viernes, 8 de agosto de 2014

Corrupción, 100%; política, 0%

Cuando tras la primera victoria electoral de Felipe González (202 diputados el 28 de octubre de 1982), el presidemte del gobierno pronunció en un áspero debate parlamentario la frase de “no he recibido ni un duro ni una peseta ni de Flick ni de Flock” desmintiendo la ayuda que una trama alemana con el nombre del poderoso empresario de ese país venía haciendo a la financiación del PSOE con millones de marcos, se empezaba a construir un sistema que ha acabado imponiendo su ley treinta años después: la corrupción, como sistema de gobierno.
Cuando cuatro años después, en 1986, se elabora la llamada Operación Roca u Operación Reformista, alentada desde Catalunya por Convergencia i Unió con Jordi Pujol al frente y Miquel Roca i Junyent como punta de lanza en Madrid, y después de una campaña de miles de millones de pesetas no obtiene ni un solo diputado con menos de un 1 por 100 de votos, se sigue construyendo el sistema de la corrupción como forma de gobierno, porque ni siquiera se devolvió el dinero de aquella operación a los bancos, que pagaron religiosamente el impuesto político.
Cuando en el primer ayuntamiento socialista de la capital de España, dirigido por Tierno Galván, modelo el viejo profesor de honradez, un concejal socialista denuncia el escándalo de la recogida de basuras, el sistema empieza a salpicar también las administraciones locales.
Cuando Luis García Cereceda, el genial promotor inmobiliario autor de la lujosa urbanización “La Finca”, en Pozuelo de Alarcón, y que acabaría siendo conocido como el inmlobiliario amigo de Felipe González, desvela que de vez en cuando él reunía en su casa a políticos, “como Adolfo Suárez y Manuel Fraga con colegas inmobiliarios y constructores y al final de la cena cada uno daba en un sobre lo que podía”, la corrupción se iba abriendo paso por encima de programas o de gestión honrada de la cosa pública.
Cuando el mismo Luis García Cereceda acude al alcalde de Pozuelo de Alarcón para tratar de convencerle de una modificación para su lujosa promoción, y el alcalde se resiste y le recuerda que “tú alcalde, tienes diez hijos, y yo tengo para ti diez millones”, y el edil lo acaba echando del despacho, a García Cereceda ni siquiera le llama el juez, sino que en las siguientes elecciones municipales el alcalde ya no es candidato y le sustituye Jesús Sepúlveda, hoy ex marido de la ministra de Sanidad –la que no ve el Jaguar en su plaza de garaje y no sabe quién paga los excepcionales cumpleaños de sus hijos con cañones de confetis- que luego acabaría hasta las cejas en la trama Gürtel y, por cierto, viviendo en La Finca durante un tiempo, cuando se separó ya de hecho de la todavía ministra, continúa avanzando inexorable la corrupción como sistema de gobierno.
Cuando mucho antes nos enteramos de que el director general de la Guardia Civil utiliza los fondos reservados para sus francachelas, viaja a París y se hospeda en el más lujoso de los hoteles, se compra un apartamento en la capital francesa y mete mano hasta en las obras de los colegios de huérfanos de la Benemérita parece estar pasándose cualquier línea roja.
Cuando asistimos a la “boda de Estado” de la hija de un presidente de gobierno dado a confundir lo público con lo privado y descubrimos a invitados como “el bigotes”, al que algunos conocíamos como “el chico de los recados” de alguna cadena de emisoras de radio y que no hacía mucho te lo encontraste con un “Montecristo” especial en la boca, calzado con zapatos italianos y vestido con un traje de cuidado corte y camisa y corbata de seda natural, y te había dicho, acompañado de un significativo guiño de ojos, que se dedicaba a organizar los actos del Partido Popular, es inexorable que la corrupción rampa por todos los lugares del país.
Cuando Florentino Pérez, hoy flamante y exitoso empresario, como ayer era ingeniero de Caminos en paro, pasa de una concejalía del último ayuntamiento dedocrático de Madrid (el de Juan de Arespacochaga) a las listas electorales de UCD (la de José Luis Álvarez), recorre otros puestos de segundo nivel, se queda por cierto al frente del llamado Partido Reformista después del fracaso de 1986 y reaparece comprando pequeñas empresas desde las que construye su imperio después de aprender el modus operandi de las concesiones, todos sospechamos qué es lo que está pasando.
Cuando de pronto empiezan a filtrarse llamadas telefónicas de “te quiero un huevo”, “¿te ha gustado lo que te he mandado?”, aprendemos que Louis Vuitton es sinónimo de exquisitez, que hay relojes de decenas de miles de euros, que se puede vivir en Arturo Soria en un chalé con ascensor dedicándose a la política con un salario de apenas 80.000 euros al año, que los políticos gastan trajes a medida con pretinas italianas y que es posible pagar diez veces el valor de cualquier servicio para meter en el bolsillo propio nueve de ellas, parece ya tarde para evitar que la corrupción se apodere definitivamente del sistema de gobierno.
Cuando al tesorero de un partido le encuentran decenas de millones de euros en paraísos fiscales, se descubre que las obras de la sede se paga con dinero negro, un juez concluye que hay caja B en el principal partido del país, el presidente le envía a su tesorero sms pidiéndole que aguante, no queda duda alguna.
Cuando se mezcla la empresa y la política, los dúplex de lujo en la Costa del Sol a precio de ganga y la esposa de un presidente autonómico con salario multimillonario en una patronal y el en otro tiempo simple licenciado en derecho y funcionario cambia de casa a un “casoplón” y sus hijas van a universidades privadas y tiene un matrimonio de servicio y varios coches en la puerta para que las niñas no tengan que coger el autobús, nos tememos que la política paga algo más que las comidas…
Cuando en un debate parlamentario en Catalunya el líder de la oposición les dice a quienes han gobernado durante más de veinte años que “su problema es el 3 por 100”, y todos sabemos lo que quiere decir, pero el autor de la frase tiene que rectificar y retirarla al día siguiente, sabemos lo que está pasando.
Y los medios callan, porque la publicidad institucional es el precio; y hay órdenes de arriba para que no se toque el gobierno de la Comunidad de Madrid; e Ignacio González llama pins a los millones que nos cuesta la “telesperanza” o “telemadrid” o como se llame, y se entremezclan empresarios y políticos, y al presidente de la Ceim, Arturito “el deudas”, le llaman “el ministro sin cartera” de Esperanza Aguirre, y el ex presidente de la patronal, Gerardo Díaz-Ferrán, cuando todavía creía que era impune, señalaba a la lideresa y decía “esta tía es cojonuda” y Esperanza Aguirre se hinchaba y se hinchaba y se iba a bailar un chotis a un centro de la tercera edad o a decir la chorrada esa de “a mí no me tiembla el pulso para cesar a los corruptos…” que se han corrompido, por cierto, a su lado.
Y luego llega Pujol y los hijos de Pujol y las propiedades de Pujol y el parque automovilístico de los Pujol y, peor, las pólizas de seguro de los deportivos y los coches de lujo de los Pujol –apenas el precio del seguro de una vespa-, y tiene la cara de decir que no tiene nada que ver con el proceso soberanista. ¿Y qué ha financiado entonces la escalada hacia el independentismo, las manifestaciones, las convocatorias, los anuncios, la parafernalia, quién y como se ha creado ese perverso sistema…?
Pero hay algo mucho más grave…Todos los políticos –con responsabilidades en los partidos- saben sobradamente lo que pasa. Todos los políticos saben que con el dinero de los militantes no se paga ni los mecheros que se repartían en aquellas campañas electorales ni tampoco con lo que paga el Estado por voto y por diputado…
Pero el problema ya no es el tres por ciento. El problema ahora es el ciento por ciento de corrupción y el cero por ciento de política. Ése es el problema.




martes, 5 de agosto de 2014

La crisis llegó a El Corte Inglés (2): La puerta giratoria

Cuentan lenguas vespertinas (como sigue llamando un amigo mío a las que son realmente viperinas) de la sede central de El Corte Inglés que al llegar Manuel Pizarro al despacho del presidente, Isidoro Álvarez, se restregaba los ojos. Y debió ser cuando exclamó aquello de “hay que profesionalizar la gestión”. Probablemente, con el sudor perlándole su amplia frente. No le había hecho falta ver mucho más que los papeles que había recibido en su despacho y el recorrido por un edificio en el que en una esquina se cruzaba con el amanuense que le escribe los discursos a Isidoro a un precio que deja en ridículo al que se los escribía a Matas y encima los glosaba en el periódico del que era corresponsal, y al que conoce de “larga data” de haberle visto también por alguna radio o algún periódico…
Hombre, pero si es Estanislao, dicen que exclamó en otro aparte, cuando se dio de bruces con el hijo de Pedro Rodríguez-Ponga y Ruiz de Salazar, que fue síndico de la Bolsa allá por los años setenta, en la que Pizarro alcanzó unos años después el puesto de vicepresidente… Por cierto, me cuentan que el bueno de “Tanis” viene haciendo méritos (ya se sabe, sí, señor, sí, señor…) para ser nombrado consejero en la Junta General del próximo 31 de agosto.
Y por allí andaba también algún fiscal y algún juez que pertenecieron en su tiempo a la Audiencia Nacional y hasta el ya ex decano de los jueces de Madrid, porque Isidoro Álvarez debe pensar que le hace falta asesoramiento jurídico, mucho asesoramiento jurídico… Y aunque las puertas giratorias, que no son convenientes en las grandes superficies ya que en cualquier aglomeración pueden producir accidentes que tan mal le sientan a la imagen de marca, bien diferente es una giratoria virtual en la que pasas del foro a participar en unas jornadas jurídicas de la Fundación Ramón Areces y, sin solución de continuidad, de la Fundación pasas a la plantilla de El Corte Inglés. O peor, te transformas (¿o realmente lo eres?) en Torquemada, quemas unas decenas de miles de libros con la historia de El Corte Inglés, y te dan un espacio cultural para ti solito…
Y allí que continuaba su recorrido Manuel Pizarro dándose de bruces con abogados, ex jueces, ex fiscales, ex altos cargos del Partido Popular, periodistas (que nunca son ex, porque entonces no les sirven) y ex comisarios de policía –otro día habrá que contar lo de la seguridad- y ex guardias civiles…
Con este recorrido, Manuel Pizarro se preguntaba necesariamente quién gestiona la empresa o, dicho de otra manera, quiénes son los responsables de su decadencia hasta el punto de que le habían llamado a él para encontrar soluciones. Y fue cuando se dio cuenta, entre otras cosas, de que lo primero que había que hacer es profesionalizar la gestión, porque todos aquellos con los que se cruzaba no se los imagina él -ni nadie- gestionando nada menos que el gigante que dejó Ramón Areces hace veinticinco años.
Pizarro lo tiene claro: sacar a bolsa del 15 al 25 % de El Corte Inglés, cerrar los centros no rentables, rejuvenecer el consejo y profesionalizar la gestión… El reto lo tiene Isidoro encima de su mesa y el plazo finaliza el 31 de agosto, en la Junta General
Como diría Miguel Ángel Aguilar, atentos…


domingo, 3 de agosto de 2014

La crisis llegó a El Corte Inglés (1)

Cuando el pasado miércoles, como cada 30 de julio,  se celebró la Misa en memoria del fundador de El Corte Inglés, habían pasado 25 años desde su muerte y seguramente Ramón Areces se removería en su tumba alarmado ante la crisis en la que se encuentra el gigante que él construyó, y que es consecuencia no solo de la del consumo que sufre España sino de  enormes errores estratégicos y de gestión.
En la Junta General de agosto de 2013, su sobrino y sucesor, Isidoro Álvarez, que no hace mucho se quejaba en un círculo muy íntimo de la soledad en que se encuentra (a la que, por cierto, su singular carácter y proverbial egoísmo no le son ajenos), nombró director general a quien a su vez es sobrino suyo, Dimas Gimeno, lo que parecía suponer que al fin había llegado un cambio generacional en la gestión. Pero tres meses antes de la Junta General de finales de este mes (es decir, cuando apenas han pasado nueve meses del anterior nombramiento) Isidoro Álvarez ha contratado como asesor de la presidencia a Manuel Pizarro, uno de los más brillantes empresarios (su resistencia al frente de Endesa a la OPA hostil lanzada por Gas Natural forma parte de la más exitosa historia bursátil de nuestro país, que, por cierto, le agradecen cientos de miles de pequeños inversores) y juristas (es licenciado en Derecho y abogado del Estado) y 25 años mayor que el flamante director general. Y más grave aún resulta que, después de difundir de aquella manera, como se difunden ahora las noticias de El Corte Inglés, los objetivos de Dimas Gimeno (“Los cinco cambios que quiere para que El Corte Inglés deje de ser un dinosaurio” titulaba un estómago agradecido a los pocos meses del nombramiento), la contratación de Manuel Pizarro se explica –también entrecomillado- “para profesionalizar la gestión”. A la vista de estas palabras y al menos que se haya hecho público, ninguno de los aficionados que gestionan El Corte Inglés ha pedido la cuenta (y eso que las liquidaciones suelen ser generosas) ni tampoco una epidemia de crisis depresiva ha invadido los grandes despachos de Hemorsilla 112, sede de la compañía. Digamos que si a sus bien alimentados ocupantes cualquier decisión les importa una higa, opiniones y comentarios solo les producen una irónica sonrisa aferrados como están a sus privilegios y bicocas con los que El Corte Inglés ha pagado fidelidades (no lealtades) y en muchas ocasiones silencios que son cómplices (en la revisión que desde el más allá el fundador haría de la asistencias a la Misa conmemorativa comprobaría  la ausencia por primera vez –murió este año- de uno de los que se llevó a la tumba algún secreto testamentario del mismísimo don Ramón).  
Sea como fuere y al margen opiniones, no parece descabellado pensar que Manuel Pizarro recibirá el encargo, si no lo tiene ya, de sacar a Bolsa una parte del capital de El Corte Inglés, a lo que don Ramón siempre se resistió y a lo que su sucesor está abocado, incapaz como ha sido de adecuar a los tiempos que iban llegando un modelo de gestión que ha acabado demostrando su incapacidad de responder a los retos que la moderna distribución le ha ido planteando. Si a todo ello se añade que la proverbial discreción de la Casa ha saltado hecha añicos con un cambio traumático en la dirección de Comunicación, nos encontramos con que la empresa referencia de la distribución en nuestro país, incluida entre las más importantes del sector en el mundo, se va dejando ventas, beneficios y prestigio a jirones al mismo ritmo que su presidente, Isidoro Álvarez, va marginándose en los “posados” de la marca España en los que aparecen en primera fila y sonrientes ejecutivos de indiscutible éxito y liderazgo auténtico no adquirido a través de “puertas giratorias”, gastos publicitarios o lo que en la misma casa es calificado de “pesebre” (y corramos un tupido velo sobre otras “contribuciones”, que haberlas haylas y, sobre todo, hubo; ¿o se nos han olvidado las famosas comisiones del AVE y el incidente de la furgoneta, al que sacó provecho y buen trabajo el marido de una destacada figura del foro?).
Bastaría repasar titulares de periódicos y, sobre todo, de periódicos en la red, convertida, como es sabido, en territorio de libertad donde lo que antes era miedo, cortapisas y condicionantes encuentra ahora terreno fértil, para contar y cantar las verdades del barquero. Como la que me confesaba recientemente un destacado profesor de una de nuestras grandes escuelas de negocios: “Antes, se estudiaba El Corte Inglés como ejemplo de éxito excepcional, de aquella pequeña tiendecita junto a Preciados al gigante de la distribución; hoy estudiamos las razones de la tremenda crisis que vive”.
Cuando el pasado año saltó a las primeras páginas de los medios la necesidad de un préstamo de más de 5.000 millones para la empresa que creíamos imbatible en todos los aspectos, saltaba con ella a la plaza pública el resultado de la gestión de estos 25 años; y lo que es peor: los detalles de la negociación explicaban más incluso que el montante de la misma la verdadera situación del autocalificado “gigante de la distribución”. Porque los bancos (finalmente fueron 27 los que firmaron el préstamo sindicado) exigieron la garantía de los más importantes edificios de El Corte Inglés que, por otra parte, ponía negro sobre blanco uno de los más graves errores estratégicos de la compañía. Sí, porque mientras Inditex, la creación de Amancio Ortega cuyo crecimiento tan nervioso –y ahora se ven la razones- pone siempre a Isidoro Alvarez, viene realizado una política inmobiliaria de futuro (los mejores y más emblemáticos edificios en las mejores esquinas de las mejores capitales del mundo), El Corte Inglés sigue aferrado al modelo de anticipar su instalación incluso a la urbanización de una zona (con lo que una crisis económica se puede llevar por delante cualquier cálculo de amortización y beneficio) o lo que el “triángulo de Pozas” (donde hoy se levantan los grandes almacenes de Argüelles, en Madrid) es ejemplo, es decir, edificios de casi imposible reconversión. Pero volviendo a la operación del préstamo –no se olvide: para refinanciar su deuda bancaria-, hay que sumar la venta del 51% y la gestión de la financiera de los grandes almacenes al Santander, lo que da idea de que a El Corte Inglés el "traje", que ya tenía brillos en fondillos, empieza también a reventarle por las costuras.  
Hay muchos más errores estratégicos que han tenido como consecuencia la profunda crisis que vive el gigante con pies cada vez más débiles. Hemos citado a Inditex y Zara; y podríamos citar a Roig y Mercadona; o a Carreforur y Leroy Merlin… O, simplemente, esa especie de huida hacia delante (¿os suena Galerías Preciados?) que ha supuesto la apertura de centros en los que se oye decir a los en otro tiempo entusiastas y hoy desmotivados vendedores: “Aquí no entra ni el viento…”
En próximos capítulos.



lunes, 28 de julio de 2014

Eso es Podemos...

Lleváis un mes a vueltas con la exitosa iniciativa y los árboles no os dejan ver el bosque de las razones de su existencia. Porque Podemos no es ni las artes de comunicación de Pablo Iglesias, que las tiene; ni su discurso imposible, que lo transmite en cuanto tiene ocasión; ni la utilización de la palabra “casta”, y pronúnciese poniendo contundencia en la “c” del comienzo y arrastrando la “ese” hasta golpear a la “t” de manera que la sílaba tenga un tono de descalificación. Tampoco Podemos es La Sexta y Cuatro, las dos cadenas de televisión que han lanzado al estrellato la coleta más famosa de los últimos años.


Podemos, no os engañéis, es la respuesta a la corrupción. Podemos es el molt honorable Jordi Pujol metido a delincuente. Podemos es el 3 por 100 que Pasqual Maragall citó con gran escándalo en su toma de posesión como presidente de la Generalitat y que ahora se ve para lo mucho que da. Podemos antes fue Bárcenas y el plasma de Rajoy y las promesas electorales incumplidas y las obras de la sede del Partido Popular pagadas con dinero negro y Jaume Matas y el periodista que escribía sus discursos que luego loaba en las páginas del periódico del que era corresponsal y todo queda en casa y el ático de lujo de la Costa del Sol y los jamones ibéricos con experto cortador incluido camino de la vergüenza del relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor y la hija del Rey y su consorte con más cara que estatura y la ministra que no se entera de que en su plaza de garaje había un Jaguar ni de quién paga los cañones de confetis de los cumpleaños de sus hijos y mucho antes la boda de Estado en El Escorial y las puertas giratorias que van de la Sanidad pública a la sanidad privada o de la judicatura a El Corte Inglés. Podemos es la libre interpretación de la encuesta de población activa con el milagro de los panes y los peces pero al revés: se crea empleo pero se trabaja menos horas, es decir, venga no nos engañéis destruís empleo y lo sustituís por contratos basura. Y Podemos es también la descalificación que de Podemos hacen los partidos políticos, con el verso suelto de Esperanza Aguirre a la cabeza (repita, doña Esperanza: “Yo también soy Podemos...)

sábado, 5 de julio de 2014

In memoriam

Nos whatsSappeábamos de vez en cuando. Uno de esos mensajes se lo envié mientras devoraba literalmente lo que nunca pensé que acabaría formando parte de su mejor testamento: “Sótano Octavo”, un testimonio valiente de cómo enfrentarse al cáncer, según proclama la portada.


Lo conservo en mi portátil: “He leído “Sótano octavo” y siento la necesidad de decirte que he descubierto al Rafael MARTÍNEZ SIMANCAS más brillante, más irónico, más mordaz, más tierno, más sensible, más humano, más maduro como escritor que jamás ví. Enhorabuena por las lecciones que encierran ese libro, y no es la menor la lección de vida que supone cada frase, cada pinchazo, cada ángel (así llama Rafael a las enfermeras en el libro) que voy viendo página a página… ¡Cuánta esperanza transmite “Sótano Octavo” de que pronto podrás dedicármelo pleno tú de salud…! Gracias, maestro. Un abrazo y besos al Víctor que te ha traído duendes y hadas en complicidad con su hermana”. Víctor, que es hijo de Rafa y Lidón, que hoy tiene 12 años y es gemelo de la pequeña Lidón, le había escrito unas frases que servían de verdadero pórtico a su libro:
“Papá: sé que lo tuyo es un asunto de hadas, ogros y duendes.
Las hadas son el sistema inmunológico, tu médula.
Los ogros son el linfoma que ataca a tu sistema.
Los duendes son la quimioterapia.
Como las hadas no pueden con los ogros llaman a los duendes y con ellos luchan para expulsarlos”.
Me contestó, como hacía siempre… Con sus gotas de humor, de ironía, también de sabiduría: “Gracias por leer de manera inteligente el libro. Decían en “Amanece que no es poco”: ¡Cuántos grandes libros se han echado a perder por leerlos mal”.
He querido que fuera literatura, narración periodística y poca autocompasión porque detrás de un bisturí no hay poesía.
Gracias por comprarlo, eso se notará en las ventas del mes. Un abrazo y adelante. Nosotros, como Belmonte, en realidad hemos nacido esta mañana”.
En ninguna sala de quimioterapia de nuestros hospitales debería faltar este “Sótano Octavo” que ya forma parte del testamento -me atrevería a escribir del testamento vital- de un periodista brillante, de un compañero indispensable, de un amigo leal, de un padre ejemplar… El día que nos encontremos allá donde esté, seguro que tiene una frase brillante para disculparse por haberse ido sin dedicarme su libro.

domingo, 22 de junio de 2014

Levántate y anda...

 Eduardo es un gaditano de cincuentaytantos años, de esos que antes llamaban “hechos a sí mismo” y que ahora llaman emprendedores, palabra con la que los políticos llenan boca y promesas. Eduardo está casado con Maricarmen, una brava andaluza que le ha dado tres hijas maravillosas, universitarias las tres, y que día a día se plantea el reto de la subsistencia y de la lucha por la justicia, cuya bandera va bordando como una Mariana Pineda del siglo XXI. Y es que eso que se llama el sistema, y que probablemente tenga algo que ver con “la casta” que tanto gusta decir al último fenómeno electoral, el Pablo Iglesias de Podemos, ha acabado con la capacidad emprendedora de Eduardo y a poco que se hubiera descuidado probablemente hubiera acabado con su capacidad de poder siquiera andar…

Después de toda su vida de emprendimientos, de cotización de autónomos y de un par de operaciones de algo tan simple como eliminar unas varices, Eduardo tuvo que cambiar la lucha diaria por mantener a flote su pequeño comercio, a lo que se ha dedicado toda la vida y que tuvo que cerrar, por la de mantenerse en pie él mismo… Con su mujer como ariete peregrinó por todas las Consejerías del gobierno andaluz que tengan algo que ver con la intervención quirúrgica de la que fue víctima; acudió al Defensor del Pueblo Andaluz (algún día los políticos nos explicarán para qué sirve tanto defensor de un pueblo al que atacan por todos los flancos a diario mientras, a lo que se ve, el Defensor del Pueblo se limita a tomar nota, sin capacidad ejecutiva alguna); ha vivido con un dolor permanente que a duras penas le permitía andar, y cayó en una seudodepresión, porque cuando te dejan con cuatrocientos y pico euros de pensión de invalidez para mantener una familia con tres hijas en plena formación universitaria, hay que sacar fuerzas de no se sabe dónde para hacer frente también a la depresión… Le engañaron médicos, funcionarios, abogados… Le quisieron devolver al quirófano a lo que se negó temiendo que en esta ocasión la salida fuera en una silla de ruedas para siempre y en todo caso necesitaba antes saber qué le ha ocurrido o qué ocurrió en el quirófano en el que entró para una simple operación de varices y salió con la amenaza de una incapacidad permanente, y mientras tanto arréglate con la pensión de cuatrocientos y pico euros.


Su particular “marianapineda” rebuscó agendas y contactos, y devoraba cuanto veía en la Red, a la que estaba literalmente enganchada buscando explicación, primero, y solución después… Y en esa búsqueda apareció el doctor Kovacs… Como en una increíble carambola…, pero apareció este sabio de la espalda, auténtica autoridad mundial en la materia, y cuando Eduardo y su “marianapineda” particular y sus tres hijas pensaban en lo lejos que estaba cualquier posibilidad de pasar por las manos de este genio, alguien advirtió al médico de la “condición humilde” de este desesperado y pretendido paciente. Y el doctor Kovacs, a pesar de estar ocupado en investigaciones y comunicaciones científicas y congresos a los que es llamado reiteradamente, no titubeó un momento: “Mi padre me enseñó que jamás deje de ver a un paciente porque no tenga dinero. Y las enseñanzas de mi padre son sagradas para mí”. Tanto, cabe añadir, que la Fundación Kovacs (http://www.kovacs.org/), además de una entidad filantrópica privada sin ánimo de lucro, es homenaje permanente del doctor Francisco Kovacs a su padre, naturalmente su gran referencia no solo en la Medicina, sino también en la ética. Con el Rey Juan Carlos como Presidente de Honor y destacados miembros de los diferentes ámbitos sociales en su Patronato, la Fundación se dedica a la investigación médica, a la asistencia sanitaria y a la promoción de la salud pública.

Recibí la llamada de Eduardo nada más salir de la consulta del doctor Kovacs… : “¡Soy otro Eduardo…!”, gritaba más que exclamaba… Estoy nuevo… No siento dolor alguno… ¿Sabe usted lo que es que te vaya tocando en la espalda, en las vértebras, en el cuello, en los hombros y te vaya anticipando lo que vas a sentir en cada momento…? ¿Sabe usted lo que significa que conforme te va recorriendo los distintos puntos que han sido un martirio durante cuatro años, te va desapareciendo el dolor…? Sí, me ha puesto unas grapas y me ha dicho que hablamos dentro de tres meses…, y que vaya dejando la medicación poco a poco… Fíjese que me ha preguntado si alguien me había explicado lo que se aprecia en la resonancia magnética que me hicieron y que yo le he traído… Y le he tenido que decir que no, porque nadie me lo ha explicado… También me ha preguntado si me habían propuesto una intervención quirúrgica y le he dicho que sí, pero que me he negado porque yo quería saber antes lo que me pasaba. Cuando ha terminado de hacer las manipulaciones conmigo tumbado yo en la camilla y de ponerme las grapas, me ha dicho. “Y ahora te digo lo de “levántate, Lázaro, y anda”… Y me he levantado y estoy nuevo como no me sentía desde hace cuatro años… No sé qué hacer con este sabio. Le he dado las gracias, le he besado… Créame que no sé qué hacer con este genio…”

 En la página web de la Fundación Kovacs puede leerse que realiza investigación médica para mejorar los resultados de la asistencia sanitaria y la eficiencia del gasto sanitario, fomentado el uso de los procedimientos eficaces y seguros, y el abandono de los que son inútiles o innecesariamente peligrosos. Nos encontramos, pues, ante una “rara avis” de la Medicina, tan preocupado por la investigación como por la gestión eficaz y eficiente; tan ocupado en aplicar los procedimientos adecuados a cada caso como en combatir el despilfarro que lo contrario significa; tan estudioso de cada pliegue de la espalda y el cuello como de facilitar la formación de profesionales que atienden a pacientes con dolencias de ese tipo.

Andan ya Eduardo y Maricarmen por Cádiz contando el prodigio del que ha sido objeto después de cuatro años de intentar explicarse la tragedia a la que había sido reducido. Yo he buscado referencias de Hipócrates, una de las grandes figuras de la historia de la medicina, que vivió hace 2.500 años, y cuyo juramento es el primer paso para el ejercicio de la Medicina (“en el momento de ser admitido entre los miembros de la profesión médica, me comprometo a consagrar mi vida al servicio de la humanidad”, son las primeras palabras que pronuncia el nuevo profesional de la medicina al hacer el juramento). Pero encontré  otro texto que parece escrito para el caso de Eduardo y que es la mejor prueba de que Hipócrates fue el primer médico que rechazó las creencias y supersticiones que señalaban como causantes de las enfermedades a las fuerzas sobrenaturales o divinas:

"Acerca de la enfermedad que llaman sagrada sucede lo siguiente: En nada me parece que sea algo más divino ni más sagrado que las otras, sino que tiene su naturaleza propia, como las demás enfermedades y de ahí se origina. Pero su fundamento y causa natural lo consideraron los hombres como una cosa divina por su ignorancia y su asombro, ya que en nada se asemeja a las demás. Pero si por su incapacidad de comprenderla la conservan ese carácter divino, por la banalidad del método de curación con el que la tratan vienen a negarlo. Porque la tratan por medio de purificaciones y conjuros".
 Ahora, a la vista del tratamiento del doctor Kovacs y la solución que ha encontrado para el caso de Eduardo, cabe pensar que 2.500 años después aún existe en algunos ámbitos la incapacidad de comprender ciertas enfermedades que, como todas las demás, tiene su naturaleza propia.
Mientras tanto, el genio de la espalda continúa el camino emprendido por su padre, no solo al frente de la Fundación, sino también impulsando la Red Española de Investigadores en Dolencias de la Espalda (REIDE) creada para promover la investigación de calidad sobre los síndromes mecánicos del raquis o, en fin, acumulando experiencia y estudios con las intervenciones neurorreflejoterápicas (NRT) que se ha revelado como uno de los tratamientos con mejores resultados, ya que persigue el bloqueo de los mecanismos implicados en el mantenimiento del dolor, la inflamación y la contractura muscular, y su uso está indicado en los dolores de espalda que duran al menos dos semanas, que no precisan cirugía ni hospitalización y que tienen una intensidad entre moderada e intensa (más de 3 en una escala de 10).






miércoles, 4 de junio de 2014

De dictadura o democracia a monarquía o república

Antes el mantra era lo de que los discrepantes se presenten a las elecciones si quieren intervenir en la vida política. Como si los ciudadanos fuéramos seres sin otro derecho que el de votar cada cuatro años o cuando les pete a los políticos de turno adelantar las elecciones. Y ahora, cuando legítimamente e incluso lógicamente se cuestiona la monarquía, el mantra es lo de “no olvidéis que este régimen es el que os permite expresar vuestra condición republicana e incluso el que os permite demandar un referéndum sobre el modelo de Estado”. ¿Y…?, cabría preguntarse. ¡Hasta ahí podíamos llegar…! Y bien entendido que solo desde la total ignorancia o la mala fe se puede negar que este régimen y la Constitución que lo regula es el que ha permitido el mayor período de libertad que ha vivido España en toda su historia.

Pero también cabría decir que con este régimen y con la Constitución que lo regula hemos asistido al lamentable espectáculo de los bárcenas, los gürtel, las cacerías de elefantes, el derroche, las corinnas, las corrupciones, los institutosnoos, los “casoplones” en Pedralbes y los palacetes en Palma de Mallorca para el presidente balear, las visaoro, las fórmulasuno por las calles valencianas, las reformas de sedes de partidos con dinero negro, los sobres y sus sobrecogedores,  los aeropuertos sin aviones, las televisiones de las manipulaciones, los créditos de imposible devolución de las cajas de ahorro, las puertas giratorias de la sanidad pública, los cállate que ahora nos toca a nosotros, los y tumás, los gabinetes de prensa que avergonzarían a la más dócil prensa del movimiento, la caída en picado de la credibilidad del periodismo, los políticos que cambian directores de medios e imponen tertulianos.

Es verdad que existen notables diferencias entre los apasionantes tiempos de 1975, con la llegada de la Monarquía, y estos de esta España a la que, de pronto, han despertado de su sueño de pleno empleo, del euro, del “give me two” que cuentan en las tiendas de Nueva York que decían los españoles cuando iban a la Gran Manzana de turismo y compraban todo a pares dado el ventajoso cambio con el dólar, del crédito para piso-coche-y-vacaciones… La primera diferencia es que formamos parte de los países libres y democráticos y, por tanto, somos gente en el concierto internacional. Como he escrito recientemente, en aquellos tiempos el locutor de la única televisión de España decía que a la ceremonia de la proclamación de Don Juan Carlos como rey habían venido jefes de Estado, “como Augusto Pinochet, de Chile, y Hussein de Jordania” y a muchos se nos caía la cara de vergüenza. Y hoy los sucesivos jefes de gobierno de España y por supuesto el jefe del Estado reciben a los líderes mundiales y son recibidos por ellos en igualdad de condiciones, es decir, en igualdad de democracia y libertad. Y todo esto ha sido obra del Rey, que tuvo el arrojo y la valentía de asumir la dificilísima tarea de dinamitar una dictadura desde dentro, pero también ha sido obra de todos los españoles que le acompañamos en ello. Obsérvese que he escrito del Rey y no de la monarquía, y permitidme que acuda yo a otro mantra: este país está lleno de juancarlistas, pero los monárquicos no son tantos.


Los menos jóvenes probablemente recuerden aquella manifestación en la Plaza de Oriente, a la que tan aficionados eran los entusiastas de la dictadura. La última fue después de las ejecuciones del 27 de septiembre, con las que el régimen seguía saciando su hambre atrasada (como cantaría luego Luis Eduardo Aute en ese himno que para algunos significa “Al alba”). Con hambre atrasada de sangre, se entiende, y con el deseo de despedirse con más fusilamientos, para que no se olvidara que su legitimidad no procedía de la paz sino de la victoria, como le dice a su hijo el protagonista de Las bicicletas son para el verano, la obra de Fernán-Gómez. Aquella manifestación de apoyo a la dictadura y al dictador y en respuesta a las protestas de las cancillerías de los países libres por las ejecuciones, fue saludada desde el balcón del Palacio Real por un Franco decrépito, cuyo rostro anunciaba la muerte próxima que se produciría tan solo unas semanas después. Y a la izquierda del dictador aparecía un joven Juan Carlos de Borbón, vestido con uniforme militar.

Muerto el dictador, al que, como yo suelo decir, matamos de muerte natural en la cama de un hospital llamado La Paz en conmemoración de los 25 años de la victoria en la guerra civil (fue inaugurado en 1964), no hubo debate de monarquía o república. De sobra sabíamos todos que el atado y bien atado de Franco consistía en que años antes había nombrado sucesor, a título de Rey, a Juan Carlos de Borbón. Pero el debate entonces era dictadura o democracia, como ha recordado recientemente el líder de la UGT, Cándido Méndez. Quiero decir que nos daba igual quién ostentara la jefatura del Estado, que lo que el país quería era un régimen de libertades, en el que no era prioritaria la elección de forma de Estado. La prioridad era la libertad...

Y la libertad llegó. De la mano del Rey Juan Carlos, de la mano de los españoles, de la mano de los partidarios de la reforma política, que ganaron porque se impuso esa opción, y también de los partidarios de la ruptura, que democráticamente perdieron su opción pero que la defendieron hasta el límite. De los del Contubernio de Munich, entre los que había socialistas, comunistas, pero también demócratascristianos y liberales, y de los socialistas del interior (Isidoro dejó de ser un nombre de la clandestinidad y apareció un espléndido Felipe González) y hasta de los llamados azules, políticos procedentes del régimen anterior, que se sumaron a la fiesta de la democracia, y entre ellos, por cierto, estaba el propio Adolfo Suárez. Faltaba la libertad de partidos políticos y llegó Santiago Carrillo con peluca y con la connivencia del gobierno de Suárez que legalizó el Partido Comunista de España aquel Sábado Santo que algunos convirtieron en el metalenguaje al uso en Sábado Rojo. Sin olvidar la mágica operación del referéndum de la reforma política, con Torcuato Fernández Miranda de gran gurú, con la que el último vestigio de las Cortes de Franco se hacía el harakiri y encima se aplaudía a sí mismo. Y se multiplicaban los juancarlistas en España al mismo tiempo que se multiplicaban los demócratas. Hasta Felipe González dimitió de su cargo como secretario general socialista y convocó un congreso extraordinario, en el que el PSOE abandonó el marxismo y con él su reivindicación republicana y la bandera tricolor.

Lo demás está más reciente. Incluso la intentona golpista del 23 de febrero de 1981, cuando el Rey de España prestó a nuestro país el mejor servicio de sus 39 años de reinado, porque fueron sus palabras como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas lo que nos devolvió la libertad amenazada con el secuestro de su principal símbolo, el Congreso de los Diputados en Pleno, por un grupo de guardias civiles al mando de un teniente coronel de opereta al que alguien metió en una aventura que tenía como objeto devolvernos a otro oscuro túnel de una dictadura..

Y ahora empieza una nueva etapa. En medio de una tremenda crisis institucional. Con la credibilidad de la clase política por los suelos, junto con la  de todos los poderes, incluido, el cuarto, que es el nuestro, el de los periodistas y sus medios, el Rey abdica. De acuerdo con la Constitución, su hijo Felipe le sucederá en la Jefatura del Estado. Y de sobra sabe él que 39 años después, este país sigue siendo tan poco monárquico como en 1976 y cada vez menos juancarlista. Así que tendrá que ponerse a la tarea de sumar felipistas a su causa, y me gustaría creer que conoce el camino.

Pero eso no impide que, con mayor o menor fortuna –y no ha sido mucha la que han tenido Cayo Lara, de Izquierda Unida, y Pablo Iglesias, de Podemos, en sus expresiones-, se pida un referéndum sobre si Monarquía o República. Pero la respuesta no es el mantra de “no olvidemos que este régimen…”, etcétera, sino que el mantra está escrito en el Artículo 168 de la Constitución que contempla su propia revisión total o, entre otras, la del Título II (De la Corona), para lo que “se procederá a la aprobación del principio por mayoría de dos tercios de cada Cámara”

Y una simple operación aritmética permite resolver que esa modificación tendría que ser aprobada por 233 diputados y 177 senadores, pero en ningún sitio aparece que no se pueda reclamar esa reforma, que, en efecto, tendría que ser ratificada finalmente en un referéndum.