundación pone en práctica una de las enseñanzss de su padre: “Que ningún paciente se quede sin atender porque no tenga dinero”.
No muchas horas después de su aparición en la lista Falciani y antes de que pudiera contactar con el doctor Kovacs, recibí un comunicado que había enviado a todos los medios de comunicación:
”El Dr. Francisco M. Kovacs desea aclarar que no tiene ni ha tenido cuenta alguna o relación alguna con la entidad suiza HSBC Private Bank de Ginebra, después de que en la mañana de hoy viernes 13 de febrero de 2015, en el programa televisivo de La Sexta “Al Rojo Vivo” haya sido citado como una de las personas que aparecen en la llamada “lista Falciani”.La primera noticia que tuvo el doctor Kovacs al respecto fue, precisamente, la llamada de un periodista del citado programa que buscaba contrastar la información. El doctor Kovacs explicó al periodista que jamás había tenido una cuenta en la citada entidad bancaria, y así se ha indicado en la emisión del programa.Por ello, el doctor Kovacs requerirá el próximo lunes, mediante correo certificado a la entidad HSBC, explicaciones sobre por qué su nombre figura en una lista de clientes de una entidad bancaria con la que jamás ha tenido ninguna relación.A la espera de la información que facilite HSBC, el doctor Kovacs únicamente dispone de los datos que le ha facilitado el periodista de La Sexta, relativos a una cuenta a nombre de una sociedad, con la cual Francisco M. Kovacs tampoco tiene relación alguna.El doctor queda a disposición de los medios de comunicación en el telefóno…” (y facilitaba su teléfono particular).”
Que yo sepa, es el único de los españoles que aparecen en la lista Falciani que, además de negar su relación con el banco, se ha puesto a disposición de los medios de comunicación para responder a cualquier cuestión que le planteen. Personalmente y porque le conozco, no me hace falta pregunta alguna. Conozco las cuentas del Doctor Milagro, como le he llamado alguna vez, y no precisamente las bancarias. Lástima, por cierto, que no tengan el mismo eco mediático en nuestro país que su falsa cuenta en el suizo HSBC. Porque si escribir en España no es llorar, sino morir, como Luis Cernuda corrigió al maestro Larra, que limitó el llanto a quienes, como él, escribían en Madrid, investigar o innovar en España es sinónimo de desesperanza, además de suponer el enfrentamiento a la burocracia (hablando de citas, ¿quién escribió lo de burrocracia?) de las administraciones españolas, a las decisiones políticas o a espurios intereses entrecruzados de laboratorios farmacéuticos y autoridades sanitarias.
Me refiero, sin ir más lejos, a las cuentas que el doctor Kovacs presentó el pasado noviembre en la Organización Médica Colegial, sobre la intervención neurorreflejoterápica para la lumbalgia, que defiende desde hace tiempo la Fundación que preside, y que se ha practicado con resultado de éxito en coste y eficiencia en los servicios de salud de cinco comunidades autónomas: Asturias, Baleares, Cataluña, Madrid y Murcia. En la presentación de ese estudio, al que, en un guiño a la actualidad, he llamado “cuentas”, estuvo presente el presidente de la Organización Médica Colegial, doctor Juan José Rodríguez Sendín, para el que “si una tecnología sanitaria demuestra ser eficaz, efectiva, eficiente, obtener buenos resultados, ahorrar costes públicos y evitar riesgos a los pacientes, debe incorporarse a la cartera de servicios de la Sanidad pública española. Sea la intervención neurorreflejoterápica o cualquier otra. Esto es así siempre, pero todavía más en una época de crisis económica, en la que debe asegurarse la eficiencia de los recursos públicos”.
Y es que el estudio científico analiza los resultados obtenidos por la intervención neurorreflejoterápica (NRT) durante los ocho años transcurridos desde que se inició su aplicación en el Sistema Nacional de Salud (SNS) para tratar a pacientes con dolencias subagudas y crónicas del cuello y la espalda. Sus conclusiones ratifican que esta tecnología mejora de forma notable a pacientes en los que han fracasado los tratamientos previos y genera un ahorro importante de recursos públicos.
Las conclusiones están refrendadas por la revista científica de la Sociedad Internacional de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias, el International Journal of Technology Assessment in Health Care, que las ha publicado; y entre sus autores se hallan responsables de la evaluación de los resultados de esta tecnología en los servicios de salud en los que se ha implantado. También en la financiación del estudio ha colaborado la Fundación Kovacs.
Así que no deja de ser sorprendente que esta tecnología, solo se aplique, como queda escrito, en los sistemas sanitarios de cinco autonomías, mientras las doce restantes y las dos ciudades autónomas (Ceuta y Melilla) continúan inmersas en lo que el doctor Kovacs califica de “discrepancia entre la sistemática con la que ciertas autoridades sanitarias toman sus decisiones, y las recomendaciones científicas internacionales enfocadas al interés de los pacientes y la mejora de la eficiencia de los recursos públicos”.
Pero, a la vista está, no son solo periódicos como el Financial Times los que sacan los colores a la Administración pública española, sino que una revista científica internacional de tanto prestigio como la que publica el estudio sostiene que los motivos que explican que se prive de este tratamiento a los pacientes de la mayoría de las comunidades autónomas, son que “ha sido desarrollado por una entidad científica sin ánimo de lucro, que no fomenta su difusión mediante incentivos económicos, y la conocida disfuncionalidad del mecanismo con el que las autoridades españolas deciden qué tecnologías se costean con fondos públicos, que explican tanto que se estén financiando tratamientos comprobadamente inútiles como que no se generalicen otros que han demostrado ser efectivos y generan ahorro público”
Y hay que echarse a temblar cuando se conoce el dato de que, de hecho, los recortes sanitarios han llevado a que esta tecnología dejara de aplicarse en los Servicios de Madrid y Murcia, pese a ser una de las pocas que ha demostrado originar al erario un ahorro neto varias veces superior a su coste de aplicación. De hecho, tengo la anécdota de un enfermo que llevaba varios años reclamando a los servicios sanitarios de su autonomía ante sus constantes dolores de espalda y cuello, que prácticamente le tenían inmovilizado y tomando ya morfina, y que finalmente fue atendidp por la Fundación Kovacs, de donde salió andando sin dolor alguno. Cuando le vio por la calle de su ciudad un sanitario que conocía su caso y contarle el enfermo cómo había resuelto el problema, le confesó sin rubor: “Ah, sí, el doctor Kovacs, conocemos los extraordinarios resultados de su intervención neurorreflejoterápica; pero el servicio público de salud, que también los conoce, se niega a incluirla en sus prestaciones”.
El estudio ahora publicado refleja que los 11.384 casos derivados a intervención NRT desde los servicios de salud eran pacientes muy difíciles; en ellos habían fracasado previamente los tratamientos aplicados (farmacológicos, rehabilitadores y quirúrgicos). Pese a ellos, el dolor duraba más de tres meses en el 74,8 por ciento de los pacientes, y más de un año en el 30,1 por ciento. El 35,8 por ciento de los pacientes presentaba una o varias protrusiones o hernias discales, el 5,2 por ciento padecía compresión radicular causada por una hernia discal y en el resto el dolor se debía a otras causas, incluyendo síndromes inespecíficos.
Al ser derivados, la mayoría de los pacientes estaba usando a la vez varios fármacos (los más frecuentes, distintos tipos de analgésicos -66 por ciento- y antiinflamatorios -62,6 por ciento-). El 13,5 por ciento estaba recibiendo tratamiento fisioterápico o rehabilitador, y el 7,6 por ciento ya había sido operado sin éxito por su dolor.
Tras realizarles una intervención NRT, 10.097 pacientes (el 88,7 por ciento) mejoraron de su dolor de cuello o espalda y 9.585 (84,2 por ciento) de su dolor referido (al brazo –en caso de dolencias cervicales- o la pierna –en caso de dolencias lumbares o lumbosacras-). El grado de incapacidad mejoró en 9.528 pacientes (83,7 por ciento). El 83 por ciento abandonó la medicación, y sólo el 0,02 por ciento requirió cirugía.
El único efecto secundario recogido en estos ocho años fue la tirantez cutánea transitoria, que percibió el 8 por ciento de los pacientes. El número de quejas o reclamaciones fue cero, y una encuesta anónima entregada a todos los pacientes (y respondida por el 76,7 por ciento de ellos) refleja un muy alto grado de satisfacción.
Se analizaron los datos recogidos por el mecanismo de vigilancia y seguimiento de la intervención NRT en la práctica clínica rutinaria del Sistema Nacional de Salud, que incluye a todos los pacientes derivados por médicos de los Servicios de Salud a Unidades acreditadas de la Fundación Kovacs para que se les realizaran intervenciones neurorreflejoterápicas (NRT). Ese mecanismo de vigilancia, previamente validado mediante estudios científicos refrendados por la comunidad científica internacional, recoge los datos demográficos, sociales, laborales y clínicos de todos los pacientes, así como su evolución clínica, el uso de otros recursos sanitarios (fármacos, pruebas diagnósticas complementarias, cirugía, etc.) y su grado de satisfacción.
El estudio analizó los 11.384 casos a los que se les realizó una intervención NRT y fueron dados de alta entre el 1 de enero de 2004 y el 30 de junio de 2012. Esos 11.384 casos corresponden a 9.023 pacientes (53 años de media, 68 por ciento mujeres), ya que un mismo paciente pudo ser derivado  por episodios dolorosos en localizaciones o momentos distintos.
También se analizó el número de pacientes que sufrieron recaídas a lo largo de los ocho años analizados, y se desarrollaron modelos de regresión logística para cuantificar la probabilidad de que fuera necesario realizar más de una intervención NRT para alcanzar el mayor grado posible de mejoría en un paciente concreto.
Estas son las verdaderas cuentas que el doctor Kovacs mantiene en España, a lo que dedica su vida que no pasa precisamente por ninguna entidad bancaria en Suiza.