domingo, 3 de agosto de 2014

La crisis llegó a El Corte Inglés (1)

Cuando el pasado miércoles, como cada 30 de julio,  se celebró la Misa en memoria del fundador de El Corte Inglés, habían pasado 25 años desde su muerte y seguramente Ramón Areces se removería en su tumba alarmado ante la crisis en la que se encuentra el gigante que él construyó, y que es consecuencia no solo de la del consumo que sufre España sino de  enormes errores estratégicos y de gestión.
En la Junta General de agosto de 2013, su sobrino y sucesor, Isidoro Álvarez, que no hace mucho se quejaba en un círculo muy íntimo de la soledad en que se encuentra (a la que, por cierto, su singular carácter y proverbial egoísmo no le son ajenos), nombró director general a quien a su vez es sobrino suyo, Dimas Gimeno, lo que parecía suponer que al fin había llegado un cambio generacional en la gestión. Pero tres meses antes de la Junta General de finales de este mes (es decir, cuando apenas han pasado nueve meses del anterior nombramiento) Isidoro Álvarez ha contratado como asesor de la presidencia a Manuel Pizarro, uno de los más brillantes empresarios (su resistencia al frente de Endesa a la OPA hostil lanzada por Gas Natural forma parte de la más exitosa historia bursátil de nuestro país, que, por cierto, le agradecen cientos de miles de pequeños inversores) y juristas (es licenciado en Derecho y abogado del Estado) y 25 años mayor que el flamante director general. Y más grave aún resulta que, después de difundir de aquella manera, como se difunden ahora las noticias de El Corte Inglés, los objetivos de Dimas Gimeno (“Los cinco cambios que quiere para que El Corte Inglés deje de ser un dinosaurio” titulaba un estómago agradecido a los pocos meses del nombramiento), la contratación de Manuel Pizarro se explica –también entrecomillado- “para profesionalizar la gestión”. A la vista de estas palabras y al menos que se haya hecho público, ninguno de los aficionados que gestionan El Corte Inglés ha pedido la cuenta (y eso que las liquidaciones suelen ser generosas) ni tampoco una epidemia de crisis depresiva ha invadido los grandes despachos de Hemorsilla 112, sede de la compañía. Digamos que si a sus bien alimentados ocupantes cualquier decisión les importa una higa, opiniones y comentarios solo les producen una irónica sonrisa aferrados como están a sus privilegios y bicocas con los que El Corte Inglés ha pagado fidelidades (no lealtades) y en muchas ocasiones silencios que son cómplices (en la revisión que desde el más allá el fundador haría de la asistencias a la Misa conmemorativa comprobaría  la ausencia por primera vez –murió este año- de uno de los que se llevó a la tumba algún secreto testamentario del mismísimo don Ramón).  
Sea como fuere y al margen opiniones, no parece descabellado pensar que Manuel Pizarro recibirá el encargo, si no lo tiene ya, de sacar a Bolsa una parte del capital de El Corte Inglés, a lo que don Ramón siempre se resistió y a lo que su sucesor está abocado, incapaz como ha sido de adecuar a los tiempos que iban llegando un modelo de gestión que ha acabado demostrando su incapacidad de responder a los retos que la moderna distribución le ha ido planteando. Si a todo ello se añade que la proverbial discreción de la Casa ha saltado hecha añicos con un cambio traumático en la dirección de Comunicación, nos encontramos con que la empresa referencia de la distribución en nuestro país, incluida entre las más importantes del sector en el mundo, se va dejando ventas, beneficios y prestigio a jirones al mismo ritmo que su presidente, Isidoro Álvarez, va marginándose en los “posados” de la marca España en los que aparecen en primera fila y sonrientes ejecutivos de indiscutible éxito y liderazgo auténtico no adquirido a través de “puertas giratorias”, gastos publicitarios o lo que en la misma casa es calificado de “pesebre” (y corramos un tupido velo sobre otras “contribuciones”, que haberlas haylas y, sobre todo, hubo; ¿o se nos han olvidado las famosas comisiones del AVE y el incidente de la furgoneta, al que sacó provecho y buen trabajo el marido de una destacada figura del foro?).
Bastaría repasar titulares de periódicos y, sobre todo, de periódicos en la red, convertida, como es sabido, en territorio de libertad donde lo que antes era miedo, cortapisas y condicionantes encuentra ahora terreno fértil, para contar y cantar las verdades del barquero. Como la que me confesaba recientemente un destacado profesor de una de nuestras grandes escuelas de negocios: “Antes, se estudiaba El Corte Inglés como ejemplo de éxito excepcional, de aquella pequeña tiendecita junto a Preciados al gigante de la distribución; hoy estudiamos las razones de la tremenda crisis que vive”.
Cuando el pasado año saltó a las primeras páginas de los medios la necesidad de un préstamo de más de 5.000 millones para la empresa que creíamos imbatible en todos los aspectos, saltaba con ella a la plaza pública el resultado de la gestión de estos 25 años; y lo que es peor: los detalles de la negociación explicaban más incluso que el montante de la misma la verdadera situación del autocalificado “gigante de la distribución”. Porque los bancos (finalmente fueron 27 los que firmaron el préstamo sindicado) exigieron la garantía de los más importantes edificios de El Corte Inglés que, por otra parte, ponía negro sobre blanco uno de los más graves errores estratégicos de la compañía. Sí, porque mientras Inditex, la creación de Amancio Ortega cuyo crecimiento tan nervioso –y ahora se ven la razones- pone siempre a Isidoro Alvarez, viene realizado una política inmobiliaria de futuro (los mejores y más emblemáticos edificios en las mejores esquinas de las mejores capitales del mundo), El Corte Inglés sigue aferrado al modelo de anticipar su instalación incluso a la urbanización de una zona (con lo que una crisis económica se puede llevar por delante cualquier cálculo de amortización y beneficio) o lo que el “triángulo de Pozas” (donde hoy se levantan los grandes almacenes de Argüelles, en Madrid) es ejemplo, es decir, edificios de casi imposible reconversión. Pero volviendo a la operación del préstamo –no se olvide: para refinanciar su deuda bancaria-, hay que sumar la venta del 51% y la gestión de la financiera de los grandes almacenes al Santander, lo que da idea de que a El Corte Inglés el "traje", que ya tenía brillos en fondillos, empieza también a reventarle por las costuras.  
Hay muchos más errores estratégicos que han tenido como consecuencia la profunda crisis que vive el gigante con pies cada vez más débiles. Hemos citado a Inditex y Zara; y podríamos citar a Roig y Mercadona; o a Carreforur y Leroy Merlin… O, simplemente, esa especie de huida hacia delante (¿os suena Galerías Preciados?) que ha supuesto la apertura de centros en los que se oye decir a los en otro tiempo entusiastas y hoy desmotivados vendedores: “Aquí no entra ni el viento…”
En próximos capítulos.



lunes, 28 de julio de 2014

Eso es Podemos...

Lleváis un mes a vueltas con la exitosa iniciativa y los árboles no os dejan ver el bosque de las razones de su existencia. Porque Podemos no es ni las artes de comunicación de Pablo Iglesias, que las tiene; ni su discurso imposible, que lo transmite en cuanto tiene ocasión; ni la utilización de la palabra “casta”, y pronúnciese poniendo contundencia en la “c” del comienzo y arrastrando la “ese” hasta golpear a la “t” de manera que la sílaba tenga un tono de descalificación. Tampoco Podemos es La Sexta y Cuatro, las dos cadenas de televisión que han lanzado al estrellato la coleta más famosa de los últimos años.


Podemos, no os engañéis, es la respuesta a la corrupción. Podemos es el molt honorable Jordi Pujol metido a delincuente. Podemos es el 3 por 100 que Pasqual Maragall citó con gran escándalo en su toma de posesión como presidente de la Generalitat y que ahora se ve para lo mucho que da. Podemos antes fue Bárcenas y el plasma de Rajoy y las promesas electorales incumplidas y las obras de la sede del Partido Popular pagadas con dinero negro y Jaume Matas y el periodista que escribía sus discursos que luego loaba en las páginas del periódico del que era corresponsal y todo queda en casa y el ático de lujo de la Costa del Sol y los jamones ibéricos con experto cortador incluido camino de la vergüenza del relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor y la hija del Rey y su consorte con más cara que estatura y la ministra que no se entera de que en su plaza de garaje había un Jaguar ni de quién paga los cañones de confetis de los cumpleaños de sus hijos y mucho antes la boda de Estado en El Escorial y las puertas giratorias que van de la Sanidad pública a la sanidad privada o de la judicatura a El Corte Inglés. Podemos es la libre interpretación de la encuesta de población activa con el milagro de los panes y los peces pero al revés: se crea empleo pero se trabaja menos horas, es decir, venga no nos engañéis destruís empleo y lo sustituís por contratos basura. Y Podemos es también la descalificación que de Podemos hacen los partidos políticos, con el verso suelto de Esperanza Aguirre a la cabeza (repita, doña Esperanza: “Yo también soy Podemos...)

sábado, 5 de julio de 2014

In memoriam

Nos whatsSappeábamos de vez en cuando. Uno de esos mensajes se lo envié mientras devoraba literalmente lo que nunca pensé que acabaría formando parte de su mejor testamento: “Sótano Octavo”, un testimonio valiente de cómo enfrentarse al cáncer, según proclama la portada.


Lo conservo en mi portátil: “He leído “Sótano octavo” y siento la necesidad de decirte que he descubierto al Rafael MARTÍNEZ SIMANCAS más brillante, más irónico, más mordaz, más tierno, más sensible, más humano, más maduro como escritor que jamás ví. Enhorabuena por las lecciones que encierran ese libro, y no es la menor la lección de vida que supone cada frase, cada pinchazo, cada ángel (así llama Rafael a las enfermeras en el libro) que voy viendo página a página… ¡Cuánta esperanza transmite “Sótano Octavo” de que pronto podrás dedicármelo pleno tú de salud…! Gracias, maestro. Un abrazo y besos al Víctor que te ha traído duendes y hadas en complicidad con su hermana”. Víctor, que es hijo de Rafa y Lidón, que hoy tiene 12 años y es gemelo de la pequeña Lidón, le había escrito unas frases que servían de verdadero pórtico a su libro:
“Papá: sé que lo tuyo es un asunto de hadas, ogros y duendes.
Las hadas son el sistema inmunológico, tu médula.
Los ogros son el linfoma que ataca a tu sistema.
Los duendes son la quimioterapia.
Como las hadas no pueden con los ogros llaman a los duendes y con ellos luchan para expulsarlos”.
Me contestó, como hacía siempre… Con sus gotas de humor, de ironía, también de sabiduría: “Gracias por leer de manera inteligente el libro. Decían en “Amanece que no es poco”: ¡Cuántos grandes libros se han echado a perder por leerlos mal”.
He querido que fuera literatura, narración periodística y poca autocompasión porque detrás de un bisturí no hay poesía.
Gracias por comprarlo, eso se notará en las ventas del mes. Un abrazo y adelante. Nosotros, como Belmonte, en realidad hemos nacido esta mañana”.
En ninguna sala de quimioterapia de nuestros hospitales debería faltar este “Sótano Octavo” que ya forma parte del testamento -me atrevería a escribir del testamento vital- de un periodista brillante, de un compañero indispensable, de un amigo leal, de un padre ejemplar… El día que nos encontremos allá donde esté, seguro que tiene una frase brillante para disculparse por haberse ido sin dedicarme su libro.

domingo, 22 de junio de 2014

Levántate y anda...

 Eduardo es un gaditano de cincuentaytantos años, de esos que antes llamaban “hechos a sí mismo” y que ahora llaman emprendedores, palabra con la que los políticos llenan boca y promesas. Eduardo está casado con Maricarmen, una brava andaluza que le ha dado tres hijas maravillosas, universitarias las tres, y que día a día se plantea el reto de la subsistencia y de la lucha por la justicia, cuya bandera va bordando como una Mariana Pineda del siglo XXI. Y es que eso que se llama el sistema, y que probablemente tenga algo que ver con “la casta” que tanto gusta decir al último fenómeno electoral, el Pablo Iglesias de Podemos, ha acabado con la capacidad emprendedora de Eduardo y a poco que se hubiera descuidado probablemente hubiera acabado con su capacidad de poder siquiera andar…

Después de toda su vida de emprendimientos, de cotización de autónomos y de un par de operaciones de algo tan simple como eliminar unas varices, Eduardo tuvo que cambiar la lucha diaria por mantener a flote su pequeño comercio, a lo que se ha dedicado toda la vida y que tuvo que cerrar, por la de mantenerse en pie él mismo… Con su mujer como ariete peregrinó por todas las Consejerías del gobierno andaluz que tengan algo que ver con la intervención quirúrgica de la que fue víctima; acudió al Defensor del Pueblo Andaluz (algún día los políticos nos explicarán para qué sirve tanto defensor de un pueblo al que atacan por todos los flancos a diario mientras, a lo que se ve, el Defensor del Pueblo se limita a tomar nota, sin capacidad ejecutiva alguna); ha vivido con un dolor permanente que a duras penas le permitía andar, y cayó en una seudodepresión, porque cuando te dejan con cuatrocientos y pico euros de pensión de invalidez para mantener una familia con tres hijas en plena formación universitaria, hay que sacar fuerzas de no se sabe dónde para hacer frente también a la depresión… Le engañaron médicos, funcionarios, abogados… Le quisieron devolver al quirófano a lo que se negó temiendo que en esta ocasión la salida fuera en una silla de ruedas para siempre y en todo caso necesitaba antes saber qué le ha ocurrido o qué ocurrió en el quirófano en el que entró para una simple operación de varices y salió con la amenaza de una incapacidad permanente, y mientras tanto arréglate con la pensión de cuatrocientos y pico euros.


Su particular “marianapineda” rebuscó agendas y contactos, y devoraba cuanto veía en la Red, a la que estaba literalmente enganchada buscando explicación, primero, y solución después… Y en esa búsqueda apareció el doctor Kovacs… Como en una increíble carambola…, pero apareció este sabio de la espalda, auténtica autoridad mundial en la materia, y cuando Eduardo y su “marianapineda” particular y sus tres hijas pensaban en lo lejos que estaba cualquier posibilidad de pasar por las manos de este genio, alguien advirtió al médico de la “condición humilde” de este desesperado y pretendido paciente. Y el doctor Kovacs, a pesar de estar ocupado en investigaciones y comunicaciones científicas y congresos a los que es llamado reiteradamente, no titubeó un momento: “Mi padre me enseñó que jamás deje de ver a un paciente porque no tenga dinero. Y las enseñanzas de mi padre son sagradas para mí”. Tanto, cabe añadir, que la Fundación Kovacs (http://www.kovacs.org/), además de una entidad filantrópica privada sin ánimo de lucro, es homenaje permanente del doctor Francisco Kovacs a su padre, naturalmente su gran referencia no solo en la Medicina, sino también en la ética. Con el Rey Juan Carlos como Presidente de Honor y destacados miembros de los diferentes ámbitos sociales en su Patronato, la Fundación se dedica a la investigación médica, a la asistencia sanitaria y a la promoción de la salud pública.

Recibí la llamada de Eduardo nada más salir de la consulta del doctor Kovacs… : “¡Soy otro Eduardo…!”, gritaba más que exclamaba… Estoy nuevo… No siento dolor alguno… ¿Sabe usted lo que es que te vaya tocando en la espalda, en las vértebras, en el cuello, en los hombros y te vaya anticipando lo que vas a sentir en cada momento…? ¿Sabe usted lo que significa que conforme te va recorriendo los distintos puntos que han sido un martirio durante cuatro años, te va desapareciendo el dolor…? Sí, me ha puesto unas grapas y me ha dicho que hablamos dentro de tres meses…, y que vaya dejando la medicación poco a poco… Fíjese que me ha preguntado si alguien me había explicado lo que se aprecia en la resonancia magnética que me hicieron y que yo le he traído… Y le he tenido que decir que no, porque nadie me lo ha explicado… También me ha preguntado si me habían propuesto una intervención quirúrgica y le he dicho que sí, pero que me he negado porque yo quería saber antes lo que me pasaba. Cuando ha terminado de hacer las manipulaciones conmigo tumbado yo en la camilla y de ponerme las grapas, me ha dicho. “Y ahora te digo lo de “levántate, Lázaro, y anda”… Y me he levantado y estoy nuevo como no me sentía desde hace cuatro años… No sé qué hacer con este sabio. Le he dado las gracias, le he besado… Créame que no sé qué hacer con este genio…”

 En la página web de la Fundación Kovacs puede leerse que realiza investigación médica para mejorar los resultados de la asistencia sanitaria y la eficiencia del gasto sanitario, fomentado el uso de los procedimientos eficaces y seguros, y el abandono de los que son inútiles o innecesariamente peligrosos. Nos encontramos, pues, ante una “rara avis” de la Medicina, tan preocupado por la investigación como por la gestión eficaz y eficiente; tan ocupado en aplicar los procedimientos adecuados a cada caso como en combatir el despilfarro que lo contrario significa; tan estudioso de cada pliegue de la espalda y el cuello como de facilitar la formación de profesionales que atienden a pacientes con dolencias de ese tipo.

Andan ya Eduardo y Maricarmen por Cádiz contando el prodigio del que ha sido objeto después de cuatro años de intentar explicarse la tragedia a la que había sido reducido. Yo he buscado referencias de Hipócrates, una de las grandes figuras de la historia de la medicina, que vivió hace 2.500 años, y cuyo juramento es el primer paso para el ejercicio de la Medicina (“en el momento de ser admitido entre los miembros de la profesión médica, me comprometo a consagrar mi vida al servicio de la humanidad”, son las primeras palabras que pronuncia el nuevo profesional de la medicina al hacer el juramento). Pero encontré  otro texto que parece escrito para el caso de Eduardo y que es la mejor prueba de que Hipócrates fue el primer médico que rechazó las creencias y supersticiones que señalaban como causantes de las enfermedades a las fuerzas sobrenaturales o divinas:

"Acerca de la enfermedad que llaman sagrada sucede lo siguiente: En nada me parece que sea algo más divino ni más sagrado que las otras, sino que tiene su naturaleza propia, como las demás enfermedades y de ahí se origina. Pero su fundamento y causa natural lo consideraron los hombres como una cosa divina por su ignorancia y su asombro, ya que en nada se asemeja a las demás. Pero si por su incapacidad de comprenderla la conservan ese carácter divino, por la banalidad del método de curación con el que la tratan vienen a negarlo. Porque la tratan por medio de purificaciones y conjuros".
 Ahora, a la vista del tratamiento del doctor Kovacs y la solución que ha encontrado para el caso de Eduardo, cabe pensar que 2.500 años después aún existe en algunos ámbitos la incapacidad de comprender ciertas enfermedades que, como todas las demás, tiene su naturaleza propia.
Mientras tanto, el genio de la espalda continúa el camino emprendido por su padre, no solo al frente de la Fundación, sino también impulsando la Red Española de Investigadores en Dolencias de la Espalda (REIDE) creada para promover la investigación de calidad sobre los síndromes mecánicos del raquis o, en fin, acumulando experiencia y estudios con las intervenciones neurorreflejoterápicas (NRT) que se ha revelado como uno de los tratamientos con mejores resultados, ya que persigue el bloqueo de los mecanismos implicados en el mantenimiento del dolor, la inflamación y la contractura muscular, y su uso está indicado en los dolores de espalda que duran al menos dos semanas, que no precisan cirugía ni hospitalización y que tienen una intensidad entre moderada e intensa (más de 3 en una escala de 10).






miércoles, 4 de junio de 2014

De dictadura o democracia a monarquía o república

Antes el mantra era lo de que los discrepantes se presenten a las elecciones si quieren intervenir en la vida política. Como si los ciudadanos fuéramos seres sin otro derecho que el de votar cada cuatro años o cuando les pete a los políticos de turno adelantar las elecciones. Y ahora, cuando legítimamente e incluso lógicamente se cuestiona la monarquía, el mantra es lo de “no olvidéis que este régimen es el que os permite expresar vuestra condición republicana e incluso el que os permite demandar un referéndum sobre el modelo de Estado”. ¿Y…?, cabría preguntarse. ¡Hasta ahí podíamos llegar…! Y bien entendido que solo desde la total ignorancia o la mala fe se puede negar que este régimen y la Constitución que lo regula es el que ha permitido el mayor período de libertad que ha vivido España en toda su historia.

Pero también cabría decir que con este régimen y con la Constitución que lo regula hemos asistido al lamentable espectáculo de los bárcenas, los gürtel, las cacerías de elefantes, el derroche, las corinnas, las corrupciones, los institutosnoos, los “casoplones” en Pedralbes y los palacetes en Palma de Mallorca para el presidente balear, las visaoro, las fórmulasuno por las calles valencianas, las reformas de sedes de partidos con dinero negro, los sobres y sus sobrecogedores,  los aeropuertos sin aviones, las televisiones de las manipulaciones, los créditos de imposible devolución de las cajas de ahorro, las puertas giratorias de la sanidad pública, los cállate que ahora nos toca a nosotros, los y tumás, los gabinetes de prensa que avergonzarían a la más dócil prensa del movimiento, la caída en picado de la credibilidad del periodismo, los políticos que cambian directores de medios e imponen tertulianos.

Es verdad que existen notables diferencias entre los apasionantes tiempos de 1975, con la llegada de la Monarquía, y estos de esta España a la que, de pronto, han despertado de su sueño de pleno empleo, del euro, del “give me two” que cuentan en las tiendas de Nueva York que decían los españoles cuando iban a la Gran Manzana de turismo y compraban todo a pares dado el ventajoso cambio con el dólar, del crédito para piso-coche-y-vacaciones… La primera diferencia es que formamos parte de los países libres y democráticos y, por tanto, somos gente en el concierto internacional. Como he escrito recientemente, en aquellos tiempos el locutor de la única televisión de España decía que a la ceremonia de la proclamación de Don Juan Carlos como rey habían venido jefes de Estado, “como Augusto Pinochet, de Chile, y Hussein de Jordania” y a muchos se nos caía la cara de vergüenza. Y hoy los sucesivos jefes de gobierno de España y por supuesto el jefe del Estado reciben a los líderes mundiales y son recibidos por ellos en igualdad de condiciones, es decir, en igualdad de democracia y libertad. Y todo esto ha sido obra del Rey, que tuvo el arrojo y la valentía de asumir la dificilísima tarea de dinamitar una dictadura desde dentro, pero también ha sido obra de todos los españoles que le acompañamos en ello. Obsérvese que he escrito del Rey y no de la monarquía, y permitidme que acuda yo a otro mantra: este país está lleno de juancarlistas, pero los monárquicos no son tantos.


Los menos jóvenes probablemente recuerden aquella manifestación en la Plaza de Oriente, a la que tan aficionados eran los entusiastas de la dictadura. La última fue después de las ejecuciones del 27 de septiembre, con las que el régimen seguía saciando su hambre atrasada (como cantaría luego Luis Eduardo Aute en ese himno que para algunos significa “Al alba”). Con hambre atrasada de sangre, se entiende, y con el deseo de despedirse con más fusilamientos, para que no se olvidara que su legitimidad no procedía de la paz sino de la victoria, como le dice a su hijo el protagonista de Las bicicletas son para el verano, la obra de Fernán-Gómez. Aquella manifestación de apoyo a la dictadura y al dictador y en respuesta a las protestas de las cancillerías de los países libres por las ejecuciones, fue saludada desde el balcón del Palacio Real por un Franco decrépito, cuyo rostro anunciaba la muerte próxima que se produciría tan solo unas semanas después. Y a la izquierda del dictador aparecía un joven Juan Carlos de Borbón, vestido con uniforme militar.

Muerto el dictador, al que, como yo suelo decir, matamos de muerte natural en la cama de un hospital llamado La Paz en conmemoración de los 25 años de la victoria en la guerra civil (fue inaugurado en 1964), no hubo debate de monarquía o república. De sobra sabíamos todos que el atado y bien atado de Franco consistía en que años antes había nombrado sucesor, a título de Rey, a Juan Carlos de Borbón. Pero el debate entonces era dictadura o democracia, como ha recordado recientemente el líder de la UGT, Cándido Méndez. Quiero decir que nos daba igual quién ostentara la jefatura del Estado, que lo que el país quería era un régimen de libertades, en el que no era prioritaria la elección de forma de Estado. La prioridad era la libertad...

Y la libertad llegó. De la mano del Rey Juan Carlos, de la mano de los españoles, de la mano de los partidarios de la reforma política, que ganaron porque se impuso esa opción, y también de los partidarios de la ruptura, que democráticamente perdieron su opción pero que la defendieron hasta el límite. De los del Contubernio de Munich, entre los que había socialistas, comunistas, pero también demócratascristianos y liberales, y de los socialistas del interior (Isidoro dejó de ser un nombre de la clandestinidad y apareció un espléndido Felipe González) y hasta de los llamados azules, políticos procedentes del régimen anterior, que se sumaron a la fiesta de la democracia, y entre ellos, por cierto, estaba el propio Adolfo Suárez. Faltaba la libertad de partidos políticos y llegó Santiago Carrillo con peluca y con la connivencia del gobierno de Suárez que legalizó el Partido Comunista de España aquel Sábado Santo que algunos convirtieron en el metalenguaje al uso en Sábado Rojo. Sin olvidar la mágica operación del referéndum de la reforma política, con Torcuato Fernández Miranda de gran gurú, con la que el último vestigio de las Cortes de Franco se hacía el harakiri y encima se aplaudía a sí mismo. Y se multiplicaban los juancarlistas en España al mismo tiempo que se multiplicaban los demócratas. Hasta Felipe González dimitió de su cargo como secretario general socialista y convocó un congreso extraordinario, en el que el PSOE abandonó el marxismo y con él su reivindicación republicana y la bandera tricolor.

Lo demás está más reciente. Incluso la intentona golpista del 23 de febrero de 1981, cuando el Rey de España prestó a nuestro país el mejor servicio de sus 39 años de reinado, porque fueron sus palabras como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas lo que nos devolvió la libertad amenazada con el secuestro de su principal símbolo, el Congreso de los Diputados en Pleno, por un grupo de guardias civiles al mando de un teniente coronel de opereta al que alguien metió en una aventura que tenía como objeto devolvernos a otro oscuro túnel de una dictadura..

Y ahora empieza una nueva etapa. En medio de una tremenda crisis institucional. Con la credibilidad de la clase política por los suelos, junto con la  de todos los poderes, incluido, el cuarto, que es el nuestro, el de los periodistas y sus medios, el Rey abdica. De acuerdo con la Constitución, su hijo Felipe le sucederá en la Jefatura del Estado. Y de sobra sabe él que 39 años después, este país sigue siendo tan poco monárquico como en 1976 y cada vez menos juancarlista. Así que tendrá que ponerse a la tarea de sumar felipistas a su causa, y me gustaría creer que conoce el camino.

Pero eso no impide que, con mayor o menor fortuna –y no ha sido mucha la que han tenido Cayo Lara, de Izquierda Unida, y Pablo Iglesias, de Podemos, en sus expresiones-, se pida un referéndum sobre si Monarquía o República. Pero la respuesta no es el mantra de “no olvidemos que este régimen…”, etcétera, sino que el mantra está escrito en el Artículo 168 de la Constitución que contempla su propia revisión total o, entre otras, la del Título II (De la Corona), para lo que “se procederá a la aprobación del principio por mayoría de dos tercios de cada Cámara”

Y una simple operación aritmética permite resolver que esa modificación tendría que ser aprobada por 233 diputados y 177 senadores, pero en ningún sitio aparece que no se pueda reclamar esa reforma, que, en efecto, tendría que ser ratificada finalmente en un referéndum.


lunes, 26 de mayo de 2014

Sí, Marhuenda, ¡podemos...!

Le gusta decir a la derecha casposa que tan bien representa Francisco Marhuenda, tertuliano en programas de radio y televisión y portavoz oficioso de Mariano Rajoy, que quienes protestan contra el gobierno y defienden un sistema alejado de la corrupción, del nepotismo y del clientelismo, lo que tienen que hacer es presentarse a las elecciones como si el paso por las urnas fuera una especie de patente de corso que permite, pongamos por caso, convertir un programa electoral –que uno siempre creyó que era una especie de contrato/compromiso con el elector- en simple papel mojado; o peor, como si el ciudadano fuera un sujeto pasivo con el único derecho a votar cada cuatro años o cada cinco, como es el caso de las elecciones europeas. Pero la derecha casposa, que tiene el ADN de jugador de ventaja, dice esto segura de que en el sistema de partidos que tenemos resulta prácticamente imposible que cristalicen formaciones políticas ex novo. La experiencia así lo ha venido demostrando desde aquel Partido Reformista de Roca Junyent (centenares de millones de pesetas de deuda a los bancos y ni un solo escaño, con menos de 200.000 votos) o desde el Centro Democrático y Social de Adolfo Suárez que jamás obtuvo en votos el reconocimiento que su fundador ha tenido a la hora de su muerte, pasando por otras iniciativas cuyo presencia duraba apenas el tiempo que media desde unas semanas antes del inicio de la campaña electoral hasta el escrutinio, en el que el porcentaje de los votos cosechados había que contarlo en centésimas.


Pero las elecciones europeas de este domingo en España han supuesto que, al fin, haya sido posible la irrupción como cuarta fuerza más votada y la tercera en varias regiones una iniciativa que ha venido denunciado el corrupto sistema político actual, que ha puesto negro sobre blanco las contradicciones de un sistema que beneficia a los poderosos y perjudica a los débiles, y que le ha dicho al ciudadano que es posible otra política y otra Europa en un lenguaje llano, tan alejado del Ibex 35 como de la jerga de Bruselas.
Ahí tiene la derecha casposa y su egregio representante Marhuenda la respuesta a sus inquietudes (¿) democráticas. ¿Qué querían…? ¿El paso por las urnas de quienes denuncian los planes de pensiones de los europarlamentarios o sus viajes en bussiness o sus salarios tan alejados de la realidad de la mayoría de los ciudadanos de cuyos impuestos se nutren, de quienes vienen diciendo que hay que desalojar del poder este bipartidismo que permite la alternancia sin solución de continuidad de gentes que tienen la política como medio de vida y no como medio de servicio a la sociedad y mucho menos como su auténtico "leit motiv", el de mejorar esa sociedad? Pues ahí tenéis a Podemos, ahí tienes, Marhuenda, a Pablo Iglesias, que, como en tus peores sueños, a partir de ahora se te aparecerá con 1.245.948 votos en las tertulias en las que te dedicas a descalificarlo con la soberbia de quien se cree superior.
Se empieza a criticar la utilización que Pablo Iglesias ha hecho de su presencia en las tertulias en radios y televisiones. ¿Y qué pensabais: que solo el bipartidismo tiene derecho a ocupar esas tertulias, porque no les basta con la descarada manipulación que hace de los canales de televisión, apropiándose, entre otros, de los autonómicos, entregados sus dirigentes a la permanente alabanza y agasajo del que manda en la región, atentos y fieles cumplidores de sus consignas? Vuestra soberbia os ha llevado al extremo de no considerar a gentes que, como Pablo Iglesias, con solo 35 años, es licenciado en Derecho y Ciencias Políticas, en la que fue premio extraordinario, Máster en Humanidades por la Universidad Carlos III y Master of Arts in Communication por el European Graduate School de Suiza. Y han sido sus conocimientos de la comunicación los que le han permitido enviar un mensaje nítido a la sociedad de que es posible el fin de este insoportable bipartidismo. Y, por cierto, sin pedir un céntimo a los bancos y sin utilizar los sistemas tradicionales y ya obsoletos de comunicación, que requieren tanto gasto como corrupción han traído.
A finales del pasado siglo ya escuchaba yo decir al recientemente desaparecido profesor y ex presidente del Tribunal Constitucional Manuel Jiménez de Parga, que la transformación de las comunicaciones requiere inventar una nueva forma de democracia, una nueva forma de hacer política. Con aquella voz grave pero casi musical siempre con el acento andaluz de su Granada natal, ponía el profesor Jiménez de Parga el ejemplo de los mítines, “a los que van apenas unos miles de convencidos del partido que lo convoca, mientras un debate en televisión es visto por millones de espectadores”. Pablo Iglesias y su Podemos lo han entendido así, y buena prueba de ello son los miles de seguidores que tienen en las redes sociales, en alguna de las cuales ha sido trending topic en determinados momentos de la campaña de unas elecciones en las que han sido los grandes triunfadores.

lunes, 12 de mayo de 2014

Otra Sanidad es posible

Una conversación con el doctor Francisco Kovacs es una especie de lección magistral sobre otra sanidad bien diferente de la que tenemos. No se trata de su privatización, cuyo intento le costó el puesto al Consejero del gobierno regional de Madrid, sino de su transformación, como mejor instrumento para su defensa. Hijo de médico, presidente de la Fundación que lleva su apellido en memoria y homenaje a su padre (también médico y pionero de la auriculomedicina en España), niño, adolescente, joven, estudiante y médico, todo ello con el añadido “prodigio”, porque a los 19 años ya era médico y a los 23 su currículo merecíó una amplia referencia en las columnas del diario El País en una información firmada por Inmaculada de la Fuente, en la que podía leerse que, además de finalizar sus estudios de Medicina a edad tan temprana, Kovacs “había estudiado a la vez piano, órgano y composición, y a los siete años dio su primer recital”. Hoy, 17 años después, acaba de presentar en la sede de la Organización Médica Colegial (OMC) de Madrid, con asistencia, entre otros, del presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España, un estudio científico español refrendado por “Spine Journal”, principal revista científica internacional en el campo de las dolencias de la espalda.


El estudio analiza los resultados de la intervención neurorreflejoterápica (NRT) realizada a los primeros 9.000 pacientes de la sanidad pública en las Comunidades de Madrid, Cataluña, Baleares, Asturias y Murcia. Entre los autores y firmantes del estudio están los responsables del seguimiento de esa tecnología en esos Servicios de Salud públicos, y el equipo de estadísticos independientes del Hospital Ramón y Cajal que han analizado los datos con métodos especialmente sofisticados.

Los resultados del estudio permiten llevar la medicina individualizada al campo de las dolencias de la espalda e identifican los 36 factores que influyen en el pronóstico de cada paciente y la manera y la magnitud en la que lo hacen. Basándose en estos resultados, se ha desarrollado una aplicación informática de uso libre y gratuito, que permite que cualquier paciente o su médico introduzcan los datos concretos del paciente y calcula la probabilidad que tiene, en su caso individual y específico de mejorar sometiéndose a una intervención NRT. Eso facilita que el propio paciente o su médico valoren esas perspectivas de mejoría individualizada a su caso concreto, con los efectos secundarios y costes que conlleva ese tipo de intervención. El pronóstico basándose en ese estudio calcula el programa informático ha demostrado  ser muy preciso y válido.

Y si este estudio demuestra que ha sido posible calcular el pronóstico para este tratamiento concreto (mediante la aplicación de un mecanismo riguroso de seguimiento y captación de los datos), lo mismo podría hacerse para el resto de las tecnologías que se aplican en el Sistema Nacional de Salud, aunque hasta ahora ninguna lo ha hecho.

Kovacs ilustra la conversación con un torrente de datos que va lanzando al ritmo justo que su interlocutor precisa no ya para anotarlos, sino para comprenderlos. Tiene en la cabeza el gasto sanitario público y privado en nuestro país, “un 9,5 % del PIB, y le puedo asegurar que el 30 por 100 de los tratamientos son inútiles o, como poco, no indicados”. Cuantifica lo que la Sanidad se lleva en esos tratamientos inútiles “o en tratamiento eficaces pero no adecuados”. Sostiene el presidente de la Fundación Kovacs que con determinadas correcciones de muchas prácticas, por cada euro se ahorra cuatro. “Por ejemplo, en España se ha demostrado que se dilapida hasta el 30 por 100 de los recursos destinados a pagar resonancias magnéticas por dolor lumbar, y el 60 por 100 de los que cubren los tratamientos rehabilitadores por dolencias de cuello, hombro o lumbares”.

Sin ir más lejos, “el año pasado –me cuenta- hicimos públicos los resultados del primer contrato de riesgo compartido realizado para aplicar una tecnología sanitaria comprobadamente efectiva y eficiente (la “intervención neurorreflejoterápica”). Estuvo pilotado en el Servicio de Salud de Baleares desde el 1 de enero de 2011, y hasta el 31 de diciembre de 2012 generó un ahorro neto de más de 11 millones de euros al erario público. Y eso demuestra que este tipo de contrato es viable en la sanidad pública española, resulta beneficioso para los pacientes y asegura la rentabilidad de los recursos públicos”.

Es inevitable recordar la lucha mantenida en Madrid y el lema de “la Sanidad no se vende, se defiende”, convertido en grito de guerra, en pancarta y hasta en bandera (en muchos balcones de profesionales de la Medicina aparecía el cartel escrito en paños a modo de colgadura) de la protesta contra la privatización. Le digo a Kovacs que, ante el panorama de la Sanidad en España y la presión de los laboratorios, es un tipo sospechoso en cualquier hospital. Pero el doctor no quiere dar cuartel ni siquiera a la ironía… Te explica que el Contrato de Riesgo Compartido consiste conceptualmente en pagar la aplicación de una tecnología sanitaria en la medida en la que los resultados clínicos y económicos que obtiene en la práctica alcanzan los objetivos fijados.  

Y si le pides que lo precise aún más, añade que “en el ámbito sanitario, un contrato de riesgo compartido es aquel en el que la cuantía de los pagos por la aplicación de una tecnología depende de los resultados que obtiene en la práctica; es decir, si estos resultados no alcanzan los objetivos mínimos establecidos, el sistema sanitario deja de pagar parte o todos los costes de aplicación. Cuando, como en el caso de la intervención neurorreflejoterápica que aplicamos en Baleares a 3.802 pacientes, esos objetivos mínimos incluyen aspectos económicos (como reducción del uso de fármacos o cirugía), también sirve para asegurar que los recursos públicos destinados a pagar la aplicación de esa tecnología resultan rentables, pues sólo se abonan si han generado previamente un ahorro mayor que su coste”.

Cuando en su camino uno se encuentra con personalidades como la del doctor Kovacs, que apoya cada una de sus afirmaciones con la contundencia de un dato comprobable; cuando frente a la verborrea al uso exhibe la tozudez de las cifras y frente a la filosofía de “puchero” de tanto politicastro pone sobre la mesa el empirismo de su propia trayectoria jalonada por publicaciones científicas como el “Spine Journal” o por la “BioMedCentral Health Services Research”; o, en fin, cuando ante tanto anuncio de tratamientos milagrosos te encuentras con el proyecto de la “Fundación Kovacs” (http://www.kovacs.org/) cuyo patronato tiene al Rey Juan Carlos como presidente de honor, con una veintena de personalidades de la política, la ciencia, las finanzas o la propia Sanidad  y con personas que pertenecieron a la misma hasta su muerte, como Sabino Fernández Campo o la Condesa de Fenosa, tienes la tentación de imaginarte esa "otra Sanidad" alejada de "visitadores médicos" (¿no se llaman así los agentes de los laboratorios farmacéuticos?), de la obsesión por el ahorro (¿ahorrar para quién?, cabe preguntarse) y de la eficacia a base de recortes que acaban siendo recortes de la salud. Y hasta te permites dar rienda suelta al sueño de que quizás algún día por fin se permitirá a Kovacs, a sus colaboradores y a sus discípulos transformar la sanidad de este país como mejor defensa de la misma.