domingo, 22 de junio de 2014

Levántate y anda...

 Eduardo es un gaditano de cincuentaytantos años, de esos que antes llamaban “hechos a sí mismo” y que ahora llaman emprendedores, palabra con la que los políticos llenan boca y promesas. Eduardo está casado con Maricarmen, una brava andaluza que le ha dado tres hijas maravillosas, universitarias las tres, y que día a día se plantea el reto de la subsistencia y de la lucha por la justicia, cuya bandera va bordando como una Mariana Pineda del siglo XXI. Y es que eso que se llama el sistema, y que probablemente tenga algo que ver con “la casta” que tanto gusta decir al último fenómeno electoral, el Pablo Iglesias de Podemos, ha acabado con la capacidad emprendedora de Eduardo y a poco que se hubiera descuidado probablemente hubiera acabado con su capacidad de poder siquiera andar…

Después de toda su vida de emprendimientos, de cotización de autónomos y de un par de operaciones de algo tan simple como eliminar unas varices, Eduardo tuvo que cambiar la lucha diaria por mantener a flote su pequeño comercio, a lo que se ha dedicado toda la vida y que tuvo que cerrar, por la de mantenerse en pie él mismo… Con su mujer como ariete peregrinó por todas las Consejerías del gobierno andaluz que tengan algo que ver con la intervención quirúrgica de la que fue víctima; acudió al Defensor del Pueblo Andaluz (algún día los políticos nos explicarán para qué sirve tanto defensor de un pueblo al que atacan por todos los flancos a diario mientras, a lo que se ve, el Defensor del Pueblo se limita a tomar nota, sin capacidad ejecutiva alguna); ha vivido con un dolor permanente que a duras penas le permitía andar, y cayó en una seudodepresión, porque cuando te dejan con cuatrocientos y pico euros de pensión de invalidez para mantener una familia con tres hijas en plena formación universitaria, hay que sacar fuerzas de no se sabe dónde para hacer frente también a la depresión… Le engañaron médicos, funcionarios, abogados… Le quisieron devolver al quirófano a lo que se negó temiendo que en esta ocasión la salida fuera en una silla de ruedas para siempre y en todo caso necesitaba antes saber qué le ha ocurrido o qué ocurrió en el quirófano en el que entró para una simple operación de varices y salió con la amenaza de una incapacidad permanente, y mientras tanto arréglate con la pensión de cuatrocientos y pico euros.


Su particular “marianapineda” rebuscó agendas y contactos, y devoraba cuanto veía en la Red, a la que estaba literalmente enganchada buscando explicación, primero, y solución después… Y en esa búsqueda apareció el doctor Kovacs… Como en una increíble carambola…, pero apareció este sabio de la espalda, auténtica autoridad mundial en la materia, y cuando Eduardo y su “marianapineda” particular y sus tres hijas pensaban en lo lejos que estaba cualquier posibilidad de pasar por las manos de este genio, alguien advirtió al médico de la “condición humilde” de este desesperado y pretendido paciente. Y el doctor Kovacs, a pesar de estar ocupado en investigaciones y comunicaciones científicas y congresos a los que es llamado reiteradamente, no titubeó un momento: “Mi padre me enseñó que jamás deje de ver a un paciente porque no tenga dinero. Y las enseñanzas de mi padre son sagradas para mí”. Tanto, cabe añadir, que la Fundación Kovacs (http://www.kovacs.org/), además de una entidad filantrópica privada sin ánimo de lucro, es homenaje permanente del doctor Francisco Kovacs a su padre, naturalmente su gran referencia no solo en la Medicina, sino también en la ética. Con el Rey Juan Carlos como Presidente de Honor y destacados miembros de los diferentes ámbitos sociales en su Patronato, la Fundación se dedica a la investigación médica, a la asistencia sanitaria y a la promoción de la salud pública.

Recibí la llamada de Eduardo nada más salir de la consulta del doctor Kovacs… : “¡Soy otro Eduardo…!”, gritaba más que exclamaba… Estoy nuevo… No siento dolor alguno… ¿Sabe usted lo que es que te vaya tocando en la espalda, en las vértebras, en el cuello, en los hombros y te vaya anticipando lo que vas a sentir en cada momento…? ¿Sabe usted lo que significa que conforme te va recorriendo los distintos puntos que han sido un martirio durante cuatro años, te va desapareciendo el dolor…? Sí, me ha puesto unas grapas y me ha dicho que hablamos dentro de tres meses…, y que vaya dejando la medicación poco a poco… Fíjese que me ha preguntado si alguien me había explicado lo que se aprecia en la resonancia magnética que me hicieron y que yo le he traído… Y le he tenido que decir que no, porque nadie me lo ha explicado… También me ha preguntado si me habían propuesto una intervención quirúrgica y le he dicho que sí, pero que me he negado porque yo quería saber antes lo que me pasaba. Cuando ha terminado de hacer las manipulaciones conmigo tumbado yo en la camilla y de ponerme las grapas, me ha dicho. “Y ahora te digo lo de “levántate, Lázaro, y anda”… Y me he levantado y estoy nuevo como no me sentía desde hace cuatro años… No sé qué hacer con este sabio. Le he dado las gracias, le he besado… Créame que no sé qué hacer con este genio…”

 En la página web de la Fundación Kovacs puede leerse que realiza investigación médica para mejorar los resultados de la asistencia sanitaria y la eficiencia del gasto sanitario, fomentado el uso de los procedimientos eficaces y seguros, y el abandono de los que son inútiles o innecesariamente peligrosos. Nos encontramos, pues, ante una “rara avis” de la Medicina, tan preocupado por la investigación como por la gestión eficaz y eficiente; tan ocupado en aplicar los procedimientos adecuados a cada caso como en combatir el despilfarro que lo contrario significa; tan estudioso de cada pliegue de la espalda y el cuello como de facilitar la formación de profesionales que atienden a pacientes con dolencias de ese tipo.

Andan ya Eduardo y Maricarmen por Cádiz contando el prodigio del que ha sido objeto después de cuatro años de intentar explicarse la tragedia a la que había sido reducido. Yo he buscado referencias de Hipócrates, una de las grandes figuras de la historia de la medicina, que vivió hace 2.500 años, y cuyo juramento es el primer paso para el ejercicio de la Medicina (“en el momento de ser admitido entre los miembros de la profesión médica, me comprometo a consagrar mi vida al servicio de la humanidad”, son las primeras palabras que pronuncia el nuevo profesional de la medicina al hacer el juramento). Pero encontré  otro texto que parece escrito para el caso de Eduardo y que es la mejor prueba de que Hipócrates fue el primer médico que rechazó las creencias y supersticiones que señalaban como causantes de las enfermedades a las fuerzas sobrenaturales o divinas:

"Acerca de la enfermedad que llaman sagrada sucede lo siguiente: En nada me parece que sea algo más divino ni más sagrado que las otras, sino que tiene su naturaleza propia, como las demás enfermedades y de ahí se origina. Pero su fundamento y causa natural lo consideraron los hombres como una cosa divina por su ignorancia y su asombro, ya que en nada se asemeja a las demás. Pero si por su incapacidad de comprenderla la conservan ese carácter divino, por la banalidad del método de curación con el que la tratan vienen a negarlo. Porque la tratan por medio de purificaciones y conjuros".
 Ahora, a la vista del tratamiento del doctor Kovacs y la solución que ha encontrado para el caso de Eduardo, cabe pensar que 2.500 años después aún existe en algunos ámbitos la incapacidad de comprender ciertas enfermedades que, como todas las demás, tiene su naturaleza propia.
Mientras tanto, el genio de la espalda continúa el camino emprendido por su padre, no solo al frente de la Fundación, sino también impulsando la Red Española de Investigadores en Dolencias de la Espalda (REIDE) creada para promover la investigación de calidad sobre los síndromes mecánicos del raquis o, en fin, acumulando experiencia y estudios con las intervenciones neurorreflejoterápicas (NRT) que se ha revelado como uno de los tratamientos con mejores resultados, ya que persigue el bloqueo de los mecanismos implicados en el mantenimiento del dolor, la inflamación y la contractura muscular, y su uso está indicado en los dolores de espalda que duran al menos dos semanas, que no precisan cirugía ni hospitalización y que tienen una intensidad entre moderada e intensa (más de 3 en una escala de 10).






miércoles, 4 de junio de 2014

De dictadura o democracia a monarquía o república

Antes el mantra era lo de que los discrepantes se presenten a las elecciones si quieren intervenir en la vida política. Como si los ciudadanos fuéramos seres sin otro derecho que el de votar cada cuatro años o cuando les pete a los políticos de turno adelantar las elecciones. Y ahora, cuando legítimamente e incluso lógicamente se cuestiona la monarquía, el mantra es lo de “no olvidéis que este régimen es el que os permite expresar vuestra condición republicana e incluso el que os permite demandar un referéndum sobre el modelo de Estado”. ¿Y…?, cabría preguntarse. ¡Hasta ahí podíamos llegar…! Y bien entendido que solo desde la total ignorancia o la mala fe se puede negar que este régimen y la Constitución que lo regula es el que ha permitido el mayor período de libertad que ha vivido España en toda su historia.

Pero también cabría decir que con este régimen y con la Constitución que lo regula hemos asistido al lamentable espectáculo de los bárcenas, los gürtel, las cacerías de elefantes, el derroche, las corinnas, las corrupciones, los institutosnoos, los “casoplones” en Pedralbes y los palacetes en Palma de Mallorca para el presidente balear, las visaoro, las fórmulasuno por las calles valencianas, las reformas de sedes de partidos con dinero negro, los sobres y sus sobrecogedores,  los aeropuertos sin aviones, las televisiones de las manipulaciones, los créditos de imposible devolución de las cajas de ahorro, las puertas giratorias de la sanidad pública, los cállate que ahora nos toca a nosotros, los y tumás, los gabinetes de prensa que avergonzarían a la más dócil prensa del movimiento, la caída en picado de la credibilidad del periodismo, los políticos que cambian directores de medios e imponen tertulianos.

Es verdad que existen notables diferencias entre los apasionantes tiempos de 1975, con la llegada de la Monarquía, y estos de esta España a la que, de pronto, han despertado de su sueño de pleno empleo, del euro, del “give me two” que cuentan en las tiendas de Nueva York que decían los españoles cuando iban a la Gran Manzana de turismo y compraban todo a pares dado el ventajoso cambio con el dólar, del crédito para piso-coche-y-vacaciones… La primera diferencia es que formamos parte de los países libres y democráticos y, por tanto, somos gente en el concierto internacional. Como he escrito recientemente, en aquellos tiempos el locutor de la única televisión de España decía que a la ceremonia de la proclamación de Don Juan Carlos como rey habían venido jefes de Estado, “como Augusto Pinochet, de Chile, y Hussein de Jordania” y a muchos se nos caía la cara de vergüenza. Y hoy los sucesivos jefes de gobierno de España y por supuesto el jefe del Estado reciben a los líderes mundiales y son recibidos por ellos en igualdad de condiciones, es decir, en igualdad de democracia y libertad. Y todo esto ha sido obra del Rey, que tuvo el arrojo y la valentía de asumir la dificilísima tarea de dinamitar una dictadura desde dentro, pero también ha sido obra de todos los españoles que le acompañamos en ello. Obsérvese que he escrito del Rey y no de la monarquía, y permitidme que acuda yo a otro mantra: este país está lleno de juancarlistas, pero los monárquicos no son tantos.


Los menos jóvenes probablemente recuerden aquella manifestación en la Plaza de Oriente, a la que tan aficionados eran los entusiastas de la dictadura. La última fue después de las ejecuciones del 27 de septiembre, con las que el régimen seguía saciando su hambre atrasada (como cantaría luego Luis Eduardo Aute en ese himno que para algunos significa “Al alba”). Con hambre atrasada de sangre, se entiende, y con el deseo de despedirse con más fusilamientos, para que no se olvidara que su legitimidad no procedía de la paz sino de la victoria, como le dice a su hijo el protagonista de Las bicicletas son para el verano, la obra de Fernán-Gómez. Aquella manifestación de apoyo a la dictadura y al dictador y en respuesta a las protestas de las cancillerías de los países libres por las ejecuciones, fue saludada desde el balcón del Palacio Real por un Franco decrépito, cuyo rostro anunciaba la muerte próxima que se produciría tan solo unas semanas después. Y a la izquierda del dictador aparecía un joven Juan Carlos de Borbón, vestido con uniforme militar.

Muerto el dictador, al que, como yo suelo decir, matamos de muerte natural en la cama de un hospital llamado La Paz en conmemoración de los 25 años de la victoria en la guerra civil (fue inaugurado en 1964), no hubo debate de monarquía o república. De sobra sabíamos todos que el atado y bien atado de Franco consistía en que años antes había nombrado sucesor, a título de Rey, a Juan Carlos de Borbón. Pero el debate entonces era dictadura o democracia, como ha recordado recientemente el líder de la UGT, Cándido Méndez. Quiero decir que nos daba igual quién ostentara la jefatura del Estado, que lo que el país quería era un régimen de libertades, en el que no era prioritaria la elección de forma de Estado. La prioridad era la libertad...

Y la libertad llegó. De la mano del Rey Juan Carlos, de la mano de los españoles, de la mano de los partidarios de la reforma política, que ganaron porque se impuso esa opción, y también de los partidarios de la ruptura, que democráticamente perdieron su opción pero que la defendieron hasta el límite. De los del Contubernio de Munich, entre los que había socialistas, comunistas, pero también demócratascristianos y liberales, y de los socialistas del interior (Isidoro dejó de ser un nombre de la clandestinidad y apareció un espléndido Felipe González) y hasta de los llamados azules, políticos procedentes del régimen anterior, que se sumaron a la fiesta de la democracia, y entre ellos, por cierto, estaba el propio Adolfo Suárez. Faltaba la libertad de partidos políticos y llegó Santiago Carrillo con peluca y con la connivencia del gobierno de Suárez que legalizó el Partido Comunista de España aquel Sábado Santo que algunos convirtieron en el metalenguaje al uso en Sábado Rojo. Sin olvidar la mágica operación del referéndum de la reforma política, con Torcuato Fernández Miranda de gran gurú, con la que el último vestigio de las Cortes de Franco se hacía el harakiri y encima se aplaudía a sí mismo. Y se multiplicaban los juancarlistas en España al mismo tiempo que se multiplicaban los demócratas. Hasta Felipe González dimitió de su cargo como secretario general socialista y convocó un congreso extraordinario, en el que el PSOE abandonó el marxismo y con él su reivindicación republicana y la bandera tricolor.

Lo demás está más reciente. Incluso la intentona golpista del 23 de febrero de 1981, cuando el Rey de España prestó a nuestro país el mejor servicio de sus 39 años de reinado, porque fueron sus palabras como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas lo que nos devolvió la libertad amenazada con el secuestro de su principal símbolo, el Congreso de los Diputados en Pleno, por un grupo de guardias civiles al mando de un teniente coronel de opereta al que alguien metió en una aventura que tenía como objeto devolvernos a otro oscuro túnel de una dictadura..

Y ahora empieza una nueva etapa. En medio de una tremenda crisis institucional. Con la credibilidad de la clase política por los suelos, junto con la  de todos los poderes, incluido, el cuarto, que es el nuestro, el de los periodistas y sus medios, el Rey abdica. De acuerdo con la Constitución, su hijo Felipe le sucederá en la Jefatura del Estado. Y de sobra sabe él que 39 años después, este país sigue siendo tan poco monárquico como en 1976 y cada vez menos juancarlista. Así que tendrá que ponerse a la tarea de sumar felipistas a su causa, y me gustaría creer que conoce el camino.

Pero eso no impide que, con mayor o menor fortuna –y no ha sido mucha la que han tenido Cayo Lara, de Izquierda Unida, y Pablo Iglesias, de Podemos, en sus expresiones-, se pida un referéndum sobre si Monarquía o República. Pero la respuesta no es el mantra de “no olvidemos que este régimen…”, etcétera, sino que el mantra está escrito en el Artículo 168 de la Constitución que contempla su propia revisión total o, entre otras, la del Título II (De la Corona), para lo que “se procederá a la aprobación del principio por mayoría de dos tercios de cada Cámara”

Y una simple operación aritmética permite resolver que esa modificación tendría que ser aprobada por 233 diputados y 177 senadores, pero en ningún sitio aparece que no se pueda reclamar esa reforma, que, en efecto, tendría que ser ratificada finalmente en un referéndum.


lunes, 26 de mayo de 2014

Sí, Marhuenda, ¡podemos...!

Le gusta decir a la derecha casposa que tan bien representa Francisco Marhuenda, tertuliano en programas de radio y televisión y portavoz oficioso de Mariano Rajoy, que quienes protestan contra el gobierno y defienden un sistema alejado de la corrupción, del nepotismo y del clientelismo, lo que tienen que hacer es presentarse a las elecciones como si el paso por las urnas fuera una especie de patente de corso que permite, pongamos por caso, convertir un programa electoral –que uno siempre creyó que era una especie de contrato/compromiso con el elector- en simple papel mojado; o peor, como si el ciudadano fuera un sujeto pasivo con el único derecho a votar cada cuatro años o cada cinco, como es el caso de las elecciones europeas. Pero la derecha casposa, que tiene el ADN de jugador de ventaja, dice esto segura de que en el sistema de partidos que tenemos resulta prácticamente imposible que cristalicen formaciones políticas ex novo. La experiencia así lo ha venido demostrando desde aquel Partido Reformista de Roca Junyent (centenares de millones de pesetas de deuda a los bancos y ni un solo escaño, con menos de 200.000 votos) o desde el Centro Democrático y Social de Adolfo Suárez que jamás obtuvo en votos el reconocimiento que su fundador ha tenido a la hora de su muerte, pasando por otras iniciativas cuyo presencia duraba apenas el tiempo que media desde unas semanas antes del inicio de la campaña electoral hasta el escrutinio, en el que el porcentaje de los votos cosechados había que contarlo en centésimas.


Pero las elecciones europeas de este domingo en España han supuesto que, al fin, haya sido posible la irrupción como cuarta fuerza más votada y la tercera en varias regiones una iniciativa que ha venido denunciado el corrupto sistema político actual, que ha puesto negro sobre blanco las contradicciones de un sistema que beneficia a los poderosos y perjudica a los débiles, y que le ha dicho al ciudadano que es posible otra política y otra Europa en un lenguaje llano, tan alejado del Ibex 35 como de la jerga de Bruselas.
Ahí tiene la derecha casposa y su egregio representante Marhuenda la respuesta a sus inquietudes (¿) democráticas. ¿Qué querían…? ¿El paso por las urnas de quienes denuncian los planes de pensiones de los europarlamentarios o sus viajes en bussiness o sus salarios tan alejados de la realidad de la mayoría de los ciudadanos de cuyos impuestos se nutren, de quienes vienen diciendo que hay que desalojar del poder este bipartidismo que permite la alternancia sin solución de continuidad de gentes que tienen la política como medio de vida y no como medio de servicio a la sociedad y mucho menos como su auténtico "leit motiv", el de mejorar esa sociedad? Pues ahí tenéis a Podemos, ahí tienes, Marhuenda, a Pablo Iglesias, que, como en tus peores sueños, a partir de ahora se te aparecerá con 1.245.948 votos en las tertulias en las que te dedicas a descalificarlo con la soberbia de quien se cree superior.
Se empieza a criticar la utilización que Pablo Iglesias ha hecho de su presencia en las tertulias en radios y televisiones. ¿Y qué pensabais: que solo el bipartidismo tiene derecho a ocupar esas tertulias, porque no les basta con la descarada manipulación que hace de los canales de televisión, apropiándose, entre otros, de los autonómicos, entregados sus dirigentes a la permanente alabanza y agasajo del que manda en la región, atentos y fieles cumplidores de sus consignas? Vuestra soberbia os ha llevado al extremo de no considerar a gentes que, como Pablo Iglesias, con solo 35 años, es licenciado en Derecho y Ciencias Políticas, en la que fue premio extraordinario, Máster en Humanidades por la Universidad Carlos III y Master of Arts in Communication por el European Graduate School de Suiza. Y han sido sus conocimientos de la comunicación los que le han permitido enviar un mensaje nítido a la sociedad de que es posible el fin de este insoportable bipartidismo. Y, por cierto, sin pedir un céntimo a los bancos y sin utilizar los sistemas tradicionales y ya obsoletos de comunicación, que requieren tanto gasto como corrupción han traído.
A finales del pasado siglo ya escuchaba yo decir al recientemente desaparecido profesor y ex presidente del Tribunal Constitucional Manuel Jiménez de Parga, que la transformación de las comunicaciones requiere inventar una nueva forma de democracia, una nueva forma de hacer política. Con aquella voz grave pero casi musical siempre con el acento andaluz de su Granada natal, ponía el profesor Jiménez de Parga el ejemplo de los mítines, “a los que van apenas unos miles de convencidos del partido que lo convoca, mientras un debate en televisión es visto por millones de espectadores”. Pablo Iglesias y su Podemos lo han entendido así, y buena prueba de ello son los miles de seguidores que tienen en las redes sociales, en alguna de las cuales ha sido trending topic en determinados momentos de la campaña de unas elecciones en las que han sido los grandes triunfadores.

lunes, 12 de mayo de 2014

Otra Sanidad es posible

Una conversación con el doctor Francisco Kovacs es una especie de lección magistral sobre otra sanidad bien diferente de la que tenemos. No se trata de su privatización, cuyo intento le costó el puesto al Consejero del gobierno regional de Madrid, sino de su transformación, como mejor instrumento para su defensa. Hijo de médico, presidente de la Fundación que lleva su apellido en memoria y homenaje a su padre (también médico y pionero de la auriculomedicina en España), niño, adolescente, joven, estudiante y médico, todo ello con el añadido “prodigio”, porque a los 19 años ya era médico y a los 23 su currículo merecíó una amplia referencia en las columnas del diario El País en una información firmada por Inmaculada de la Fuente, en la que podía leerse que, además de finalizar sus estudios de Medicina a edad tan temprana, Kovacs “había estudiado a la vez piano, órgano y composición, y a los siete años dio su primer recital”. Hoy, 17 años después, acaba de presentar en la sede de la Organización Médica Colegial (OMC) de Madrid, con asistencia, entre otros, del presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España, un estudio científico español refrendado por “Spine Journal”, principal revista científica internacional en el campo de las dolencias de la espalda.


El estudio analiza los resultados de la intervención neurorreflejoterápica (NRT) realizada a los primeros 9.000 pacientes de la sanidad pública en las Comunidades de Madrid, Cataluña, Baleares, Asturias y Murcia. Entre los autores y firmantes del estudio están los responsables del seguimiento de esa tecnología en esos Servicios de Salud públicos, y el equipo de estadísticos independientes del Hospital Ramón y Cajal que han analizado los datos con métodos especialmente sofisticados.

Los resultados del estudio permiten llevar la medicina individualizada al campo de las dolencias de la espalda e identifican los 36 factores que influyen en el pronóstico de cada paciente y la manera y la magnitud en la que lo hacen. Basándose en estos resultados, se ha desarrollado una aplicación informática de uso libre y gratuito, que permite que cualquier paciente o su médico introduzcan los datos concretos del paciente y calcula la probabilidad que tiene, en su caso individual y específico de mejorar sometiéndose a una intervención NRT. Eso facilita que el propio paciente o su médico valoren esas perspectivas de mejoría individualizada a su caso concreto, con los efectos secundarios y costes que conlleva ese tipo de intervención. El pronóstico basándose en ese estudio calcula el programa informático ha demostrado  ser muy preciso y válido.

Y si este estudio demuestra que ha sido posible calcular el pronóstico para este tratamiento concreto (mediante la aplicación de un mecanismo riguroso de seguimiento y captación de los datos), lo mismo podría hacerse para el resto de las tecnologías que se aplican en el Sistema Nacional de Salud, aunque hasta ahora ninguna lo ha hecho.

Kovacs ilustra la conversación con un torrente de datos que va lanzando al ritmo justo que su interlocutor precisa no ya para anotarlos, sino para comprenderlos. Tiene en la cabeza el gasto sanitario público y privado en nuestro país, “un 9,5 % del PIB, y le puedo asegurar que el 30 por 100 de los tratamientos son inútiles o, como poco, no indicados”. Cuantifica lo que la Sanidad se lleva en esos tratamientos inútiles “o en tratamiento eficaces pero no adecuados”. Sostiene el presidente de la Fundación Kovacs que con determinadas correcciones de muchas prácticas, por cada euro se ahorra cuatro. “Por ejemplo, en España se ha demostrado que se dilapida hasta el 30 por 100 de los recursos destinados a pagar resonancias magnéticas por dolor lumbar, y el 60 por 100 de los que cubren los tratamientos rehabilitadores por dolencias de cuello, hombro o lumbares”.

Sin ir más lejos, “el año pasado –me cuenta- hicimos públicos los resultados del primer contrato de riesgo compartido realizado para aplicar una tecnología sanitaria comprobadamente efectiva y eficiente (la “intervención neurorreflejoterápica”). Estuvo pilotado en el Servicio de Salud de Baleares desde el 1 de enero de 2011, y hasta el 31 de diciembre de 2012 generó un ahorro neto de más de 11 millones de euros al erario público. Y eso demuestra que este tipo de contrato es viable en la sanidad pública española, resulta beneficioso para los pacientes y asegura la rentabilidad de los recursos públicos”.

Es inevitable recordar la lucha mantenida en Madrid y el lema de “la Sanidad no se vende, se defiende”, convertido en grito de guerra, en pancarta y hasta en bandera (en muchos balcones de profesionales de la Medicina aparecía el cartel escrito en paños a modo de colgadura) de la protesta contra la privatización. Le digo a Kovacs que, ante el panorama de la Sanidad en España y la presión de los laboratorios, es un tipo sospechoso en cualquier hospital. Pero el doctor no quiere dar cuartel ni siquiera a la ironía… Te explica que el Contrato de Riesgo Compartido consiste conceptualmente en pagar la aplicación de una tecnología sanitaria en la medida en la que los resultados clínicos y económicos que obtiene en la práctica alcanzan los objetivos fijados.  

Y si le pides que lo precise aún más, añade que “en el ámbito sanitario, un contrato de riesgo compartido es aquel en el que la cuantía de los pagos por la aplicación de una tecnología depende de los resultados que obtiene en la práctica; es decir, si estos resultados no alcanzan los objetivos mínimos establecidos, el sistema sanitario deja de pagar parte o todos los costes de aplicación. Cuando, como en el caso de la intervención neurorreflejoterápica que aplicamos en Baleares a 3.802 pacientes, esos objetivos mínimos incluyen aspectos económicos (como reducción del uso de fármacos o cirugía), también sirve para asegurar que los recursos públicos destinados a pagar la aplicación de esa tecnología resultan rentables, pues sólo se abonan si han generado previamente un ahorro mayor que su coste”.

Cuando en su camino uno se encuentra con personalidades como la del doctor Kovacs, que apoya cada una de sus afirmaciones con la contundencia de un dato comprobable; cuando frente a la verborrea al uso exhibe la tozudez de las cifras y frente a la filosofía de “puchero” de tanto politicastro pone sobre la mesa el empirismo de su propia trayectoria jalonada por publicaciones científicas como el “Spine Journal” o por la “BioMedCentral Health Services Research”; o, en fin, cuando ante tanto anuncio de tratamientos milagrosos te encuentras con el proyecto de la “Fundación Kovacs” (http://www.kovacs.org/) cuyo patronato tiene al Rey Juan Carlos como presidente de honor, con una veintena de personalidades de la política, la ciencia, las finanzas o la propia Sanidad  y con personas que pertenecieron a la misma hasta su muerte, como Sabino Fernández Campo o la Condesa de Fenosa, tienes la tentación de imaginarte esa "otra Sanidad" alejada de "visitadores médicos" (¿no se llaman así los agentes de los laboratorios farmacéuticos?), de la obsesión por el ahorro (¿ahorrar para quién?, cabe preguntarse) y de la eficacia a base de recortes que acaban siendo recortes de la salud. Y hasta te permites dar rienda suelta al sueño de que quizás algún día por fin se permitirá a Kovacs, a sus colaboradores y a sus discípulos transformar la sanidad de este país como mejor defensa de la misma.







miércoles, 30 de abril de 2014

Alfredo Menéndez, uno de los nuestros

El pasado verano llamé por telefóno a Alfonso Nasarre cuando, al poco tiempo de tomar posesión de la dirección de Radio Nacional de España, decidió encargarle a Alfredo Menéndez “Las Mañanas de RNE”. Estuvimos largo rato comentando la decisión, que yo me apresuré a calificar de acertada.  “Lo verás desde el primer EGM”, le dije a modo de despedida, aun sabiendo que Alfonso Nasarre, como hombre de radio, es consciente de que las apuestas en este medio necesitan para consolidarse bastante más que un EGM. Pero la apuesta era tan segura que han bastado dos: el último de 2013, que prácticamente no había tenido tiempo para valorar el programa de Alfredo Menéndez, y el de la pasada semana, donde Alfredo se ha situado a 56.000 oyentes del de Saenz de Buruaga, tercero entre los magazines de la mañana, con algunos años más y también más recorrido profesional que el director de Las Mañanas de RNE. Pero solamente eso, porque en este oficio no hay escalafón ni antigüedad, aunque desgraciadamente en ocasiones sí hay inconfesables relaciones, como hay también trepas y los que Pérez Reverte califica de succionaciruelos…
Creo que fue en facebook donde escribí algo así como “yo lo vi primero” en referencia a Alfredo Menéndez, aunque para algunos era sorprendente la decisión de encargarle la dirección y presentación del magazín donde solemos decir los profesionales que se encuentra el solomillo de la radio, que es nada menos que la cuarta parte de su programación, seis horas desde las 06:00 hasta el mediodía. Y es que yo había conocido a Alfredo Menéndez hacia el final de la década de los noventa, cuando él trabajaba en Radio Voz en Galicia y yo dirigía el magazín de la mañana y los Servicios Informativos de la Cadena. Y desde que le oí por primera vez me di cuenta de que era uno de los nuestros. Califico yo así a los que si por edad no pudieron formar parte del salto que dio Antena 3 Radio al pasar de la radio con chaqueta y corbata a la radio en mangas de camisa, sí aprendieron su lenguaje y su estilo inconfundible que el maestro Martín Ferrand resumió tan bien en la frase de “noticias veraces y opiniones independientes”.
 Pero al calificar a Alfredo de uno de los nuestros quiero decir también de todos: de jóvenes y viejos, de hombres y mujeres, de titulados superiores y de quienes tienen un oficio, de desempleados y de gentes con trabajo, de los preocupados por la actualidad y de quienes les importa una higa el índice nikei y probablemente también la que Putin tiene montada en Ucrania. Es decir, de los oyentes, que se identifican inmediatamente con una voz como la suya, que habla como hablan ellos, que traslada las mismas inquietudes que las que les asaltan cada mañana y que, además, no tiene más colores que los de la verdad. Y Alfredo Menéndez es así… Se me dirá que es lo que hay que hacer desde la radio pública, y yo contesto que no siempre ha sido así, pero que Alfredo ejerce lo que decía en una entrevista en “Periodista Digital”: “Uno de mis retos es conseguir que gente que ha dejado de sentir RNE como la suya vuelva a sentirla como tal. Y eso se consigue haciendo la pregunta a un determinado político que no se espera que se haga.”
De momento, ha conseguido que un millón de oyentes sientan como suya Radio Nacional de España. Ese millón, como los miles que llegarán en el próximo EGM y en el siguiente, sienten también a Alfredo Menéndez como uno de ellos, que ni les da gato por liebre ni está esperando el resultado de las próximas elecciones europeas para ver a qué puerta ha de llamar para consolidarse en el programa. Y es que Alfredo Menéndez es de los que, como me pasa a mí, sigue sintiéndose reportero; sigue ejerciendo este bello oficio como si tuviera un micrófono en una unidad móvil desde la que transmite la última “marea blanca” o “marea verde”. Porque el compromiso de Alfredo –y lo conozco hacer casi veinte años- es el que explicó nuestro colega y una de nuestras referencias, “Gabo” García Márquez: “En el oficio de reportero se puede decir lo que se quiera con dos condiciones: que se haga de forma creíble y que el periodista sepa en su conciencia que lo que escribe es verdad. Quien cede a la tentación y miente, aunque sea sobre el color de los ojos, pierde”. Por eso Alfredo Menéndez está ganando.




lunes, 21 de abril de 2014

Las víctimas de Rajoy

Pedro, el peluquero que me corta el pelo desde hace más de veinte años, es un hombre hecho a sí mismo… Hijo de lo que antes se llamaba un “obrero”, un honrado trabajador del Canal de Isabel II, de los del trabajo en la calle lo mismo en invierno que en verano, que a base de horas les dio a sus dos hijos la posibilidad de futuro que eligieran. Pedro escogió dedicarse a la peluquería, mientras su hermana estudiaba Filología alemana. Pero Pedro acabó doctorándose en la universidad más difícil, la de la vida… Su conversación es amena; su educación, exquisita; sus ganas de aprender, insaciables… Hay veces que emprendo cualquier conversación para escuchar sus sentencias, dignas de aquel inolvidable Séneca de la televisión probablemente aún en blanco y negro, que escribió el gaditano José María Pemán y que interpretó el actor andaluz Antonio Martelo.


Pedro aprendió su oficio, pero desde el primer momento tuvo claro que él quería ser eso que hoy se llama emprendedor. Tener su propia peluquería, poner en marcha las ideas que cada mañana iban fluyendo por una imaginación sin descanso. En su camino se encontró con Esperanza, una colega con la que acabó formando pareja, familia, proyecto, anhelos y futuro. Hace algo más de diez años, apenas cumplidos los 30, abrieron “su peluquería”… En un local en propiedad, naturalmente… Aprovechando cada centímetro cuadrado llenos todos ellos de un excelente gusto… Hoy tienen tres hijos, han creado unos cuantos puestos de trabajo, han abierto otra pequeña peluquería “solo para hombres”, han tenido tres hijos, han financiado varias maternidades de sus empleadas (ellos tratan al personal como el mejor activo de la empresa, aunque no lo repitan como un mantra, como hacen las grandes corporaciones a los que luego no les tiembla el pulso para ejecutar salvajes y crueles eres) y han pagado religiosamente sus impuestos.

Esta mañana fui a cortarme el pelo a la “peluquería de abajo”, como él llama a la primera… Vi un Pedro distinto, con una especie de sombra que le cruzaba su rostro rodeado por una cuidada barba y coronado por un cabello en el que el blanco se va abriendo paso. Encontré también distinta a Esperanza, su mujer, que es la actividad deslumbrante, la alegría imbatible, el análisis minucioso, una especie de permanente conciencia del negocio, probablemente también el sabio equilibrio de la pareja…

Tengo la confianza suficiente para preguntarle a Pedro si le pasa algo… Me miró, calló durante unos segundos y se lanzó: “Yo creo que cuando se llega a los sesenta o setenta años –empezó- uno tendrá grabadas tres o cuatro o cinco imágenes de otros tantos acontecimientos de su vida… Pues yo, si llego a esa edad, no se me irá de la cabeza la cara de Montoro, sí, sí, el ministro de Hacienda. 8.500 peluquerías cerradas en España el pasado año… ¿Sabe Montoso que eso significa 20.000 personas a la calle…? ¿Y que la edad media del personal de peluquería no llega a los 35 años…? O sea, que se están cargando las pequeñas empresas y mandando al paro a gente que ha pasado sus años de aprendizaje y son verdaderos artistas o si prefieres, artesanos…. Vengo hoy de pagar el IVA. Sin la subida, este trimestre, que es el primero del año, yo habría pagado 1.500 euros… Pues no, he pagado seis mil euros… ¿Pero cómo se puede subir del 8 al 21 por 100 el IVA? ¿Qué hago yo: subo las tarifas 13 puntos también…? ¿Para que no entre aquí ni el aire, y acabar vendiendo el local para pagar a la gente…? Eso es lo que ha hecho Montoro… Si baja la facturación un 20 por 100 y sube el IVA ocho puntos, que vengan Montoro y Rajoy a explicarme que la economía se está arreglando. ¿Pero saben esos dos y otros muchos cuántos se han quedado en el camino? Se han cargado a los que llaman emprendedores, se han cargado las pequeñas empresas y se han cargado las clases medias, que son mis clientes… ¡Ah! y yo pagaba trescientos o trescientos y pico euros por la luz, y ahora no bajo de quinientos… O sea, que también estoy financiado yo a las eléctricas…”


Pedro siguió cortándome el pelo… Sobre una repisa de cristal tan reluciente como todo el establecimiento, veo un periódico. “Rajoy anuncia el aumento neto de empleo y el crecimiento del PIB por encima de las previsiones”, reza un titular. ¿Y qué hacemos con las víctimas, presidente…? Si quiere, le doy la dirección de Pedro y Esperanza… No para que vaya usted a cortarse el pelo o a arreglarse la barba, o para que acuda Viri, su mujer, a hacerse unas mechas, sino para que, al menos, les pida perdón.

viernes, 4 de abril de 2014

Esperanza Aguirre en estado puro

Lo último de la lideresa es Esperanza en estado puro. Ésa es la verdadera Esperanza Aguirre tal cual es, como algunos la hemos visto siempre, mientras otros prefieren jalearla o temerla, y aquellos a quienes ha conseguido engañar incluso admirarla. Como escribí ayer en facebook, ésa es la Esperanza de “soy liberal… y no sabe usted con quién está hablando”, que anda más cerca del autoritarismo que de los padres de la Constitución de 1812, con las dosis precisas de populismo para componer una imagen que nada tiene que ver con lo que ella es, pero con la que ha hecho una buena fortuna política, sobre todo después de la nunca explicada traición de los socialistas Tamayo y Sáez en la frustrada investidura de Rafael Simancas como presidente de la Comunidad.


Es la Esperanza Aguirre que lo mismo capitaliza salir ilesa de un accidente de helicóptero (y, por cierto, todo hay que decirlo, con más temple que su compañero de vuelo, Mariano Rajoy) que verse en medio de un atentado terrorista en la India de donde volvió para presentarse ante los periodistas con calcetines de vuelo (había pasado la noche en el avión en el que regresó a España), aunque en su despacho de la Puerta del Sol tenía un vestuario completo para toda ocasión que se terciara.
Es la Esperanza Aguirre que se lamenta en su biografía de que con su sueldo no le llega para pagar el recibo de la luz… de la espléndida casa del barrio de Malasaña donde vive.
Es la misma que se apuesta la presidencia de la Comunidad a su compromiso de reducir a 30 días la espera para que un madrileño sea intervenido en los hospitales de Madrid y lo que hace es cambiar los criterios para el cálculo del tiempo, con lo que parece que, en efecto, se han reducido, lo que obliga al ministerio de Sanidad a excluir a Madrid de esa contabilidad.
Pero la Esperanza Aguirre más auténtica, en estado puro, es la de ayer en la Gran Vía con los agentes de movilidad. La que se da a la fuga (que es el no saben ustedes con quien están hablando), la que arrolla la moto de uno de los agentes y ni siquiera frena para ver lo que ha pasado, la que no quiere salir a la puerta de su casa cuando llegan hasta ella los agentes y envía a los guardias civiles que tiene como protección para que propongan un pacto amistoso. Y sobre todo es la de la incontenible verborrea en todos los medios de comunicación explicando el incidente y su mantra de “mentira, prepotencia y machismo” o, peor, argumentando que los agentes de movilidad querían “la foto para que apareciera luego en “Al Jazzera” o el  “New York Times” (sic) con la amenaza (también ahí genio y figura) de que “estudiaré a ver si hubo retención ilegal por parte de los agentes de movilidad”.
Es la Esperanza Aguirre que cesó a Germán Yanke, el conductor de un informativo en Telemadrid (o sea, en Tele-espe), que le hizo una tensa entrevista, porque la lideresa estaba empeñada en que el periodista le preguntara lo que ella quería y Germán le preguntaba lo que él pensaba que debía preguntarle. A los pocos días, el periodista se fue de Telemadrid “por intromisión por motivos políticos en mi trabajo”.
Es la Esperanza Aguirre de la tensa entrevista con Ana Pastor en Los Desayunos de TVE1, cuando la periodista le tuvo que decir a la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid que “aquí las preguntas no las decide usted, sino que las decidimos nosotros”, y ante la queja de que “es que me hace usted unas preguntas, doña Ana…”, la conductora del programa le dijo: ”Ya sé que le gustaría a usted hacer las preguntas y las respuestas, pero la periodista soy yo y usted es la invitada”.
Es la Esperanza Aguirre, a la que Iñaki Gabilondo tuvo que explicarle: “Discúlpeme, Esperanza, este es un género muy viejo, se llama entrevista y consiste en que yo le pregunte sobre lo que se supone que interesa”.
Es, en fin, la Esperanza Aguirre a la que José Antonio Zarzalejos, que fue director de ABC, retrató con las siguientes frases: "Nunca he tenido como director de un periódico presiones tan fuertes como las de Aguirre, una persona que se define como liberal y que siempre tiene la palabra libertad en la boca. No conozco a ningún personaje político, con poder político o económico que tenga un comportamiento más alejado de algunas prácticas democráticas respecto de los medios de comunicación que Esperanza Aguirre. Una persona que, sobre todo, es vanidosa. Después, creo que es bastante ignorante, le faltan unas cuantas lecturas, por no decir muchas. Y finalmente es una persona miserable, con una ambición poco controlada y un entorno de colaboradores que me voy a limitar a calificar como complicado.”
Ésta es la Esperanza Aguirre a la que estamos escuchando hoy explicando el incidente con los agentes de movilidad en plena Gran Vía madrileña, sin dejar hablar al periodista que la entrevista, sobre todo si no es colaboracionista, que de todo hay…
Alguien podrá decir que la alcaldesa Ana Botella, que es, como la lideresa, del Partido Popular, ya ha explicado que la ley es igual para todos y que los agentes de movilidad tienen la presunción de veracidad, que es tanto como decir que Esperanza Aguirre miente. Pero no os fiéis… Las dos están enfrentadas porque las elecciones municipales son el año que viene y está en juego la candidatura a la alcaldía de la capital… pero que Dios nos libre de la una y de la otra al frente de cualquier cosa, aunque sea de una procesión de Semana Santa.